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ALMANAQUES
Y CALENDARIOS 2008
ALMANAQUES
Y CALENDARIOS 2008
Los ALMANAQUES,
a lo largo de su historia, han ofrecido
de todo: desde los antiquísimos conocimientos astrológicos y los
consejos médicos a ellos ligados, hasta las doctrinas religiosas,
el teatro, la música, la historia, la política,
la filosofía, las ciencias, la navegación (almanaques astronómicos),
las noticias de sociedad, el comercio, toda actividad humana y
todo conocimiento.
Los
ALMANAQUES han sido siempre calendarios con contenidos
dosificados día a día, constituyendo por ello una apreciadísima
alternativa de los libros y las revistas especializadas.
Fieles
a esta memorable tradición, Los editores de EL ALMANAQUE ofrecemos, además
de la edición diaria completa, los siguientes ALMANAQUES ESPECÍFICOS,
con el objeto de que cada uno pueda elegir el de su preferencia
Más
en http://www.elalmanaque.com/Calendarios/index.htm
LAS
COSAS Y SUS NOMBRES - ORIGEN
DE LA PALABRA
CALENDARIO
GREGORIANO
Con todo el jolgorio que
armamos en las celebraciones del Año Nuevo, perdemos de vista lo que celebramos.
Más o menos como quien va a una boda, un bautizo o un cumpleaños, y ni
siquiera sabe de qué va la fiesta, ni en honor de quién se celebra.
El caso es que toda cuenta
de los años constituye por sí misma la proclamación más solemne y fehaciente
de que en el año cero de esa cuenta se inicia una era, que es tanto como
decir una forma singular de entender la vida, de entender la humanidad.
En nuestra civilización
occidental hemos conocido sólo dos eras auténticas: la era "ab
urbe cóndita" (la que se inicia con la fundación de Roma), y
la era "ab incarnatione Dómini" (desde la Encarnación
del Señor), que propuso en el año 527 el monje Dionisio el Exiguo, y que
el año 607 asumió como propia el papa Bonifacio IV. Esta fecha se fijó
en el 25 de marzo (fiesta de la Anunciación y por tanto de la Encarnación)
del año 753 ab urbe cóndita; luego se desplazó hacia el 25 de
diciembre y el 1 de enero, en que se conmemora el nacimiento de Cristo (está
clara la incongruencia de celebrar en días distintos el nacimiento de Cristo
y el principio del año, cuando se pretende que la cuenta de los años empieza
en este acontecimiento).
Para hacernos una idea
de lo costoso que fue llegar al calendario único para toda la
cristiandad, no hay más que anotar que en Portugal no se adoptó la era
cristiana hasta casi las vísperas del descubrimiento de América. Otras
"eras" de menor entidad, de corta duración por tanto, son las
que impusieron los romanos a los pueblos conquistados: la era de Augusto
en Egipto, la Antíoco-Cesárea en Asia Menor, la era de España, la era
de los Anni Augustorum, la de Diocleciano. Y ya en el
cristianismo, en la zona de Oriente, la era bizantina, que empezaba el
5509 a. de J.C. (por la cuenta bíblica del principio del mundo).
Está claro que mientras
se le daba vueltas al tema de la era (del principio de la cuenta de los
años), que al fin y al cabo era un tema menor, se iba tirando de Calendario
Juliano, el instituido por Julio César en el año 47 a. de J.C. (707 de
la era romana, es decir de la fundación de Roma), a la sazón dictador
y gran pontífice.
En 1582 el papa Gregorio
XIII promulgó el nuevo calendario, llamado Gregoriano por ser él su promotor.
Habían pasado más de 1.600 años de vigencia del calendario Juliano y
los pequeños desajustes se habían hecho muy ostensibles al cabo de tanto
tiempo. El calendario civil se había retrasado 10 días respecto al calendario
astronómico; por lo que Gregorio XIII tuvo que decretar en 1583 el salto
del día 10 al 20 de diciembre. Ese año, diciembre tuvo sólo 21 días.
En esencia, la principal
aportación de la reforma gregoriana consiste en que la cuenta de los años
bisiestos no es rígida como en el juliano; así pues, de la regla general
del bisiesto cada cuatro años, se exceptuaban los años múltiplos de 100,
excepción que a su vez tenía otra excepción, la de los años múltiplos
de 400, que sí eran bisiestos. La nueva norma de los años bisiestos se
formuló del siguiente modo: La duración básica del año es de 365
días; pero serán bisiestos (es decir tendrán 366 días) aquellos años
cuyas dos últimas cifras son divisibles por 4, exceptuando los años que
expresan el número exacto del siglo (100, 200..., 800..., 1800, 1900, 2000...),
de los que se exceptúan a su vez aquellos cuyo número de siglo sea divisible
por 4. Asimismo se corrigió en el calendario gregoriano la duración
de los meses, ya fijada básicamente en el calendario juliano.
El año bisiesto
fue ya instituido por el calendario juliano, que añadía un día cada
cuatro años en el mes de febrero, intercalándolo entre los días 23 y
24. Los romanos llamaban al 23 de febrero, "sexto calendas
Martii" (el sexto día antes de las calendas de marzo). Al no
permitir la peculiar cuenta y denominación de los días por los romanos
"alargar" el mes, sólo les quedaba la opción de
"repetir" un día. El día elegido para ser repetido fue el 23
de febrero, el sexto calendas, por lo que a los años en que se
repetía (bis) ese día se les llamó bis-sextilis, que
nos dio finalmente el nombre de bisiesto. "23-F bis" es
un buen recurso mnemotécnico para recordar el origen de la palabra
"bisiesto".
El Papa Gregorio XIII reunió
un grupo de expertos que, después de cinco años de estudios, implantó
el calendario que actualmente tenemos en vigor en la sociedad occidental,
realizando las siguientes reformas al calendario juliano.
- Se excluyeron diez días,
disponiéndose que el 5 de octubre se contase como 15 de octubre.
- Se corrigió la duración
del año solar, estableciéndose en 365 días, 5 horas, 49 minutos y
12 segundos.
- Se hizo empezar el año
el 1 de enero.
- Los años seculares
se convirtieron en bisiestos sólo si resultaban divisibles por 400,
de este modo se ganaba la fracción de un día cada cien años, que
en 15 siglos había ascendido a 10 días.
El nuevo calendario
fue inmediatamente adoptado en todos los países católicos, pero el resto
del mundo tardó en aceptarlo, siendo Rusia el último
país que lo adoptó en 1918.
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