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Francia
(Turismo temático) El tren de la vendimia de Rivesaltes
El Rossillon francés celebra un encuentro vinatero literario
Cuando los colores tostados del otoño comenzaban aparecer en los fértiles campos de viñas del Rossillon francés, la sabia circulaba por las venas de los organizadores del encuentro de viticultores y escritores. Era el primer de estos encuentros y la cuarta edición de las vendimias literarias. El protagonista era el vino del Rossillon, con sus agricultores, elaboradores, comerciantes, técnicos y bodegeros, que se unían a través de un amplio programa de fin de semana del mes de octubre con los literatos, escritores y editores del vecino país de Francia. Un encuentro que sirvió para poner sobre la mesa de que el arte enológico y el literiario siguen caminos, muchas veces, paralelo.
Los invitados, venidos de diferentes lugares de Francia y también de España, se encontraron a su llegada a la zona con la agradable sorpresa de una comida campestre en medio de las viñas de la Denominación de Origen Maury, en una finca angosta de la villa de Lesquerda, degustando, como símbol de bienvenida, un menú a base de caracoles a la brasa (muy típico de las tierras del llano de Lleida, España); y unas deliciosas carnes preparadas al fuego de leña. Todo regado con vinos jovenes de Muscat de la zona de Rivesaltes Aubre Tubé, de las cooperativas de Ghislaine Bascou, en blancos, rosados y tintos, y elaborados con las variedades de uva Garnacha blanca; Garnacha tinta; Macabeo; Sirah; y Cariñena.
Conferencias, presentaciones y actos diversos configuraron el programa cultural organizado por la Cámara de Agricultura de Perpignan. Uno de los temas que más vistosidad tuvo fue el tren de la vendimia. Este tren, que durante el verano realiza la función turística por la zona, desde mayo y hasta octubre, se vistió de gala para esta ocasión, y el objetivo era el realizar un recorrido desde Maury y hasta Rivesaltes, con parada en cada una de las pequeñas y pintorescas estaciones que iba encontrando en su camino, para recoger cestos de uva, que finalmente, con la comparsa y acompañamiento de las diversas cofradias vinateras del lugar, llegar a Ribesaltes, después de las paradas en Maury, Estagel y Las Casas de Pena.
Una vez arribado el tren en Rivesaltes, todos los cestos fueron trasladados en comitiva solemne hasta la plaza mayor de la villa, y acto seguido se procedió al prensado de la uva y a la posterior degustación de este mosto, por parte de las autoridades locales, regionales y asistentes al encuentro. Todo ello seguido de parlamentos y entronizaciones de nuevos miembros de la Cofradia Vinatera de la zona.
El programa, también contempló visitas a bodegas, degustaciones de vino, cenas preparadas por chefs de prestigio del Rossillon, un mercado de productos alimenticos donde no faltaron los singulares vinos de las denominaciones de origen de la zona, en su presentaciones de blancos secos, blancos dulces, tintos y rosados.
Los vinos del Rossillon
La proximidad de la zona, pegada junto al mar Mediterráneo, unido al terreno existente en el Rossillon, la publiometría, los climas y microclimas benignos para el cultivo de la uva, y el frescor que aportan las brisas del mar, conjuntamente con las variedades de vinifera que están plantadas en su terruño, diseñan un perfíl organoléptico de singular personalidad. Los vinos que llevan en su etiqueta el sello de las D.O. Rossillon en sus appelations son frescos, afrutados y delicados, para consumirlos jovenes y para acompañar platos selectos de pescado y marisco, al margen de unos deliciosos suquets, unas cremas marineras, y también de dulces, inclusive un foie gras y unos quesos de leche de vaca.
Los tintos, recomiendan los expertos, que deben ser degustados jovenes. Su fragancia, su frutosidad y frescor, los hacen indicados incluírlos en el consumo del año, a más tardar uno o dos años despues de la cosecha.
Hay alguno de ellos, que pueden guardarse un cierto tiempo, aunque, la recomendación pasa por no dilatar su permanencia en la bodega. Los blancos dulces son exquisitos, y alguno de éstos nada tienen que envidiar a un Banyuls.
Enric Ribera Gabandé
Fotos: Pilar Rius


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