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LAS COSAS Y SUS NOMBRES
SAN
VALENTÍN
Andamos escasos de amor
y necesitamos promocionarlo como sea. No somos los primeros en la
historia. Bien venido sea, pues, san Valentín y todos los santos que se
apunten a tan meritoria causa. ¿Que ahí se han apuntado con gran
fervor los comerciantes? Bien venidos también a la fiesta del amor.
Todos somos pocos para tan noble causa. Las relaciones entre personas no
pasan por su mejor momento: las amistades no son lo que eran; no puede
fiarse uno de los amigos como antes. Ahora son muchísimas más las
personas que ponen otros valores por delante de la amistad y de la
fidelidad.
En tiempos no muy
remotos, la fidelidad a aquellos que tenían puesta su fe en ti, era la
norma; ahora es la excepción. El que estando en juego intereses económicos
se fía de otro, es un pobre ingenuo. Hay que ponerse siempre en lo
peor. Ante los intereses no hay amistades ni principios que valgan. Y
esta situación va a más, porque la infidelidad tiene premios más
elevados que la fidelidad a los amigos; e incluso cuenta con la aprobación,
la admiración y los parabienes de todos.
El argumento es:
"en las mismas circunstancias, tú hubieses hecho lo mismo, así
que no tienes ningún derecho a criticar o condenar esas acciones".
Se lleva aprovecharse del prójimo tanto como se pueda; se estila mucho
el usar y tirar, aunque se trate de personas. Y claro, cuando pasamos de
la amistad al amor, más de lo mismo: la conveniencia, cada vez más a
corto plazo, preside las relaciones amorosas. Aquello de antes, de un
alquiler, un puesto de trabajo y un matrimonio para toda la vida, ha
pasado a la historia. El paquete completo.
Ahora las tres cosas
son precarias: incluso el amor, que depende de nuestra voluntad, lo
preferimos a precario.¿Por qué? Los antiguos contratos indefinidos
requerían per se una actitud positiva, conciliadora, entre el
casero y el inquilino, entre el patrón y el obrero. En cambio ahora, no
sabemos si es antes el huevo o la gallina, o la precariedad ha
endurecido el trato por ambas partes, o el endurecimiento del trato por
ambas partes ha desembocado en la precariedad. El caso es que la
precariedad en el amor de la pareja está acompañada del endurecimiento
del trato, de la desconfianza mutua entre los contratantes, del temor de
que uno de los dos, a poco que se le tuerzan las cosas, echará al otro
a la calle. Seguimos añorando el contrato de alquiler y el contrato de
trabajo indefinido, y en cambio nos sentimos confortables en el amor a
precario.
No es
baladí lo que nos está pasando. Por eso, todo movimiento de
resistencia a este cambio a peor, ha de ser saludado con alegría y
promocionado pese a efectos y defectos secundarios de poca entidad. ¿Que
es una americanada que no nos queda nada bien? ¡Bueno, y qué más da!
Aunque sólo ganemos un palmo de terreno para el amor, habrá valido la
pena. Si conseguimos que hacer el amor no sea cosa de un rato, que eso
es realmente muy poco, poquísimo amor; sino que logramos como tan
guapamente dicen los ingleses vivir en amor, live in love,
instalarnos en el amor, habrá valido mucho, muchísimo la pena. Amor
que se hace en un rato es muy poco amor; igual que los hijos que se
hacen en un rato son muy poco hijos de quien así los hace. Ojalá
podamos agradecerle a san Valentín una mayor duración del amor.
Día de los
Enamorados
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La fiesta
de San Valentín, Día de los Enamorados, es la
cristianización de las fiestas de la fertilidad, tan antiguas
como la humanidad.
El cristianismo tomó el testigo de las Lupercales, celebradas
por los romanos ya en el siglo IV antes de Cristo: el 15 de
febrero, ante la cueva consagrada al dios Luperco, los
sacerdotes inmolaban corderos y perros, los desollaban y
cubiertos con sus pieles, y blandiendo látigos de cuero,
emprendían la persecución de la multitud que había asistido
al sacrificio, azotando a distro y siniestro, en particular a
las mujeres para atraer sobre ellas la fecundidad. |
Estas
fiestas fueron condenadas definitivamente por el papa Gelasio I el 494,
lo que dio lugar a su transformación en fiesta cristiana, desplazada al
14 de febrero, fiesta de San Valentín. Los anglosajones volcaron en
esta fiesta las ancestrales costumbres de los primitivos pobladores de
Inglaterra y de Escocia, que celebraban la fiesta de la fertilidad, como
antesala de la primavera; en ella los jóvenes de cada tribu elegían
pareja por sorteo. Misson, escritor francés del siglo XVII, describe así
la fiesta de San Valentín en Inglaterra: "La vigilia del 14 de
febrero, día de San Valentín, época en que toda la naturaleza
viviente tiende al desarrollo, los jóvenes en Inglaterra y en Escocia,
en virtud de una antiquísima costumbre, celebran una fiesta que tiende
al objeto dicho: muchachos y muchachas escriben cada uno su nombre en
billetes separados, los arrollan y luego los sortean, tomando las
muchachas los billetes de los muchachos y viceversa, de modo que cada
uno de éstos encuentra una joven, a la que llama su Valentina, y cada
moza un muchacho al que llama su Valentín.
De este
modo cada uno tiene un doble Valentín y una doble Valentina. Pero el
Valentín se dedica más intensamente a la Valentina que le ha tocado en
suerte que a la Valentina a la que él ha tocado en suerte. Asociados
los concurrentes en diversas parejas, los Valentinos dan bailes y
presentes, llevan durante algunos días sobre el corazón o en la manga
los billetes de sus Valentinas y a menudo el amor se cuela sin darse
cuenta.
Esta
pintoresca ceremonia se practica diversamente en las varias provincias y
según la mayor o menor formalidad de las Valentinas. También se
acostumbra tomar por Valentín o Valentina al primer mozo o a la primera
moza, respectivamente, que se encuentra en la calle o en otro sitio en
dicho día."
http://www.elalmanaque.com/sanvalentin/
Mariano
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