Duelar,
realizar un duelo, no es lo mismo que olvidar, no es hacer de cuenta que
aquello nunca existió, tampoco se trata de encontrar algo que reemplace a
lo perdido. Porque lo perdido no es un objeto, es un espacio vacío, ese
lugar que en el Otro ocupábamos.
Espacio
encontrado en el Otro, compuesto por nada, eterna falta que llamaba a
“ser” colmada por nuestro “ser”. ¿“Que
soy ahora que ya no estas?”. Podré ser muchas otras cosas para otros
muchos, pero jamas volveré a “ser” aquello que fui para aquel, que
signifiqué para aquel. Podré encontrar otros agujeros en Otros en donde
refugiarme y “ser”, pero serán distintos, no existen dos huecos
iguales.
Ese
lugar en el Otro que ahora nos falta “nos hace falta”. Cuando ese
espacio, ese vacío en el Otro donde éramos “falta”, la angustia nos
invade.
Los
seres humanos inventamos, a través de nuestra cultura, una serie de
medidas para duelar esa falta. Son medidas simbólicas que nos permiten
rodear ese agujero que ya no esta, ponerle palabras a ese sinsentido, son
los ritos funerarios y las palabras de despedida que intentan bordear los
limites de ese hueco que es lo mas REAL con que nos hallamos topado en
nuestra vida.
Un
duelo consiste en combatir el olvido, inscribiendo la memoria, y así
construir una historia allí donde el dolor se instala y faltan palabras.
Palabras que bordearan ese dolor inexpresable, pero respetando los
silencios donde quedara encerrado lo que nunca podrá ser dicho, porque no
hay palabras para lograr expresarlo.
Un
psicoanálisis permite relacionarnos de otro modo con esa falta, hacer de
ella una causa que nos permita cambiar nuestra posición como
sujetos frente a lo REAL de la vida. En una sesión se habla, se cuenta,
se dialectiza el sufrimiento, se moviliza a ese sujeto entrampado en las
redes de la inhibición, de la morti-ficante espera.
Como cuando a ese niño que se le ha muerto su hermano ya no quiere jugar,
no desea comer y las noches se transforman en una espera interminable sin
sueño, y no habla, no pregunta, no dice nada. Tal vez algún día cuando
comience a realizar su duelo podrá decir: -“sin mi hermano es muy
aburrido jugar, es muy aburrido comer y es muy aburrido dormir”.
Poder poner su sufrimiento en palabras, hacer pasar ese “goce mortífero”
por el cause del lenguaje, le permite comenzar a darle otro tratamiento a
su sufrir, las palabras acotan el sufrimiento, permiten que este se
pueda desplegar a través de ellas, y que no quede detenido en un sufrir
permanente.
EL
TIEMPO Y LA VIDA
- ANGUSTIAS
Y PESARES
Nuestros
Otros. Los que acuden como fantasmas
- Lo
Entrañable