PROMOCIÓN
¡Hay que ver la enorme capacidad que
tenemos de ponerles nombres decentes y hasta nobles a las
peores indecencias! Es el caso de la reforma educativa,
que a un procedimiento que produce el estancamiento de los
alumnos en bajísimos niveles académicos, lo llama
promoción automática.
Promóveo, promovere, promovi, promotum
significa mover hacia delante. Es un verbo que tiene una
historia fraguada en el esfuerzo y en el éxito. Los
romanos lo emplearon especialmente para cosas de la guerra
y para los grados y dignidades que en ella y en la
política se alcanzaban. Las demás aplicaciones del término
eran poco frecuentes y tenían más bien carácter
metafórico. Promovere turrim era mover hacia
delante una torre, hacerla avanzar; promovere castra,
llevar hacia delante el campamento; promovere imperium,
ensanchar el imperio; promovere moenia, hacer
avanzar las murallas. Ese era el sentido original de la
promoción: requería un gran esfuerzo. Promovere
áliquem ad praefecturam aerárii era ascender a alguien
a la dirección del tesoro público; promovere quempiam
ad amplíssimum órdenem, promover a alguien a la más
alta dignidad. Otras aplicaciones del verbo: promovere
vim ínsitam, desarrollar la fuerza innata; nihil
promoves, no adelantas nada; studio facundiae
promovere, avanzar en el afán por desarrollar la
elocuencia. En fin, que para los romanos promovere
no era ir avanzando como los borregos. La sustantivación
promotio, promotionis, la acción de promover, se
empleó poco; no vieron en ella más que una forma
gramatical de derivación.
Al pasar este lexema a nuestra lengua,
el verbo quedó prácticamente relegado como forma
complementaria, mientras se desarrolló el sustantivo con
mayor fuerza. Se mantuvo en el ámbito militar, donde
promoción es el ascenso a un grado superior; pero se
emplea también y con gran profusión, para referirse al
conjunto de alumnos de la Academia o los miembros de un
Cuerpo que siguen el mismo curso y ascienden juntos. Las
promociones se nombran por el año en que se obtiene
la graduación. Esta denominación se aplica por mimetismo a
toda clase de titulaciones académicas: un abogado, un
médico, un economista de la promoción de 1980 es el que se
graduó ese año.
El otro ámbito que adoptó la palabra y
el concepto de promoción fue el eclesiástico;
significa, igual que en el ejército, el ascenso ordenado
por los peldaños de las dignidades eclesiásticas. Y tal
como el concepto colectivo de promoción lo hemos
tomado del ejército, el valor que corresponde a la "acción
de ir ascendiendo de grado y dignidad" lo hemos tomado de
la iglesia. Se trata de un término claustral, al que tan
inclinada está la enseñanza.
Y una vez más nos tropezamos con el
fenómeno de la grandilocuencia, de ponerles grandes
nombres a cosas insignificantes. La promoción la
vemos adecuadamente aplicada en la carrera militar, en la
carrera eclesiástica y en la universidad aplicado a las
demás carreras. Pues bueno, como la reforma tenía entre
sus objetivos el de ennoblecer la enseñanza, tiró de un
término así de noble para denominar una burrada tan
inmensa como la de pasar de un curso a otro aunque no se
haya aprendido, aunque no se haya avanzado nada.
Mariano Arnal