THESAURI LINGUAE HISPANAE
LÉXICO DE ENSEÑANZA
MÁS ACÁ DE LA PALABRA
No sabemos qué puede haber más allá de la palabra, ni es lo más urgente de averiguar, cuando apenas hemos empezado a explorar lo que hay más acá, que es muchísimo. Por empezar, gramaticalmente tenemos más acá de la palabra los determinantes, es decir los señaladores de las cosas a las que quieren referirse las palabras; señaladores que nos ponen sobre la pista de todos los señaladores de cosas que en el mundo son y han sido, usados especialmente por los que no están seguros del valor del nombre y por los que no lo usan en absoluto. Recordemos a este propósito que en las lenguas románicas el artículo es hijo del adjetivo demostrativo auxiliado por el dedo índice, con el que aquellos que corrompían constantemente el latín por no ser su lengua materna, tenían que acabar de completar el valor de sus bárbaras latinaciones.
Más acá de la palabra está la exclamación, registrada también en la gramática; en ella viaja el alma con toda libertad, prescindiendo del valor de las palabras: no hay mensaje, sino tan sólo expresión, salida del alma al exterior. Y está la calificación, tanto de las cosas (adjetivos) como de los actos (adverbios); pero es que en esas formas gramaticales la calificación ha quedado ya fosilizada: donde realmente se da en toda su viveza y naturalidad la calificación de cosas y de acciones, es en la entonación y en la gesticulación mucho más que en los adjetivos y en los adverbios. Es alucinante observar los gestos y los tonos «calificativos» que emplea el niño que apenas empieza a hablar. Las pocas palabras con que cuenta le dan para todo: carga en ellas su alma en toda la variedad de estados anímicos. Es que realmente es ahí, en la subjetividad que les añadimos a las cosas que decimos, donde está la verdadera sustancia de la comunicación, porque ahí es donde estamos nosotros.
Y mucho más acá de la palabra está la variada gama de sonidos que salen de nuestra garganta, don directo con que la naturaleza nos dotó como a los demás animales: el chillido en una notable variación según los estados anímicos que lo producen; el llanto y el gemido, también con sus variantes; los distintos gritos de alegría, de euforia, de ánimo… las múltiples formas de parloteo, canturreo y ronroneo… de donde proceden tantos hablares en los que la secuencia de palabras no es más que el vehículo de la voz en que se modulan nuestras emociones.
Más acá de la palabra estamos nosotros mismos, con nuestro ser y nuestro sentir, que no caben en palabras; por eso los mejores niveles de comunicación humana circulan al margen de la palabra. Por eso calificamos de inefables e indecibles nuestros sentimientos tan pronto como toman alguna altura, porque las palabras no alcanzan a expresarlos. Ahí está lo mejor de lo mejor de nuestro mundo. Las palabras sólo sirven para las cosas, pero además señalándolas, por si acaso.
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