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¿Qué celebramos
realmente en esta fiesta en que las calaveras se convierten en
protagonistas? Pues celebramos nada más y nada menos que la presencia
en nuestras vidas de nuestros más recientes antepasados. Es que no se
entiende la cultura sin el culto a sus autores; no se sostiene la
memoria de las cosas si no se cultiva la memoria de quienes las crearon.
Para que la memoria de los valores vitales sea duradera, es preciso
personalizarlos, ponerles rostro y biografía. Por eso a todas las cosas
les asignamos autor. A las recientes, porque lo conocemos; y para las
antiguas inventamos uno, porque sin autor no es posible el culto. Si el hombre aceptase la muerte, no habría difuntos. Paradójicamente todos los ritos funerarios tienen como objetivo garantizar la inmortalidad. Ambrosía la llamaban los griegos. Am-brotos era aquel cuya sangre no se había derramado. Y como la única muerte que se conocía era la muerte violenta, víctima necesaria e inexorable de los depredadores naturales, he ahí que la primera ilusión de inmortalidad fue el escapar a esa muerte. [ + ]
Estamos en los días en que hacemos memoria de los que se fueron, contando con que de algún modo sigan entre nosotros. Y lo están en la medida en que siguen vivos para nosotros. ¿Y vale la pena pasarse la vida labrándose esta especie de eternidad? Sí vale, y no sólo para la eternidad, sino también para la vida. Es a esto a lo que llaman la gloria, que si no la dejamos caer se convierte en la gloria eterna. [ + ] Al cristianismo, por
la naturaleza de su doctrina, no le correspondía tomar parte en el
mundo de los espíritus. La resurrección de Cristo y la que proclamaba
en el Credo para todos los creyentes, era corpórea. Cristo resucitado
no es en el dogma cristiano un espíritu, sino un hombre de carne y
hueso que en esa forma corporal está a la derecha de Dios Padre en el
cielo. Y es esa forma de resurrección la que esperan los fieles
difuntos que reposan en el cementerio (cementerio deriva de una palabra
griega que significa “dormitorio”, “lugar de descanso”; de ahí
el “descanse en paz”, Requiescat In Pace; en abreviatura, RIP). [
+ ] La celebración de
una fiesta dedicada a los difuntos persigue en la mayoría de culturas
el objetivo de apaciguar a los muertos más recientes que vagan aún por
la tierra sin encontrar el lugar de reposo. Dice la tradición
romana que las Lemurias fueron instituidas por Rómulo para dar
paz al espíritu de Remo (por eso quieren creer que la forma originaria
fue Remurias), que airado contra su hermano y asesino, no le
dejaba vivir en paz. Lo que le reclamaba el hermano muerto era que le
rindiese culto: con eso se aquietaba.
[ + ]
¿Por qué prendió
tan fácilmente la representación anual de Don Juan Tenorio la noche de
Todos los Santos? Un repaso por la historia y las tradiciones nos
informa de que las representaciones funerarias eran algo usual, que
cambió de formato a lo largo de los siglos y a través de los pueblos,
pero no desapareció. [ + ] |