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INDICE
- LÉXICO - ETIMOLOGIAS - ORIGEN DE LAS PALABRAS
EL ALMANAQUE
&
LA CASA
DEL LIBRO

EL
ALMANAQUE
dedica sus afanes a poner a tu alcance UNA PALABRA CADA DÍA
ESTÉTICA
Queda dicho que la estética
nació con este nombre hace 250 años, que viene de
aisqhtikh (aiszetiké),
adjetivo de aisqhsiV (áiszesis),
y que si atendiésemos a su nombre griego, tendríamos que
centrarla especialmente en los sentidos, que aisqhsiV
(áiszesis) es sensación, más que sentimiento. Y
que en todo caso esa palabra había sido ya tomada en
préstamo por el lenguaje religioso en la forma de
ascética, transcripción casi al pie de la letra del
adjetivo griego, arrimado éste sí, a su significado
etimológico. La ascética (obsérvese cuán cerca está
fonéticamente de la estética) era el dominio de los
sentidos, más bien mortificándolos que halagándolos, para
una vez anulados, dejar el camino expedito a la mística, a
la contemplación directa de Dios sin mediaciones ni
interferencias de los sentidos.
La palabra era nueva (no del todo),
pero la filosofía de la belleza, que eso es
epistemológicamente la estética, había empezado en
los presocráticos, y se había consolidado con Platón y
Aristóteles, y con muy poco que ver con los sentidos: por
eso no la llamaron así, porque para ellos, que eran
griegos, hubiese sido una incongruencia llamarla
estética. Pero la palabra la tenemos ahí, y es la que
es, y como ocurre con tantas palabras, ejerce su atracción
sobre aquello que denomina, forzándolo a ser lo que dice
su nombre.
La belleza, en efecto, es una
proyección en las cosas del sujeto que las contempla. Las
cosas están ahí, y la belleza se la añade el que las mira.
Hay personas de gran poder ¿ascético? ¿estético?,
capaces de embellecer a todas las personas en su derredor,
de irradiar belleza como si se tratase de una energía
misteriosa. Hoy a eso lo llaman química. La realidad
externa a nosotros es indiferente, es amorfa, no tiene
forma. La formósitas (esa es la hermosura) se la
añadimos nosotros. La prueba objetiva más fehaciente la
tenemos en el firmamento: las constelaciones las hacemos
nosotros a fuerza de mirar lo más bellamente que podemos.
Es primero por haber elegido mirar, y
luego cuando insistiendo en el mirar pasamos al
contemplar, como ponemos en marcha nuestra labor de
embellecimiento de nuestro entorno. Y esa es mucho más una
función de los sentidos (aisqhseiV /
aiszéseis) que de la mente. Y si eso es cierto
hablando de las cosas, mucho más lo es hablando de las
personas. En ese caso, mirando con buenos ojos provocamos
que se nos mire también con buenos ojos. El
embellecimiento, embelesamiento lo llamamos, tiene
camino de ida y vuelta. Esta palabra la hemos tomado del
portugués, que de belo formó embelesar,
hacer bello. ¿Y qué pasa con el embeleso? Pues que
proyectando más y más belleza en el objeto de nuestras
contemplaciones, acabamos embelesados, atrapados por la
red de belleza que hemos tejido.
Volviendo a la estética, hay
algo que no encaja cuando la colocamos junto a cirugía
como su adjetivo, porque predicamos la estética de
la cirugía, y no es esa la intención de esa
expresión, sino la de significar que recurrimos a la
cirugía para conseguir un efecto estético. Se
trata en efecto de cirugía para corregir la
estética. Es un defecto muy frecuente en la
adjetivación.
Mariano Arnal
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