AMBROSÍA
- INMORTALIDAD
Buena oportunidad la de la
conmemoración de San Ambrosio para recrearme buceando en una palabra
de una significación tan honda que trasciende culturas y
civilizaciones, para hundir sus raíces en las mismas esencias de la
humanidad.
En nuestra cultura, de raíces
grecorromanas, usamos el nombre griego AMBROSIA
(Ambrosía)
y el latino immortálitas (inmortalidad) para denominar no
sabemos muy bien qué. El contenido del nombre latino, muy moderno y
transparente, se entiende sin mayor necesidad de exégesis: no
muerte. Pero el término griego es sólo translúcido. No vemos
con claridad qué hay tras él; sólo deja pasar la luz y hay que
interpretar las sombras que en él se proyectan.
AmbrotoV (ámbrotos)
es la forma más arcaica de ambrosioV
(ambrósios),
ambos con el mismo significado: "inmortal" ; y junto a
ellos la palabra ambrosia (ambrosía)
que significa primero el "alimento
que da la inmortalidad", para pasar a denominar luego la
misma "inmortalidad". Pero éstas son ya palabras muy
moderrnas. La madre de todas ellas es ambrotoV,
formada por la a
privativa más mbrotoV, probablemente
onomatopeica, que significa "chorro de sangre que mana de una
herida", de donde se deducirá el término brotoV
(brotós) con
el significado de "mortal" (es decir, aquel cuya sangre
puede ser derramada), "hombre". Si a este término le
anteponemos la a
privativa, tendremos que a-mbrotoV o
ambrosioV (ámbrotos
o ambrósios)
es "aquel cuya sangre no es derramada" , que puede
coincidir con el valor "aquel que no muere", pero no
necesariamente.
Partamos, pues, del hecho evidente
de que la palabra griega de la que hemos deducido la inmortalidad,
nació para denominar las personas que coincidían en una característica:
la de no haber sido derramada su sangre, es decir la de no haber sido
muertos por nadie, aquellos de cuyos cuerpos nunca se vio escapar el
principio de la vida. Si tenemos en cuenta que cuando nació esta
palabra, la única muerte que se conocía era la muerte violenta, ya
fuese a manos de otros hombres o en las fauces de los depredadores, se
entiende perfectamente que no morir devorado se percibiese como igual
a "no morir".
Más aún, si la muerte era
percibida únicamente como la secuencia en que era derramada y bebida
la sangre del mortal y devoradas sus carnes, el que conseguía que su
sangre no fuese derramada ni su carne devorada, ciertamente había
escapado a la muerte, a la única muerte conocida; y aplicaba el máximo
celo a evitar por todos los medios que su cuerpo fuese devorado,
porque eso era hasta entonces morir. Se impuso, pues, la práctica del
enterramiento para evitar que el cuerpo "dormido"
experimentase la muerte (cementerio viene de koimhthrion
-coimeterion,
que significa "dormitorio"). En el sepulcro empezó, pues,
la inmortalidad.
Mariano
Arnal
|