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INDICE
- LÉXICO - ETIMOLOGIAS - ORIGEN DE LAS PALABRAS
EL
ALMANAQUE
dedica sus afanes a poner a tu alcance UNA PALABRA CADA DÍA
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ACNÉ
El primero en usar este término fue el
médico griego Aecio (a caballo entre los siglos V y VI). Con
ella se denominaba toda erupción de granos que se producía
en el cuerpo, especialmente en la cara. Hubo siempre
problemas para determinar a qué erupciones se debía llamar
acné, y a cuáles no. Pero las dificultades no se
quedaron en la enfermedad, sino que alcanzaron también a la
palabra. En efecto, Aecio de Amida lo llamó "acmé", y no
acné, porque entendía que se trataba de una manifestación de
vigor de la juventud. En fin, que ya desde sus primeras
apariciones, tanto el nombre como el objeto dan lugar a
confusiones. Por ello hubo de disputar el nombre con
foliculitis, una denominación mucho más precisa, y que se
refiere a la infección de los folículos pilosos (que es
donde se origina el acné), una especie de vainas de
las que nacen los pelos, que tienen como anejos un conjunto
de glándulas sebáceas (glándula es el diminutivo de glans
glandis, que significa bellota; y sebácea, productora de
sebo o grasa). Al quedar retenida la secreción de estas
glándulas, puesto que la piel no da abasto para eliminarla,
se altera su funcionamiento produciendo inflamaciones e
infecciones cutáneas. Las manifestaciones iniciales del acné
se denominan también comedones, barrillos o espinillas.
La palabra acné que acabó
prevaleciendo, procede del griego acnh (ajné),
que es la eflorescencia o vegetación en la superficie de un
cuerpo. También se llamaba así a la gavilla de trigo o de
avena; y hablando de líquidos y vapores, daban este nombre a
lo que sobrenada. Asimismo llamaban acnh (ajné)
a la espuma del mar y al humo que se desprende del fuego; y
a las gotas de rocío sobre la hierba las llamaban acnh
ourania (ajné uranía), acné
celestial. Está emparentada esta palabra con acuron
(ájyron), que es la paja o el
barbecho, y con el latín acus, que nos lleva a la
aguja, imagen apropiada para referirse a la espinilla (dimin.
de espina), a algo que pincha, que está clavado.
Algunos diccionarios, siguiendo a Aecio,
prefieren remitir a
akmh
(akmé) como origen etimológico
del acné. Akmh (akmé)
es, en efecto, la parte aguda de un cuerpo, su punta: p. ej.
de la jabalina o de la lanza, y por extensión la extremidad
de cualquier objeto. Del mismo modo que los latinos hablan
de la acies oculorum, la agudeza de los ojos (de la
vista), los griegos hablaban de la akmh ommatwn
(acmé ómmaton). Y a partir de ahí aplicaban el
término a toda culminación: de la vida, de la edad, de la
fuerza. Y así akmh (akmé) pasó
a significar también fuerza, potencia. Claro que es más
atractiva esta palabra por su mayor versatilidad (se la
puede interpretar como punta, astilla o paja clavada en la
piel, y también como explosión de fuerza, salida al exterior
del exceso de potencia, por eso de darse mayormente en la
juventud). Pero no siendo el acné per sí mismo una
manifestación de potencia, sino una disfunción de las
glándulas sebáceas, más nos vale no perder de vista la otra
etimología, la que hace referencia al acné como algo
sobreañadido o sobrevenido a la piel: una eflorescencia de
ésta (de florecerse, no de florecer).
Mariano Arnal |

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