SANTORAL - ONOMÁSTICA

Santos del día 19 de Julio

Santas Áurea, Justa, Rufina y Tecla; santos Antonio, Ambrosio y Arsenio.


AMBROSIO

Es un nombre griego, AmbrosioV (Ambrósios) que significa "divino", "inmortal" (ver explicación más extensa en la sección NÓMINA RERUM).

San Ambrosio (340-397), obispo de Milán, llena con su figura y con su obra mucho más que el medio siglo en que vivió. En medio de las enconadas luchas entre el catolicismo y el arrianismo, tomó partido por el primero, siendo su lucha brillante y heroica.

Para evitar ceder a los arrianos la basílica porciana, que la madre del emperador les había concedido, Ambrosio se plantó y junto con los soldados imperiales que habían ido a desalojarle, se encerró día y noche en el templo, hasta que consiguió la revocación de la orden imperial. Durante el encierro cantaron himnos religiosos (práctica que se conocía en la iglesia griega, pero no en la latina), empezando ahí la gran labor de Ambrosio de introducción en la liturgia del canto (llamado justamente Ambrosiano) y que abrió paso al canto Gregoriano. Tal fue el impacto de esta innovación que el gran San Agustín, que profesaba una gran veneración por Ambrosio, declara que fueron los cantos litúrgicos que oyera en la basílica de Milán, el determinante último de su conversión.

Fue Ambrosio firme en el camino que se había trazado, pero huyendo de la intransigencia, puesto que proclamaba que la primera y principal de todas las virtudes era la caridad cristiana. Así, impidió por todos los medios a su alcance la persecución sangrienta de los herejes; y sin embargo fue intransigente con el emperador Teodosio, su amigo y protector, y no dudó en excomulgarle y someterle a humillación pública por haber ordenado ejecutar a varios miles de habitantes de Tesalónica, como represalia por haber matado en una revuelta a un general del ejército. No perdió por ello su amistad (tal era su firmeza y su fuerza de convicción), que duró hasta la muerte de Teodosio, al que sobrevivió dos años.

San Ambrosio dejó a la posteridad una obra ingente: era un gran predicador, por lo que son numerosísimos los sermones y homilías que se conservan. Escribió asimismo varios tratados teológicos. Pero su memoria quedó perpetuada en la Iglesia especialmente por los Himnos Ambrosianos, que todavía hoy siguen formando parte de la liturgia diaria, y por el Rito Ambrosiano, uno de los ritos galicanos, propio de la Iglesia de Milán, que (íntimamente emparentado con los ritos orientales sirios y griegos) se propagó por la Galia, España y las Islas Británicas. Enriqueció, en fin, la liturgia romana, excesivamente austera, con elementos de las liturgias orientales, mucho más brillantes, en los que el canto jugaba un papel primordial.

Legítimamente orgullosos pueden sentirse los que llevan este nombre lleno de gracia y de virtud. ¡Felicidades!

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