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ALMANAQUES
Y CALENDARIOS 2008
ALMANAQUES
Y CALENDARIOS 2008
Los ALMANAQUES,
a lo largo de su historia, han ofrecido
de todo: desde los antiquísimos conocimientos astrológicos y los
consejos médicos a ellos ligados, hasta las doctrinas religiosas,
el teatro, la música, la historia, la política,
la filosofía, las ciencias, la navegación (almanaques astronómicos),
las noticias de sociedad, el comercio, toda actividad humana y
todo conocimiento.
Los
ALMANAQUES han sido siempre calendarios con contenidos
dosificados día a día, constituyendo por ello una apreciadísima
alternativa de los libros y las revistas especializadas.
Fieles
a esta memorable tradición, Los editores de EL ALMANAQUE ofrecemos, además
de la edición diaria completa, los siguientes ALMANAQUES ESPECÍFICOS,
con el objeto de que cada uno pueda elegir el de su preferencia
Más
en http://www.elalmanaque.com/Calendarios/index.htm
12
meses, 12 causas
Para las calendas se hicieron los calendarios. Ayer las calendas fueron
las lecturas e incluso las representaciones religiosas en que se
recordaban la vida y prodigios de los santos que sirvieron de patrones
de conducta a nuestros antepasados.
Hoy, sin rechazar éstas, que son un precioso legado de la tradición,
conviene ofrecer alternativas acordes con las conciencia actual.
En un almanaque moderno debe haber además de las tradicionales, otras
calendas, y han de referirse a tantas causas que tenemos pendientes.
Por eso, igual que la iglesia instituyó el santoral, empezando por
llenar unas pocas casillas de todo el año, y acabando por llenarlas
todas; así también la UNESCO, el organismo de las Naciones Unidas que
ha asumido la responsabilidad de velar por la educación, la ciencia y
la cultura a nivel global, ha creado sus propias calendas, que son los días
dedicados en todo el mundo a una causa determinada.
EL ALMANAQUE quiere contribuir a consolidar esta meritoria línea
cultural, dedicando cada uno de los 12 meses del año a una causa, y
atendiendo a los días mundiales que se van sucediendo a lo largo de
cada mes.
Serán nuestras calendas especiales, expuestas en los respectivos
calendarios que ofrecemos en esta sección. Ofreceremos en cada caso
nuestros materiales, complementados con enlaces a lo mejor que hay en la
red con respecto a cada tema.
Confiamos en que quienes dedican algún tiempo a su propia formación o
a la de otros, encontrarán en esta nueva formulación de EL ALMANAQUE
los materiales que les permitan abordar cada uno de los temas a los que
se dedican meses y días, con amplitud y con profundidad.
VISITA
: DIAS
MUNDIALES - 12 MESES 12 CAUSAS
Educad a
los niños, y no será necesario castigar a los hombres. Pitágoras
LAS
COSAS Y SUS NOMBRES - ORIGEN
DE LA PALABRA
CALENDARIO
JULIANO
Se llama así al
creado por Julio César el año 47 antes de Jesucristo (antes de
la era cristiana). Si el calendario juliano es el punto de
referencia del calendario romano, esto es debido a que la reforma
que decretó Julio César puso fin a una situación en algunos momentos
caótica.
Entre los primitivos
romanos, los habitantes de Alba Longa tenían un calendario de 10 meses,
cuya duración oscilaba entre los 18 y los 36 días; los de Labinia tenían
un año de 374 días distribuido en 13 meses; los etruscos sólo tenían
meses lunares. Finalmente se llegó a un calendario de 304 días
agrupados en 10 meses: 6 de 30 días, y 4 de 31. Con estas oscilaciones
está claro que todos los años había que estar haciendo reajustes. Por
empezar, febrero era el último mes del año y en él se hacían los
ajustes. En la época de Numa Pompilio cada dos años se intercalaba
entre el 23 (el sexto calendas) y el 24 de febrero un mes de 22 o
23 días llamado mercedinus (de mercedem, que entre otras
cosas significa "paga"), porque ese era el mes en que se
pagaba a la servidumbre. Ese sistema daba unos desajustes que debían
regular los pontífices; y lo hacían no con criterios astronómicos,
sino políticos; con lo que el invierno "civil" acabó cayendo
en el otoño astronómico.
Fue Julio César,
en el año 47 a. de J.C. (707 de la fundación de Roma) quien puso orden
en este caos. Por empezar, para que volviese a caer cada estación, con
las fiestas y celebraciones correspondientes, en el tiempo astronómico
que le correspondía, se vio obligado a hacer el primer año de 445 días.
Fe conocido con el nombre de año de la confusión. A partir de
ahí ya todos los años eran de 365 días, menos los bisiestos, que eran
de 366. Año bi-siesto era aquel en que se repetía (bis)
el sexto calendas martii, es decir el 23 de febrero, y se le
llamaba bissextocalendas. Con esto se corrigió de forma
importante, pero no del todo, la diferencia que iban acumulando el
exceso de poco más de un cuarto de día que le sobraba a cada año. No
del todo, porque cada 128 años los minutos sobrantes sumaban un día más.
El año juliano
quedó pues con los 12 meses que hoy conocemos, pero con una pequeña
variación: enero, marzo, mayo, julio, septiembre y noviembre (los meses
impares) tenían 31 días, y los demás (los pares) 30, ¡incluido
febrero en los años bisiestos! Pero, lo que hace la vanidad, Augusto no
podía consentir que el mes de julio(en honor de Julio César) tuviese
31 días, y el mes instituido en su honor, agosto, tuviese sólo 30. Así
que deshizo el orden de meses alternos, y le puso también 31 días al
mes que llevaba su nombre. Se lo tuvo que quitar a febrero, al que dejó
con 28 los años no bisiestos, y 29 los bisiestos.
Pero tampoco es este el
único desajuste del calendario juliano, que al fin y al cabo no
es importante para que salgan las cuentas. Es que en los nombres de los
meses vuelve a pecar de inconsecuente: los antiguos meses de los
romanos, eran: 1º, Martius, de 31 días; 2º, Aprilis, de
30; 3º, Maius, de 31; 4º Junius, de 30; 5º, Quintilis,
de 31 (obsérvese que desde este mes hasta el décimo, el nombre es
simplemente el del número de orden que ocupan en el calendario); el 6º,
Sextilis, de 30 días; el 7º, September, de
30 días; el 8º, October, de 31 días; el 9º, November,
de 30 días, y el 10º, el december, de 30 días. Más
adelante se añadió un undécimo mes, el Februarius, al final
del año; y finalmente el duodécimo, el Januarius, que se colocó
al principio del año.
Al poner orden Julio César
en el calendario, asesorado por el astrónomo alejandrino Sosígenes, no
se preocupó de recuperar la coherencia léxica para los meses de september,
october, november y december, que
dejaron de ser los meses séptimo, octavo, noveno y décimo, para
convertirse en noveno, décimo, undécimo y duodécimo respectivamente.
Conservaron el nombre ordinal, pero bien desordenado.
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