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LA
VOZ DE LA CALLE
¡BASTA YA! ¡NUNCA MAIS!
Últimamente y ante la proximidad de las elecciones, asistimos a un aumento en contundencia verbal, violencia dialéctica, agresividad emocional, crispación, tensión e irrespetuosidad con pérdida de maneras entre nuestros políticos, algo que lejos de ser una moda, no debería convertirse en crónico pues resultaría nocivo para la convivencia democrática y dañino tanto para los líderes como para el pueblo.
Improperios, insultos, salidas de tono, gritos o enérgicas voces elevadas, descalificaciones, intimidades, ‘trapos sucios’, ira, rencor, odio,
enojo y otras cosas más; es lo que el pueblo viene captando y empapándose por parte o desde los políticos. Ni siquiera el ambiente de las primeras elecciones de la transición –en las que estaban ‘calientes’ los ánimos y muy reciente el viejo régimen- se puede comparar con el actual momento de crispación política.
El ejemplo que nuestros líderes ofrecen a la ciudadanía en sus debates, ruedas de prensa y sesiones plenarias; es de lo más desagradable, lamentable, patético, violento, incivilizado e impropio de unos representantes del pueblo. Un pueblo al que le toca aguantar la desgraciada situación hasta el punto de sentir vergüenza y enfado de sus políticos. Defender cada líder y cada partido sus ideas, planteamientos, propuestas y proyectos, no ha de dar lugar al insulto, a la agresividad y a la irrespetuosidad. Cabe discrepar, debatir y discutir sobre aspectos de los planteamientos. Que cada cual defienda su postura como la mejor o más conveniente para la ciudadanía pero sin llegar a tales extremos.
El cotarro o ruedo político a cualquier nivel –local, autonómico, estatal- no debe producir el ‘destape’ de intimidades y privacidades porque no se trata de asuntos del ‘corazón’, la política tiene que ser algo serio, nada frívolo. La situación se asemeja a un interminable set tenístico en que ambos contrincantes se devuelven los golpes con tales virulencia y mala leche que hasta los espectadores o ciudadanos nos hartamos y cansamos al punto de olvidar y ‘pasar’ de quien empezó primero. Algo que a la mayoría del pueblo nos importa un rábano.
Si los políticos pierden la compostura, la educación y el respeto cayendo tan bajo y son nuestros representantes y fiel reflejo de la sociedad, ¡cómo será el pueblo que los ha votado! No niego que la sociedad actual sea más agresiva –ahí están los altos índices de maltrato, por ejemplo- pero los ciudadanos no tenemos culpa del pésimo comportamiento de los políticos.
Todo ello produce en el pueblo decepción y animadversión generalizadas hacia los líderes y sus partidos, aumentando los escépticos, indecisos, hartos, desilusionados, decepcionados y críticos. Una gran parte de la población está hasta los cojones de que todos los políticos –principalmente los líderes de los dos partidos mayoritarios- se lleven a matar y se comporten tan agresivamente. Tendrían que recibir clases de civismo, educación democrática, mundología y respeto para acabar con esta situación y dar así, ejemplo de corrección, de moderación, talante, buenas maneras, honradez y profesionalidad, que es lo que los ciudadanos desean y esperan de ellos.
¡Basta ya! Pacifiquen y calmen la política.¡Nunca máis a más insultos y violencia verbal! Por el bien de la democracia. Por el bien de todos, de ellos y de nosotros, el pueblo.
Por Josep Esteve Rico Sogorb (Elche)
escritor, blogger, articulista
http://ricosogorb.blogspot.com
LAS COSAS Y SUS NOMBRES
¿AYUNAMOS?
Juan el
Ayunador, patriarca de Constantinopla, además de hacerse conocer
por este noble apelativo, que le confería gran prestigio y ascendencia
entre sus coetáneos, se hacía llamar Obispo Ecuménico (es
decir obispo de toda la tierra habitada, oikoumenikh (oikumeniké))
y con este título firmaba siempre.
Tamaño alarde de
soberbia dio lugar a que su coetáneo el papa Gregorio el Grande
(este apelativo se le confirió al canonizarle) en vez de competir con
el primado de la Iglesia de Oriente adjudicándose un título más
ostentoso aún, optó por la humildad, firmando siempre únicamente como
obispo de Roma, acompañando este humilde título con la más humilde
leyenda "servus servorum Dei" = "siervo de los
siervos de Dios", que desde entonces y hasta el presente vienen
usando los papas.
El de Ayunador
era un título de prestigio, puesto que el ayuno tenía entonces (siglo
VI) en la Iglesia gran predicamento. No sabemos cuál pueda ser la antigüedad
del ayuno como virtud y como práctica religiosa purificadora y
expiatoria. Parece razonable decir que hasta donde alcanza el
conocimiento de las culturas sobre las que se ha edificado la nuestra,
ahí está el ayuno. No sólo en la cultura judía, sino también en la
griega y en la romana.
Cosa totalmente obvia
si tenemos en cuenta que los tres grandes dominios de todo sistema
religioso son la alimentación (sacrificios), el sexo (ordenamiento de
la conducta sexual en orden a la calidad -proscripción del incesto- y
cantidad -restricciones- de la natalidad) y la purificación (tanto
alimentaria como sexual como moral).
El ordenamiento
alimentario, pues, es lógico que abarcase también los necesarios
ayunos rituales: una práctica "sanitaria" y
"purificadora" en la que tomó el relevo la medicina,
especialmente la naturalista y la naturista.
Son muchos los indicios
que señalan las Témporas como fiestas de carácter purificador,
penitencial y expiatorio celebradas por los labradores romanos al
principio de la siega (feriae messis), al principio de la
vendimia (feriae vindemiales) y al principio de la sementera (feriae
sementinae); las tres estaciones que se completaron con la cuarta
(la de primavera, coincidiendo con la cuaresma) al final del siglo V.
Las témporas de
diciembre se dedicaron a la Virgen, por lo que la fiesta de la Anunciación
(señalada el 25 de marzo) se trasladó al 18 de diciembre, con el
nombre de Fiesta de la Expectación (Adviento), que por ser una de las más
antiguas a ella dedicadas se llamó durante siglos Sanctae Vírginis
festum.
El gran ayuno, el de la
cuaresma, parece que se originó en la que los judíos llamaron fiesta
de las expiaciones, instituido por el mismo Moisés (Levítico 23,
27), que se completó con otros ayunos conmemorativos de grandes
episodios nacionales, entre ellos el de Purim.
Ante grandes amenazas
los profetas y los sacerdotes decretaban ayunos generales para ahuyentar
los peligros (el de Nínive predicado por Jonás es uno de los
ejemplos). Eran muchos los judíos que se santificaban mediante el
ayuno: san Juan Bautista fue un prototipo de penitente judío.
También Cristo se
retiró al desierto 40 días para ayunar y ser tentado por el diablo
antes de su pasión y muerte. Es el fundamento religioso de la cuaresma;
a imagen y semejanza de ésta instituyó Mahoma el Ramadán (Sura
II v. 179-183 del Corán. "¡Oh creyentes!, os está prescrito
el ayuno, del mismo modo que fue prescrito a los que os
precedieron"...) La tradición es el argumento. La ocasión, la
revelación del Corán por el Arcángel san Gabriel.
EL ALMANAQUE dedica hoy
sus reflexiones al ayuno.
LA FRASE
No sólo
de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios
Son
palabras puestas por San Mateo (4, 2) en boca de Jesús. Cambiar de vez
en cuando el alimento material por el espiritual, he ahí el fondo del
asunto: aligerando el cuerpo, se aligera también el espíritu.
EL
REFRÁN
POR AYUNAR
NO SE HA MUERTO NADIE; POR DEMASIADO COMER, MUCHOS
Es
posible que esta sentencia popular, antiquísima, entronque con el espíritu
ancestral de los ayunos: la seguridad de que junto al culto del comer
(muy intenso, extenso y rico en todas las culturas) es necesario que
haya también para equilibrar un culto del no comer. (es el momento, no
obstante, en que la gente se muere de anorexia. ¡Somos originales!)
AYUNO
Es ésta una práctica religiosa
presente en muchísimas culturas, que ha perdido valor religioso, pero
que con otros nombres ha ganado prestigio en la política (huelga de
hambre) y en la dietética (dietas, adelgazamiento, mantenimiento de la
línea...), llegando a constituir en ambos casos un riesgo grave para la
salud, pero sin perder por ello el respeto y el prestigio social. Tanto
la palabra ayuno como su práctica tienen en nuestra cultura un
profundo arraigo, viniéndonos no sólo de nuestros antepasados
religiosos, los judíos, sino también de los griegos y de los romanos.
El concepto hebreo de ayuno (que
aparece ya en el Levítico, es decir en uno de los libros fundacionales
del pueblo de Israel) lo traducen los textos griegos con el sustantivo nhsteia
(nestéia).
Con esta palabra se denominaba en muchas
ciudades de Grecia y especialmente en Atenas, no sólo el ayuno en general,
sino también el gran día de ayuno que se celebraba el 10 de noviembre,
2º día de las Tesmoforías, fiestas en honor de Deméter eminentemente
femeninas, en agradecimiento a la diosa por haber instituido y enseñado
al hombre las leyes de la agricultura y haber fundado el matrimonio (qesmoi
/ zesmói son las leyes e instituciones divinas). ¡En plenas fiestas
(el 2º de cinco días), un día de ayuno! Tenía por tanto carta de naturaleza,
también religiosa, en la cultura griega.
El verbo nhsteuw /nestéuo significa
además de ayunar, pasar hambre; y como en latín llaman al intestino yeyuno
h nhstiV /he néstis (el que ayuna). En la cultura romana también
estaba asentado el ayuno como práctica religiosa: Jejunium Cereri instituere
era instutuir el ayuno en honor de Ceres (la Deméter romana).
En la misma línea estaban las expresiones
jejunium (de)ponere = abandonar el ayuno; jejunium sólvere =
quebrantar el ayuno. Además del valor religioso, esta palabra servía para
denominar el hambre y la escasez: jejuna plebécula llama Cicerón
al "populacho hambriento"; sedare jejunia = sedar los ayunos,
matar el hambre; jejunus ager = campo ayuno, es decir árido y estéril;
animus angustus et jejunus = ánimo angosto y ayuno, estrecho y mezquino.
Nuestra palabra ayuno procede evidentemente
del latín, pero el contenido de la misma es de origen hebraico. El largo
período casi teocrático por el que pasó Europa durante la Edad Media,
dio lugar a una tal proliferación de ayunos, que acabaron ahogando la institución:
eran tantos y tan prolongados, que hubieron de relajarse con las colaciones.
Era sustancia del ayuno (igual que el islámico)
comer una sola vez al día. Desde los 21 años la Iglesia prescribía ayunos
a lo largo de toda la cuaresma (exceptuando los domingos); las cuatro témporas
(las cuatro estaciones; celebración de carácter agrícola, de probable
origen romano, con ayunos y todo): era preceptivo el ayuno el miércoles,
viernes y sábado de cada témpora. Se ayunaba además las vigilias de Navidad,
Pascua de Pentecostés, vísperas de san Pedro y san Pablo, de Todos los
Santos, de la Asunción y algunos más.
Las excepciones al ayuno fueron
numerosas: desde la colación (una segunda comida más o menos austera)
y la de los soldados que luchaban en las cruzadas, hasta los que
aportaban dinero para sostenerlos y que por ello obtenían sus mismos
privilegios (las controvertidas bulas).
Mariano
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