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LÉXICO

ABRIGO

Si abrimos esta palabra, descubriremos dentro de ella algunos arcanos. Por empezar la matriz latina de abrigo es apricus (contracción de apericus), que para los romanos significaba abierto, descubierto, abrigado, resguardado del frío, claro, despejado, sereno. El verbo correspondiente es aprico, apricare, apricatum, que significa calentar, abrigar con los rayos del sol, y tiene la forma deponente (para nosotros pronominal) apricor, que significa abrigarse, calentarse a la acción del sol, resguardarse del frío. La primera sorpresa que nos encontramos es el carácter polisémico de esta palabra: el de prenda para guardarse del frío es con mucho el significado de más uso; pero tiene también el de lugar defendido del viento o del frío, dispositivo para proteger las plantas de las inclemencias atmosféricas y para aumentar el calor que reciben; en técnica militar "estar al abrigo" significa estar bajo la protección activa o pasiva de una batería, un fuerte, un escarpado, un bosque...; en ganadería se entiende por abrigos naturales los lugares resguardados del frío y el viento; en navegación se llama abrigo a cualquier accidente que se opone como obstáculo al viento (tierra, rocas, buque...) y que ponen a cubierto de las tempestades; abrigo de rocas se dice no sólo de las cavernas, sino también de otras cavidades naturales que sirvieron al hombre del cuaternario; y finalmente, en sentido figurado, abrigo significa protección, refugio, amparo. Dejo de lado las acepciones más técnicas de abrigo en construcción. Las acepciones más antiguas nos remiten a algo tan natural como los rayos del sol en el lugar más idóneo para aprovechar su acción calórica. Ese es nuestro mejor abrigo natural. Pero quisimos enmendarle la plana a la Naturaleza, y en vez de abrigarnos en lugares abrigados, con el sol como única estufa, y siguiendo al sol como hacen los animales que no hibernan, quisimos echar raíces en la tierra, como los árboles, y para ello tuvimos que recurrir a abrigos artificiales. En vez de lugares abiertos, los abrigos fueron convirtiéndose en lugares cada vez más cerrados, en dirección contraria a lo previsto por la naturaleza. Y en lugar de exponer nuestro cuerpo al sol, tuvimos que cubrirlo con el abrigo de otros animales, con lo que nuestra piel enfermó y perdimos el abrigo natural con que habíamos nacido, con lo que nos convertimos en los únicos monos desnudos, que diría Desmond Morris. El empeño por ocupar más y más cuota de vida en nuestro sistema ecológico, nos empujó al sedentarismo. Si queríamos alimentarnos, teníamos que estar atados a la tierra de la que queríamos vivir, y además teníamos que dedicarle nuestro sudor y nuestro esfuerzo. Y por lo mismo, a partir de entonces se nos acabó eso de ir tras el sol para calentarnos y buscar los abrigos naturales. Si en vez de que la tierra nos tuviera a nosotros, queríamos ser nosotros quienes tuviéramos la tierra, no nos quedaba más remedio que abrigarnos de forma artificial, a costa de los demás animales y también a costa de nuestro abrigo natural.

Mariano Arnal

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