Existen versiones y
documentos sobre mascaradas y convites que se iniciaron con la
instalación de los primeros pobladores en el primer tercio del siglo
XIX.
Algunos cronistas locales
insinúan que esos mitotes, originalmente de extracción indígena con
influencia española, tuvieron lugar con motivo del alije del primer
buque que llegó a Mazatlán -en el año de 1823- después de que las
Cortes de Cádiz autorizaron su apertura al comercio internacional...
Desde entonces, cada año
suena el himno carnavalero conocido como los Papaquis (algunos
investigadores lo adjudican al apócope de los aztequismos Papaqui:
alegrarse del mal ajeno y Papaquiliztli: júbilo o alegría debida al
mal ajeno).
ORIGENES
Con algunos difusos y
escasos antecedentes de su origen prehispánico, fue hasta el siglo XIX
cuando se tuvieron informes sobre el carnaval mazatleco. Un testimonio
invaluable es el periódico mazatleco La Lechuza, el primer informativo
carnavalero del puerto del que desafortunadamente no existen ejemplares.
En la víspera de la
invasión francesa en 1864, Ignacio Ramírez, el nigromante, hizo
referencia del carnaval en una carta que le escribió a Guillermo
Prieto: "…Y de fama el lujo con que se celebran las fiestas del
carnaval, las cuales no ceden en brillo más que a las de Mérida, y con
las que solo Guaymas suelen competir en ocasiones…"
En las últimas décadas
del siglo XIX, el Carnaval era una fiesta en la que predominaba lo
grotesco sobre lo gracioso; para ellas, harina perfumada y cascarones
llenos de oropel; para ellos, harina, negrumos y anilinas. Paralelamente
se desarrollaban severas batallas campales a pedradas entre los barrios
del abasto y del muey (muelle).
Todavía en la última
década de ese siglo, el festejo por excelencia de los mazatlecos eran
las Fiestas de Mayo, organizadas por la tropa para celebrar el triunfo
del general Ignacio Zaragoza sobre los franceses en Puebla. Aquella
celebración era un verdadero carnaval que había nacido como la
expresión de júbilo por el triunfo del ejército nacional.
Pero fue hasta 1898 cuando
una junta patriótica de notables, encabezada por el doctor Martiniano
Carvajal, organizó una procesión de carruajes y bicicletas "para
erradicar la inmoral harina e imponer el casto y recatado confeti".
Legitimado e
institucionalizado por las fuerzas vivas del puerto, el carnaval entró
así a la modernidad y a la decencia. El pueblo aceptó cambiar la
harina por el confeti y le entró con ganas al desorden carnavalero
oficial.
Es curioso, pero no
extraño por la condición multirracial de la sociedad mazatleca de
entonces, que en los primeros comités ciudadanos que lo organizaron
figurasen junto con los carnavaleros mexicanos un irlandés, un alemán,
un español y un italiano.
Y a ese conjuro los
carnavales se sucedieron al paso de modas y canciones; la plazuela
Machado fue su corazón palpitante; y desde entonces, el pulso de los
mazatlecos se toma con el baumanómetro de los carnavales.
LOS PRIMEROS CARNAVALES
Don Miguel Valadéz
Lejarza, decano de los cronistas de la ciudad, los describió: al
principio, imperaba el uso del disfraz, principalmente del dominó. Los
tropeles de mascaritas con sus falsetes, sus bromas y su euforia
formaban un mundo que por unos días servía de gozosa terapia y
alentadora vía de escape de la realidad. Gente de la región y del
extranjero concurrían al puerto en diligencias, barcos, bestias, en
busca de ese mundo fugaz, pero intensísimo.
En 1898 y 1899 hubo Reyes
Feos o Bufos del carnaval. En 1900, una bella norteamericana, Wilfrida
Farmer, sustituyó a los feos y se erigió en la primera Reina del
Carnaval de Mazatlán. Winnie, como se le conocía cariñosamente, hizo
una entrada triunfal a la ciudad en un tranvía jalado por mulas,
acompañada por Teodoro Maldonado, sus chambelanes, ministros de la
alegría y todo un cuerpo diplomático de opereta. El martes de carnaval
(Mardi Gras) la reina desfiló montando un bello corcel negro, pues era
una magnifica amazona.
Ese año se celebró el
primer gran baile de disfraces en el Círculo Benito Juárez, cuya
crónica corrió a cargo del poeta y entonces director del periódico El
Correo de la Tarde, don Esteban Flores.
CERVEZA E
INTERRUPCIONES
Además de las armas
autorizadas para el combate carnavalero (confetis, serpentinas,
cascarones, etc.), los mazatlecos descubrieron las virtudes de un
líquido ambarino que inspiraba y sacaba penas del alma: la cerveza.
El 14 de marzo de 1900 los
socios Melchers & Sucesores, Emilio Philippi, Jorge Claussen, Jacobo
Shulhe, German Evers, Alejandro Loubet, Federico Marbug y Carlos Bolken
constituyeron la sociedad para instalar una moderna planta de cerveza.
El Correo de la Tarde
publicó los pormenores del acto inaugural: "diligentes sirvientes
corrían de un lado a otro, llevando vasos de cristal, helada,
transparente, la sabrosa bebida que sería la favorita de Mazatlán y de
todas las poblaciones de la costa.
Mientras, la banda del
17av. Batallón tocaba alegres piezas y contribuía a aumentar el ya
excitado buen humor de los presentes. La cerveza Pacífico y los
carnavales caminarían de la mano desde entonces.
La institución del
carnaval sufrió su primera interrupción en 1903 cuando la peste
bubónica se asentó en el puerto, causando serios estragos en la
población.
Esta, la década mundial
de la Bell Epoque, del Art nouveau y de la revolución, fue muy
accidentada para los carnavales en 1906 y 1907 la fiesta también se
suspendió por falta de fondos.
En 1912 una epidemia de
viruela afectó al puerto de Mazatlán y más tarde, en 1915 y 1916, la
inestabilidad del papel moneda obligó a posponer la gran fiesta.
Tal era el espíritu
festivo de los mazatlecos y de los invitados que la revolución y sus
secuelas fueron episodios que los carnavaleros vieron pasar sin pena ni
gloria, pues ni el sitio de 1914, tras el asesinato de Madero y Pino
Suárez, el bombardeo a la ciudad, las extremas exigencias fiscales de
los constitucionalistas o las disputa agrícolas en el Sur del Estado,
fueron suficientes para suspender la gran fiesta.
En 1944 el carnaval se
suspendió a la mitad -en la madrugada del domingo- por el asesinato del
coronel Rodolfo Tostado Loaiza, gobernador del estado, quién cayó bajo
el fuego cruzado de militares que disputaban el poder político en
Sinaloa.
LA PESTE TEMPRANA
Los carnavales estaban
tomando vuelo al comienzo del siglo XX, cuando la peste bubónica
arrasó con buena parte de la población sinaloense. Diezmados y
ocupados en ayudar al prójimo, los carnavaleros no tuvieron más
remedio que dejar la fiesta para una mejor ocasión.
En 1903, la insalubridad
era el mejor caldo de cultivo para que prosperará cualquier tipo de
epidemia, pues como lo apuntó el doctor Martiniano Carvajal en su
informe: "año con año las autoridades discutían diferentes
proyectos para sanear la ciudad, pero la solución nunca llegó y cada
vez que una circunstancia especial se presentaba nos recordaba que
vivíamos en el lodo, en un mar de inmundicia y que no teníamos
siquiera donde arrojar los millones de litros de agua sucia que día a
día inficionaba más nuestro aire y nuestro suelo".
Sin que se haya comprobado
como fuente del contagio, la peste coincidió con el arribo del barco
Curacao que venía de San Francisco, donde ya se había presentado la
epidemia.
La peste bubónica,
conocida popularmente como "fiebre con bolas", obligó a las
autoridades de la época a buscar soluciones definitivas para sanear la
ciudad, mejorando el servicio de agua potable que en 1886 se había
concesionado a la empresa privada "Compañía Abastecedora de Agua
y Luz".
Entre 1887 y 1889 se
realizaron las obras para dotar de agua suficiente a la población. En
1890, el término de las obras fue informado a don Porfirio y festejado
a tambor batiente en las Zaragozanas de mayo, antecedente del carnaval.
EL PROGRESO
Carnaval y progreso
también han ido de la mano. Desde 1864, Ignacio Ramírez, el
Nigromante, auguraba: "Mazatlán será magnifico cuando se surta de
agua potable; cuando se construyan algunas obras que se opongan a las
travesuras de las corrientes atmosféricas y marinas; y cuando se
concluyan diques y puentes; cuando los arsenales y otras obras militares
salgan de proyectos; cuando se funde en una las cinco o seis colonias
que dividen a la ciudad… cuando en lugar de contrabando haya
comercio…"
En efecto, a finales del
siglo XIX Mazatlán era ya una ciudad con todas las de la ley y para
entonces, el puerto - a diferencias de muchas otras ciudades del país -
tenía energía eléctrica, agua entubada, y servicio de transporte
urbano. Unos años más tarde, en 1908, se tendieron las vías del
ferrocarril Sudpacific.
De todo un poco ha habido
en los 104 años del carnaval. Lo mismo hubo romanos que turcos,
vampiresas del cine italiano mudo y alegres mariposillas.
En el carnaval de 1922,
por ejemplo, Adelaida I fue el vivo retrato de la diva del cine europeo
Pina Menichelli y la verdad es que nuestras reinas no le iban a la zaga
a las beldades de aquellas épocas, como Carmen Gisbone, Francesca
Bertini, Mary Pickford o Mary Miles Mister.
No es desconocido para
nadie la extraordinaria belleza de la mujer mazatleca, adorno
imprescindible de nuestra fiesta.
La de 1913, en medio de la
revolución, fue una destacada pareja real la que encabezó el carnaval:
Elena Coppel y Tomás de Rueda, quienes fueron la base de una gran
dinastía a la que pertenecen varias reinas de primera, segunda y
tercera generación.
La edición del año 2003
-que se realizará del 27 de febrero al 4 de marzo- será tan
espectacular como la historia misma del Carnaval Internacional de
Mazatlán, conservando por supuesto el sello que nuestros antecesores le
impusieron a la mejor fiesta de la república mexicana: alegría y
belleza..
¡Bienvenidos!
Promoción y Desarrollo
Turístico de Mazatlán
www.carnavalmazatlan.com.mx/