Archivos

rel


    Twitter Facebook Google Plus LinkedIn RSS Feed Email

Guía imprescindible para pasar 48 horas en Venecia

Guía imprescindible para pasar 48 horas en Venecia

Venecia

Este laberinto de canales donde se suceden sin tregua palazzos, iglesias y plazas es de una monumentalidad que sobrecoge. No hay nada comparable a la Serenissima, la ciudad-estado que los mercaderes de los días de la República engalanaron hasta lo inimaginable haciendo alarde de poderío. Es un sueño.

VIERNES Paseo nocturno por la Serenísima (3 h)
Si se ha tenido el acierto de reservar alojamiento en pleno casco histórico antes incluso de llegar al hotel uno ya se habrá ido enamorando de la soberana belleza de Venecia. Salvo los acuáticos, no hay taxis al uso y, a menos que el alojamiento se encuentre muy próximo a algún canal o una parada de vaporetto, probablemente toque perderse una y otra vez, maleta a cuestas, entre su laberinto de puentes y callejones sin salida. Vagar sin rumbo sobre sus empedrados es uno de los placeres de los que no habría que privarse para empezar la noche porque entonces podrá deambularse más a solas, paladeando su embrujo infinito. Se esté en el barrio que se esté no será raro toparse con algún local en el que probar las primeras tapas o chicchetti, la primera pizza o el primer gelato, y antes o después acabará apareciendo alguna señal que indique la dirección hacia la Piazza San Marco. Entonces ya sí, habrá de enfilarse hacia esta plaza que Napoleón describiera como “el salón más bello de Europa” para admirarla de noche, casi sin gente, y grabarla así para siempre en la memoria.
Dónde dormir Además de en hoteles míticos como el Cipriani, el Danieli o el Bauer Il Palazzo, también muy románticos como los cuatro estrellas Ca Pisani y San Sebastiano Garden, así como en Oltre il Giardino o el Palazzo Soderini.
Dónde comer En locales tan auténticos como la Cantina do Mori (San Polo 429), el Bar All’Arco (San Polo 436), la Osteria al Ponte (frente a la iglesia de Giovanni e Paolo) o la Pizzería Ai Sportivi (Campo Santa Margherita); con grandes vistas como el Harry’s Dolci (Sestiere Giudecca 773) o la lujosa terraza del Danieli (Riva degli Schiavoni), o de gastronomía en mayúsculas como Al Covo (Castello 3968).
Ocio nocturno La Venecia histórica es poco noctívaga, aunque siempre hay posibilidad de acercarse al Bacaro Jazz, junto al Puente Rialto, en el que incluso cenar hasta las dos de la mañana; o, para cumplir con el tópico, tomarse un bellini en el legendario Harry’s Bar (Vallaresso 1323). También se puede enfilar hacia los pequeños bares de la Fondamenta della Misericordia, la zona del Ghetto y la plaza Campo Santa Margherita.

SÁBADO
A orillas del Gran Canal (5 h)
La línea 1 de vaporetto, que atraviesa lentamente en zigzag todo el Gran Canal, es la mejor opción para empezar el día. A cada lado, el exceso casi teatral de los palazzos góticos, renacentistas o barrocos que se levantan sobre el más ancho y monumental de los canales venecianos, por el que hacer un alto en el Puente de Rialto si apetece deambular entre los coloridos puestos del mercado que cada mañana, salvo los domingos, se instala en sus inmediaciones. Al final de esta emocionante singladura se desmbocará en el auténtico festín de la Piazza San Marco, en la que subir a las alturas de su Campanile y penetrar en la icónica basílica de San Marco –por sólo 1 € se puede reservar la hora en venetoinside.com y evitar las colas–. Además de los fabulosos mosaicos y cúpulas de su interior, esta iglesia de estilo bizantino a la que sus mercaderes estaban obligados por ley a embellecer alberga entre otros tesoros el museo que custodia los caballos originales que coronan su edificio, traídos de Constantinopla tras la Cuarta Cruzada, desde cuyo balcón se contempla otra panorámica soberbia de la piazza. Y bajo los soportales de ésta, un tentempié en sus cafés históricos Quadri o Florianantes de enfrentarse con las aristocráticas salas del Palazzo Ducale, sede de los dux o doges que gobernaron Venecia en los tiempos de la República y unido a la vieja prisión dei Piombi a través del archiconocido Puente de los Suspiros. También conviene haber adquirido online la entrada para ahorrarse un tiempo precioso haciendo fila.

De La Giudecca a Santa Croce (5 h)
Quienes quieran huir del vaivén turístico de esta zona podrán tomar el vaporetto que en pocos minutos arriba a la isla La Giudecca, un oasis de sosiego por el que vagar entre sus deliciosas callejas admirando la tan fotografiada planta de la basílica de San Giorgio Maggiore, en la islita vecina del mismo nombre, así como la del Redentore o Santa Eufemia. Entre sus recovecos podrá buscarse alguna taberna tradicional en la que picar algo rápido o decantarse por el más elegante Harry’s Dolci, perfecto en verano para comer, cenar o reposar ante las espectaculares vistas a San Marco de su terraza.
De nuevo el vaporetto llevará al corazón del barrio o sestiere de Dorsoduro, por el que se levanta desde la basílica barroca de Santa Maria della Salute hasta el Museo Guggenheim o las colecciones de arte de las Gallerie dell’Accademia, entre un bucólico entramado de callejuelas, puentes, palacios e iglesias por los que perderse una y mil veces hasta acabar dando con el Campo Santa Margherita. Esta gran plaza animada por los universitarios que estudian en la zona y sembrada de terrazas cuando el tiempo acompaña es una excelente alternativa para cenar a buen precio en un entorno no excesivamente turístico, amén de para tomar luego una copa o emprender otro maravilloso paseo nocturno por el barrio de Santa Croce y el también aledaño de San Polo. Infinitamente más turísticos, los muchos restaurantes que se asoman al Puente de Rialto. Si se opta por alguno de ellos, de camino convendría hacer un alto antes de las ocho en la Cantina do Mori, un local centenario y entrañable en el que tomar un buen vino y unas tapas venecianas. Pero si esta noche uno quisiera homenajearse con una cena por todo lo alto, habrá entonces que regresar al hotel para vestirse a tono y poner rumbo hacia restaurantes tan prestigiosos como Al Covo, en el que ponerle la guinda al día con alguno de los pescados de la laguna cocinados con mucho arte.

DOMINGO
Los sestiere Castello y Canareggio (4 h)
Quienes solo dispongan de la mañana tendrán que contentarse con deambular por el barrio de Castello, en el que sobre todo no perderse la preciosa iglesia de Santi Giovanni e Paolo o, dicho en dialecto veneciano, San Zanipolo; y por el igualmente popular sestiere de Canareggio, en el que además de una barbaridad de iglesias y palazzos se encuentra el antiguo ghetto en el que se obligó a vivir a los judíos a partir de 1516, todavía hoy con mucho sabor. Los que tengan sin embargo todo el día por delante harán bien en embarcarse de nuevo en vaporetto y ampliar el recorrido con la isla de Murano, en la que buscar algún taller en el que admirar el proceso artesanal de soplado de sus famosos vidrios, y a ser posible con la islita, si cabe más bucólica, de Burano, cuyas casitas de colores asomadas al canal dejarán un regusto de encanto casi rural como contrapunto a la opulencia palaciega de la Venecia esencial.

Dónde dormir
Además de en hoteles míticos como el Cipriani, el Danieli o el Bauer Il Palazzo, también muy románticos como los cuatro estrellas Ca Pisani y San Sebastiano Garden, así como en Oltre il Giardino o el Palazzo Soderini.

Dónde comer
En locales tan auténticos como la Cantina do Mori (San Polo 429), el Bar All’Arco (San Polo 436), la Osteria al Ponte (frente a la iglesia de Giovanni e Paolo) o la Pizzería Ai Sportivi (Campo Santa Margherita); con grandes vistas como el Harry’s Dolci (Sestiere Giudecca 773) o la lujosa terraza del Danieli (Riva degli Schiavoni), o de gastronomía en mayúsculas como Al Covo (Castello 3968).

Ocio nocturno
La Venecia histórica es poco noctívaga, aunque siempre hay posibilidad de acercarse al Bacaro Jazz, junto al Puente Rialto, en el que incluso cenar hasta las dos de la mañana; o, para cumplir con el tópico, tomarse un bellini en el legendario Harry’s Bar (Vallaresso 1323). También se puede enfilar hacia los pequeños bares de la Fondamenta della Misericordia, la zona del Ghetto y la plaza Campo Santa Margherita.