PISCINA
Acostumbrados como estamos a
identificar el signo zodiacal de piscis con el pez,
a nadie se le oculta el parentesco léxico entre el pez
y la piscina. En efecto, los diccionarios antiguos
definen la piscina en primer lugar como un estanque en los
jardines para tener pesca. Y en efecto, en las grandes
villas bien conservadas se pueden ver todavía auténticas
piscinas, es decir grandes estanques muy abundantes en
peces, que alcanzan fácilmente las dimensiones de una
piscina olímpica. Algunas de ellas están preparadas para
pasear o para pescar en barca, y tienen incluso un
embarcadero. Presidiendo la piscina suele haber un pequeño
pabellón que viene a hacer las veces de lujosa caseta de
baño con varias dependencias. Porque estas piscinas, de
notable profundidad, en las que se renueva el agua por la
aportación constante de un riachuelo, además de ser una
buena reserva de pesca, son aptas para nadar y se emplean
también para ese fin.
Pero el nombre le viene de su función
principal originaria, que es la de criadero de peces.
Aunque como se ve en esas lujosas villas, pronto
prevaleció en ellas el atractivo del baño por encima del
de la pesca. Por eso, a pesar de haber sido eliminados los
peces en las que hoy llamamos piscinas, hasta el
punto que ya no podrían sobrevivir en sus asépticas y
cloradas aguas, seguimos dándoles ese nombre.
La palabra piscina no es
que sea de origen latino: es latina. Es un cultismo,
difícil de mantener en español por el grupo sc. De
hecho a la inmensa mayoría de hispanohablantes se les cae
la s, y lo dejan en "picina". No estaría nada mal
pensar en arrinconar ese nombre tan desafortunado, un lujo
mal llevado que además ha quedado fuera de la realidad. No
es que los romanos asignasen el nombre de piscina
únicamente a los grandes estanques fuera del curso de los
ríos; o a los estanques y esclusas en el mismo río,
construidos expresamente para contener pisces
(peces) destinados a la alimentación. En ellos se sitúa la
barbarie de castigar a los esclavos díscolos arrojándolos
a la piscina para que sirviesen de pasto a las lampreas y
de escarmiento a los demás esclavos. También asignaron
este nombre por analogía, a las piscinas y a los baños
públicos y a los privados, incluso a los abrevaderos,
cisternas, o cualesquiera depósitos de agua. Plauto llama
piscina incluso a la cuba.
Viniendo más acá, se llamó piscinas
a los estanques de los claustros de algunos monasterios,
dispuestos de manera que sirviesen para lavarse las manos
al entrar y al salir del refectorio. Así llamamos también
a los estanques que los mahometanos tienen antes de entrar
en la mezquita para hacer sus abluciones, y se conservó
este sinónimo de pecera para denominar los
estanques destinados a baños.
Sospecho que nunca se les retiró el
nombre de piscinas a las aguas que no se destinaban
a la cría de peces, porque éstos se empleaban en fin de
cuentas como testigos de que esas aguas eran vivas, y de
hecho ahí estaban los peces cuando no eran un estorbo. Por
eso es tan chocante que hoy en las piscinas no
puedan sobrevivir los peces, y sin embargo sigan
llamándose piscinas.
Mariano Arnal