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Especial San Valentín

EL ALMANAQUE : ESPECIAL SAN VALENTIN

14 DE FEBRERO, DÍA DE SAN VALENTÍN : ESCAPADAS ROMÁNTICAS

VIAJES - HOTELES - RESTAURANTES

INDICE - HISTORIAS DE AMOR

La mayoría de las parejas que rompen lo hacen por culpa de una infidelidad

LAS CLAVES LÉXICAS : ESA ANTIGUALLA LLAMADA FIDELIDAD

Los bienpensantes consideran la infidelidad como una clara señal de progresía y de libertad de pensamiento. ¡Qué más quisieran ellos que ser y merecer llamarse librepensadores. Pero nada más lejos de eso. Son pensadores adocenados; no son capaces de ir por libre. Para sentirse seguros han de ir por docenas. Llevan en la cabeza y en la boca, lo que se lleva; lo que han de llevar para estar en línea con su entorno, para no desentonar: un desdeñoso desprecio por esa cosa tan anticuada que llaman fidelidad. Pero en el corazón, qué más quisieran que ser merecedores de fidelidad; qué más quisieran que la persona con que se unen fuera también merecedora de fidelidad. Pero para arrastrarse en la mediocridad con un mínimo de dignidad, más vale decir como la zorra: "están verdes".

Si arañas la superficie y ahondas un poco, con eso te encontrarás. Y poco más. Bueno, sí, algo más: con la pretensión de que la otra persona te sea fiel mientras tú no haces nada por ser fiable. Porque además resulta que muy progres todos, pero cuando te ven con una cornamenta tan anhiesta, les entra la risa; o la conmiseración, que duele más. Pero ¿qué podemos esperar después de haber convertido la fidelidad en un simple código de conductas sometidas a control? Es que llamar a eso fidelidad ya es pasarse de laxo. Eso es sólo la fachada de un edificio que tiene que estar deliciosamente construido por dentro, y que nunca debe quedar deshabitado, so pena de decadencia primero, apariencia luego, conveniencia más tarde, y luego lo que venga.

Si la fidelidad ha de ser tan sólo un derecho y un deber, apaga y vámonos. Claro que pesa, claro que toda la vida es una tentación para hacer el salto. Pero eso es un mal sucedáneo de la fidelidad. ¿Os imagináis una madre que tiene a su hijo, insatisfecha con él, que anda siempre envidiando a las otras madres por los hijos que tienen, y que anda especulando sobre lo afortunada que sería si su hijo fuese aquel o aquel o el de más allá en vez del suyo? Diríais con toda seguridad que esa es una madre infiel a su hijo. No lo cambiará por otro, porque eso no se lleva, pero mantendrá con él una relación de infidelidad y de desapego. Eso nos parece mal, fatal; y en cambio nos parece como un signo de progresía estar con nuestra pareja pero siempre oteando el horizonte, a ver si nos podemos beneficiar de un cambio, ni que sea temporal. Eso es haberse instalado ya en la infidelidad, en la disposición a engañar.

Y así andamos todos. Resulta que una de las tareas más delicadas y difíciles que tenemos en nuestra vida es crear a nuestro alrededor el entorno de personas que necesitamos para sentirnos confiados; y sobre todo, crear el núcleo recio, que tenga fuerza para mantener con fuerza toda la estructura social que nos rodea. Y resulta que este que es uno de los quehaceres más gratificantes de la vida si lo hacemos bien, lo convertimos en una fuente de conflictos, porque ya vamos con la idea de que eso de atarse es un atraso. Más vale que la verdad última es que sólo unos pocos afortunados tienen la suerte de encontrar la pareja que emana y genera en su entorno un clima de fidelidad al que sólo con fidelidad se puede responder. Y los demás, igual que la zorra, para engañar su frustración: "están verdes".

EL ALMANAQUE se detiene hoy en la fidelidad. Es un tema largo al que tendremos que volver.

LA FRASE

No desearás la mujer de tu prójimo, no desearás los bienes ajenos.

La fidelidad y la infidelidad nacen en el corazón, en el deseo de los bienes ajenos, en el egoísmo, en el ir cada uno a la suya sin ateneder a nada ni a nadie. En el no haber sabido ni querido convertir dos yo en un nosotros. En mentir cada vez que decimos tú y yo, porque pensamos y sentimos en yo y tú, o en yo, y sólo yo, y nadie más que yo.

EL REFRÁN

AMOR CON AMOR SE PAGA

Y desamor con desamor. Ser fiel es ser de tal manera que la otra persona se sienta inclinada a confiar gozosamente en ti. Y si en una pareja los dos son así, ¿cuál es el problema?

LAS COSAS Y SUS NOMBRES NOMINA RERUM

FIDELIDAD

Sustituir el instinto de grupo, que quedó hecho añicos al desdoblarse la especie en dominador-dominado (con las variantes históricas de devorador-devorado, pastor-rebaño (criador-criatura o Creador-creatura), dueño-esclavo, señor (o Señor)-hombre, explotador-explotado), nos ha costado Dios y ayuda. En efecto, después del dios de la guerra, los romanos tuvieron que hacerle sitio en el Olimpo al dios de los pactos, el dios Sancus o Sangus, (herencia de los sabinos), del que luego se formarán el verbo sancire, del que a su vez deriva nuestro "sancionar" en sus dos acepciones aparentemente opuestas, y el adjetivo sanctus, que nos dará "santo", obtenido del supino.

El dios Sancus, que acabó siendo Sanctus, es decir el que da nombre a nuestro concepto de santidad, era el encargado de custodiar los pactos (en su templo, notaría sagrada, se depositaban los pactos, tratados, etc.) Y el mismo dios se ocupaba de castigar severamente (he ahí una de las acepciones de sancionar) a los que rompían lo pactado. Hay que decir que no fue precisamente glorioso su paso por el cielo y por la tierra de Roma.

Los romanos, cuyo objetivo máximo era el imperium, la dominación, cumplían los pactos en tanto en cuanto contribuían a incrementar su poder. En caso contrario, los incumplían sin ningún escrúpulo; y como era el Estado, así eran los ciudadanos. La fidelidad no fue el fuerte de Roma. Tal como otros dioses tienen muy bien configurada se misión en el cielo y en la tierra, el dios Sancus tuvo sus vaivenes. Por eso son muchos los que creen que el Dius Fidus o Fidius, hijo de Júpiter, dios de la fidelidad y de la buena fe, no es otro que el antiguo Sancus. Hay que observar también, a este propósito, que la forma arcaica de foedus foederis (de donde federación, federalismo) fue fidus, fideris, es decir sacado del mimísimo tronco de la fidelidad (la fiabilidad).

El árbol de la fidelidad tiene unas raíces muy hondas, y si queremos hablar de ella con fundamento, más vale que las exploremos a fondo. Un apunte más, para llegar al final: fides es de la familia de pistiV (pístis) = fe, a través de peiqw (péizo) = convencer. Es que la fidelidad nunca es gratuita. En realidad la propia palabra latina fidélitas es una contracción de fidabílitas (fiabilidad) y ésta corresponde aportarla a quien pretende que se fien de él, es decir que le guarden fidelidad. Este es, por tanto, el principio de la fidelidad: creer en la persona a la que se quiere ser fiel. Si no se cree en ella, no entra en funcionamiento el mecanismo de la fidelidad, sino sucedáneos de la misma, que no pueden compararse ni de lejos con el producto original.

Fideles lacrimae son lágrimas de las que puede uno fiarse, que no ocultan ningún engaño; fidelis portus es el puerto del que te puedes fiar, en el que te sientes seguro; fidelis in amicis esse es ser tal que los amigos puedan fiarse de ti, de donde obtenemos la traducción "fiel o leal con los amigos", que viene a decir que eres tú quien has de fiarte de ellos y mantenerte en su amistad pase lo que pase. Obsérvese que en esto de la fidelidad es facilísimo darle la vuelta a la tortilla, de manera que el más espabilado se exime de la obligación de convencer (peiqein /péizein) de que realmente es de fiar, y exige fidelidad totalmente gratuita a la otra parte. (Continuará)

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