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LAS
COSAS Y SUS NOMBRES - ORIGEN
DE LA PALABRA
DÍA
Buenos
días nos dé Dios”,
“Dar los días”, “Hoy
es mi día”, “Hoy no tengo
el día”... son decenas las expresiones en torno a la palabra día.
La hemos heredado del latín dies
(las demás formas son: diei,
diem, die, dierum, diebus). Parece que tuvo antes el significado de
“luz del cielo”, que el de duración de esa luz. Su relación con el
sánscrito div induce a creerlo
así; y también da que pensar la proximidad de dius
y divus con el valor de divino.
Cierto
que dius y deus
tienen su origen en el griego dioV
/
díos (genitivo de ZeuV
Tzéus), pero es grande
la proximidad no sólo fonética, sino también semántica, para que no
se contaminen mutuamente, deslizándose el significado de divus
hacia el de luminoso y resplandeciente, como un atributo propio de la divinidad.
No olvidemos que precisamente Zeus es el dios del rayo.
De
todos modos el concepto de día
es tan abstracto, tan poco susceptible de ser palpado, que costó muchísimo
dar con él y asignarle de manera estable un nombre. En efecto, ya en el
Génesis justo en el primer día de la creación, crea Dios la luz
(se supone que yuxtaponiéndola a las tinieblas ya preexistentes). “Y
dividió la luz de las tinieblas; y a
la luz la llamó día, y a las tinieblas, noche”.
No debemos pasar por alto que junto al primer trabajo de creación, va el
primer trabajo de denominación.
Y Dios asigna nombre no sólo a la luz que ha creado, sino también a su
contrario, las tinieblas, porque del mismo modo que separa físicamente
la luz de las tinieblas, lo hace también léxicamente; de lo contrario
quedaría indefinida su creación.
En
hebreo, que es la lengua de la que proceden buena parte de nuestros conceptos
religiosos, el día se llama yom,
y quedamos advertidos de que significa primero “luz del día”, y en
segundo lugar duración del día. Apunto que los griegos llaman al día
hmera (heméra¸
de ahí hemeroteca,
efemérides, efímero), pero no puedo despachar esta palabra con un
par de líneas, así que dejo su desarrollo para otro artículo.
Indico
tan sólo que vuelve a la luz, como el hebreo. Aunque no coinciden en
esto todas las culturas: tal como para nosotros la palabra día es polisémica
y se refiere tanto a la fracción luminosa del día (“de
día” en oposición a “de
noche”) como a la suma del día y de la noche, en otras culturas,
especialmente las que tienen el calendario lunar, la palabra
día también es polisémica; pero refiriéndose tanto a la noche,
como a la suma del día y la noche.
Esto
se explica fácilmente, pues la marcación de los días depende de la
luna, y esto sólo se puede hacer regularmente de noche; de ahí que
finalmente fuese la noche la que se alzase con el nombre de día. Pero
hay quienes lo explican en clave mitológica, pues en no pocas mitologías
la noche es la madre del día, y las tinieblas el origen de la luz (en
la Teogonía de Hesíodo, el Caos es padre del Erebo y de la
Noche).
Por
eso consideran apropiado asignar el nombre de día a la mitad en la que
está su origen, y no únicamente porque inician el cómputo del día
justo a partir de la puesta del sol. En cuanto al concepto de “día
civil”, dies civilis, que
decían los romanos, el de 24 horas, los
primeros en establecer este concepto y en poner día y noche bajo
la denominación única de día,
fueron los astrónomos alejandrinos.
Recordemos
de todos modos que no ha desaparecido de nuestro idioma la expresión “tantos
días y tantas noches”, o “tantos
días con sus noches”, como atavismo de los tiempos en que se
contaban por separado los días y las noches. Y en cuanto a las huellas
léxicas de la usurpación del nombre de día
por la noche, tenemos la palabra inglesa
fortnight , que significa
literalmente “catorce noches”, aunque se refiere a 14 días (o más
exactamente dos semanas, que es la cuenta lunar), y su derivado fortnightly
con el significado de bisemanalmente.
Junto
a ella está la expresión anglosajona nyth
erne, que significa “la última noche”, pero se usa para
referirse al día anterior. Este fenómeno se da también en otras
lenguas, en especial en las procedentes de antiguas culturas arias, que
contaban por lunas y consiguientemente, por noches. En las antiguas
leyes germanas se usa con ese mismo sentido la expresión super
noctes septem, con el evidente significado de “durante siete días
con sus noches”.
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