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EL MERCADO LABORAL FEMENINO

Hoy se celebra el día de la mujer trabajadora, una fecha muy indicada para sacar a colación algunas meditaciones pendientes sobre las profesiones de género, y las incongruencias al menos aparentes en que incurren quienes se proclaman como los máximos defensores de la mujer y de su dignidad laboral. Me refiero al tema de las "vendedoras de sexo" o "trabajadoras del amor".

Por empezar, los nuevos parámetros en que nos situaron la terminología y la filosofía marxista, nos obligan a partir del dogma sacrosanto del mercado. En su virtud, un trabajo vale tanto más cuanto mejor lo cotiza el mercado. Quizás por eso el progresismo, con los sindicatos a la cabeza, ha iniciado la batalla por el reconocimiento profesional de la prostitución, profesión de género donde las haya (con una competencia de género muy poco significativa). Ahí está en un lugar preeminente del mercado esa actividad, y es preciso profesionalizarla.


Ya puede ser buena la causa, ya; su nobilísimo propósito es dar cobertura legal, laboral y sanitaria a las mujeres que ejercen la prostitución, y de paso mejorar las garantías sanitarias de los usuarios de esos dignísimos servicios. Buena es la causa. Pero seguramente sus promotores no han medido el alcance ideológico de estos propósitos. ¿O sí?
Si para darle carta de nobleza a esta profesión se emplea como parámetro, al igual que en las demás profesiones, el dinero que se gana ejerciéndola, no sólo se pondrá el honor a la altura del dinero, sino que pronto veremos crecer esta profesión en dinero y en honorabilidad. Las enormes sumas que actualmente se mueven en esta actividad empresarial, nos da idea de sus posibilidades. Y nada tendría de extraño que una vez conquistadas la libertad y la honorabilidad del comercio sexual, se exigiese del estado que ofreciese estos servicios.

Obviamente, como en las demás actividades lícitas, se regularía el trabajo por cuenta propia, por cuenta ajena y en régimen de cooperativa. Se produciría con toda probabilidad la lógica concentración de empresas, tal como vemos en los demás sectores, y se lanzarían hábiles campañas para crear la mejor imagen que revistiese de su merecido buen nombre a una actividad tan denostada; el mejor camino sin duda para fomentar la adicción a un servicio que sin duda alcanzaría muy pronto la declaración de utilidad pública.

Se promovería una profunda revolución ideológica para lavar la prostitución de todo vestigio de pecado y de culpa, tanto por parte de quienes pagan por recibir los servicios, como por parte de quienes cobran por ofrecerlos. Las mujeres públicas serían por fin rescatadas de la ignominia; y "el oficio más antiguo del mundo" quedaría reivindicado. Y no sería la primera vez que tal ocurriese. Se promovería asimismo la formación esmerada de estas profesionales en centros especializados, atrayendo a las aspirantes con los más seductores señuelos. Y a fin de alcanzar la mayor igualdad entre los sexos, se iría a una discriminación sexual positiva a favor de los hombres, y las ordenanzas laborales impondrían a las empresas del sector un cupo de profesionales masculinos.

EL ALMANAQUE desarrolla hoy el concepto de profesional en ese sector.

LÉXICO : Amor y Sexo

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