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Omnia parata sunt: La Pasión está en la calle

Omnia parata sunt: La Pasión está en la calle

Por José María Turmo Molinos

“Omnia parata sunt”. Todo está preparado. Atrás quedó el invierno y la espera, el miedo al cierzo que desluce y afea y, sobre todo, al agua, que tiene trescientos sesenta y cuatro días para bendecir y uno sólo –esa intocable madrugada del Jueves Santo-  para malograr un conjuro que se viene respetando a lo largo de ocho largas décadas y que estamos convencidos de sortear siempre con la complicidad de la Virgen.

A partir de hoy, con el Folleto ya en la calle, podemos decir que todo vendrá a ser distinto para que todo sea igual al sueño que hemos venido acariciando. A partir de hoy, podrás buscarte en esas calles y en esas filas que son tuyas desde antes de nacer porque tu madre las recorrió muchas veces para que quedaran grabadas en tu memoria. A partir de hoy, te encontrarás en esa plaza donde habita la luz que te despertó de la tristeza. A partir de hoy, volverás a tomar la mano de tu padre para conducirte por los recorridos de tu infancia hasta las mejores esquinas, esos ángulos donde se obtiene la mejor foto, donde se asoma la misma luna o donde suena la marcha que tanto emociona. A partir de hoy, cuando vuelvan a sonar los timbales, tomarás la cintura a tu novia de siempre con la lagrima oculta, como si estrenaras amores y volverás a enfrentarte a la vida como si no hubieran existido desengaños y errores.

La Semana Santa tiene éstas y tantas otras cualidades. Sabe detener el tiempo, congelarlo, para que nos seduzca con su espejo más favorable. Nos permite viajar por la adolescencia, incluso por la niñez, acercándonos a los mismos sitios, a las mismas horas, a los mismos sonidos y a las mismas fragancias de siempre.

La ciudad cambia, la Semana Santa zaragozana se suma también a sucesivas -¿y excesivas?- innovaciones, aunque desde aquí observemos tantos trasiegos desde cierta distancia con la serenidad de sabernos custodios de las más antiguas esencias.

Así, exactamente, nos gusta reconocernos. La Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad y del Santo Sepulcro no es muy dada a lo extraordinario. Nuestros cultos y reglas se ajustan al canon con precisión milimétrica, con la Virgen siempre como centro y referencia de todo. Tanto el día a día como los cultos que se avecinan los entendemos con mesura y sobriedad. Así gusta de hacer las cosas la “madre y maestra” de la Semana Santa Zaragozana.

Por eso, con la cabeza bien alta, podemos acabar como comenzamos. “Omnia parata sunt”. Todo está preparado. Y siguiendo el modelo de San Ignacio, queremos conducirnos como si todo dependiera de nosotros, sabiendo que, en realidad, todo depende de Dios.

¿Arrogancia?. Creemos sinceramente que no, sólo la convicción ciega, absoluta, en que la Virgen nos viene conduciendo con mano de seda desde que se abrieron por vez primera los portones de San Cayetano y se sentenció aquello de que “La Piedad está en la calle”.

Desde aquella Madrugada esa misma señora que hoy contemplas ha venido pasando por delante de tus padres y abuelos escribiendo tu historia, nuestra historia, guardiana privilegiada de Zaragoza. Aquella Madrugada unos pocos abrieron el camino que siguieron los demás. Por aquellos pioneros visionarios, por el rito y la regla, por el orden y la forma, por la lana legendaria con sus cinco cruces-llagas, por los que fueron son y serán. Por La Piedad…

Feliz semana grande para todos.