CRISIS EN VENEZUELA

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CON SANGRE SUYA Y FUEGO RIVAL EL PUEBLO DERROCO A CHAVEZ

 
     Aportando su propia sangre ante el alevoso grupo de "francotiradores" y miembros de la guardia de Honor que defendían la dictadura, el pueblo de Venezuela aplicó un certero "golpe de opinión" y obligó al presidente, Hugo Chávez, a dimitir de su cargo, abandonar el palacio presidencial de Miraflores y convertirse en un nuevo inquilino del Fuerte Tiura, el principal acuartelamiento militar de Caracas.
 
     Chávez, un populista a quien se acusa de conducir a la ruina a Venezuela, que resolvió unirse a dictadores internacionales como Hadam Hussein, Fidel Castro y a terroristas colombianos, dilapidó el mayor apoyo popular que en los últimos años tuvo un presidente -el 80 por ciento- y vestido con el traje de campaña de teniente-coronel paracaidista y su boina roja, dejó en la madrugada del doce de abril el palacio donde gobernó con "mano dura" desde el  2 de febrero de 1999.
 
     Para solventar la situación y evitar una crisis institucional, el empresario Pedro Carmona asumió el poder como "presidente interino" y en su ejercicio de gobierno será acompañado por una junta de gobierno de militares y civiles..
 
     Mientras Chávez salía por la presión, las Fuerzas Militares que horas antes le habían retirado su apoyo, anunciaron en un comunicado que los "miembros del Alto Mando Militar (AMM) deploran los lamentables acontecimientos sucedidos en la ciudad capital el día de ayer (11 de abril) y ante tales hechos, se le solicitó al señor presidente de la Repúbllica la renuncia de su cargo, la cual aceptó".
 
     En la calle, entretanto, todavía quedaban, como testigos mudos, pero a la vez indicadores de la crisis venezolana, un reguero de sangre, once muertos y decenas de heridos, cuando se manifestaban pacíficamente y sin ninguna clase de armas en contra de Chávez, a quien pedían desde la calle su dimisión.
 
     El inspector general de las Fuerzas Armadas, Lucas Rincón, al anunciar la renuncia de Chávez, expresó que los miembros de la AMM "ponemos nuestros cargos a la orden, los cuales entregaremos a los oficiales que sean designados por las nuevas autoridades".
 
     La tensa y difícil situación que vivía el país, en una "noche caliente" y  el firme propósito de los ciudadanos, convocados por la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), de continuar la huelga general, precipitó los acontecimientos y el propio comandante del ejército, general Efraín Vásquez Velasco, ordenó a sus tropas no "acatar más órdenes del mandatario".
 
     El "atropello sufrido por la sociedad civil" hizo que los altos mandos militares con Vásquez Velasco a la cabeza, retirara el respaldo a Chávez y propusiera la creación de  una junta de gobierno presidida por Carmona, quien en una breve alocución  dijo que "es una responsabilidad histórica inmensa y la asumo".
 
     La caída de Chávez sirvió, sin ninguna duda, para mostrar a una masa laboral identificada con un sólo objetivo: hacerlo salir del palacio de Miraflores y destacar que la opinión pública prevalece cuando se buscan causas justas encaminadas, a la vez, a evitar un deterioro de situaciones anómalas, como las que vivía Venezuela.
 
     Ese deterioro comenzó a manifestarse el 27 de febrero de 1989 cuando el famoso "caracazo", una revuelta popular contra el plan de austeridad puesto en marcha por el entonces mandatario Carlos Andrés Pérez, conocido en su país como "Alí Babá" por la corrupción que imperó en sus dos gobiernos.
 
     Ya en 1994, el 4 de febrero, Chávez Frías y cuatro coroneles más encabezaron una sublevación de diez horas en Caracas, Maracay y Valencia para intentar derrocar a Pérez, la que se saldó con veinte muertos y 60 heridos. Otra intentona golpista se realizó el 27 de noviembre del mismo año.
 
      La tensión fue en aumento hasta que el 11 de marzo de 1993 cuando el fiscal general solicitó a la Corte Suprema el enjuiciamiento de Pérez Rodríguez bajo la acusación de corrupción y un año después se ordenó su detención domiciliaria durante dos años y cuatro meses por malversación de 17 millones de dólares; el 21 de mayo Pérez fue suspendido de su cargo y el presidente del Senado, Octavio Lepage, se convirtió en mandatario provisional.
 
     El proceso político continuó con la elección -en un segundo periodo- de Rafael Caldera, quien otorgó una amnistía a Chávez y los demás golpistas y el 6 de diciembre de 1998 el paracaidista y coronel ganó, en elección popular, la presidencia venezolana.
 
     Chávez desató permanentes polémicas desde que asumió el poder, pero la noche del once de abril fue el epílogo de una gestión desacertada que elevó el rango de su discrepancia con el alto mando militar "porque rompió el juramento de no utilizar las armas contra los civiles".
 
     Sus varios enfrentamientos con compañeros de armas fueron contagiando a los venezolanos de fervor patrio y, sobre todo, les hizo perder miedo a las represalias. Fue el coronel de la Fuerza Aérea, Pedro Soto quien el 7 de febrero de 2000, pidió la renuncia del presidente, nuevas elecciones y la llegada a la jefatura de Estado de un civil, a la que horas después de unió el capitán de la Guardia Nacional Pedro Flores.
 
     Las distensiones en el seno de las fuerzas militares fueron en aumento y el 18 de febrero pasado el contralmirante Carlos Molina Tamayo exigió al mandatario su renuncia y a partir de entonces las manifestaciones aumentaron con huelgas empresariales y de trabajadores y el evidente apoyo de los militares, ya no sólo los disidentes sino muchos otros con alto, regular y bajo rango.
 
     Además de los asesinatos contra manifestantes inermes, que muchos militares y opositores políticos achacan directamente a Chávez, este cometió uno de sus mayores errores: el imponer una censura de prensa, tratando de acallar a varios canales privados de televisión.
 
     Los militares latinoamericanos, entre ellos los venezolanos, saben que la única forma de contar con las simpatías de la población civil es, precisamente, no tomando el poder. Otra acción despertaría recelos y sospechas y entonces se producirían más "derramamientos de sangre", lo que precisamente prohibe tajantemente la Constitución. Aunque quienes conocen a Chávez aseguran que intentará dar un nuevo golpe de estado.
 
     Aunque políticos como Carlos Andrés Pérez y Jaime Lucinchi, procesados por corrupción, apropiación indebida y otros delitos, están celebrando desde el exterior la caída de Chávez, ya el pueblo les notificó que nos ler permitirá regresar a posiciones de dirigencia en el país para evitar, precisamente, que la situación que se espera corregir ahora vuelva a ser irrespirable si ellos toman las riendas del Estado.
 
     A las  dotes de Chávez como "un gran manipulador" se unen fuerzas terroristas que no quieren perder su apoyo y amparo.
 
     "Una explosiva mezcla de populismo, corrupción, soberbia y desaciertos en el manejo económico levantó al pueblo venezolano hasta obligar al  coronel Hugo Chávez  a renunciar", expresó en su principal titular el diario colombiano "El Espectador", mientras toda la prensa venezolana celebró alborozada con editoriales y títulos el retiro de un mandatario cuyo periodo constitucional debía finalizar el 10 de diciembre de 2007
 
     El gobierno estadounidense culpó al coronel paracaidista y a su gobierno de la "crisis política venezolana", a través de su portavoz en la Casa Blanca Ari Fleischer, quien elogió al ejército porque "se negó a disparar contra manifestantes inocentes y mantuvo al público informado al tener abiertos los medios de comunicación".
 
     Como dijo el general Vásquez  Velasco, comandante del ejército, "esto no es un golpe de estado ni una subordinación. Es una expresión de solidaridad con todo el pueblo venezolano".
 
                                                   Guillermo Tribín Piedrahita

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