Unas playas limpias, con mares cristalinos y un sol radiante, que
alumbra con esplendor, continuaron siendo la "puerta abierta" para
el turismo en España, que registró un aumento del 3.4 por ciento el
año pasado, mientras a escala mundial la actividad descendió un 1,3
por ciento.
España puede considerarse
satisfecha, pero no puede bajar la guardia, porque recuperó el
segundo lugar mundial del atractivo turístico superando a una
potencia como Estados Unidos.
Son las paradojas que,
registradas en cifras a nivel internacional, dejan un sabor
"agridulce", obligan a realizar análisis rigurosos y a pedir
explicaciones a quienes han diseñado las políticas de esta industria
cada vez más desarrollada en el mundo, en aquellos países donde hubo
un mayor descenso o las cosas no funcionaron como estaban
previstas..
Mientras en Madrid, en el recinto
ferial Juan Carlos I, el presidente del gobierno español, José María
Aznar, inauguraba la XXII Feria Internacional de Turismo (Fitur)
2002, pidiendo más ambición "para superar nuestro propio éxito", el
secretario de la Organización Mundial de Turismo (OMT), Francesco
Frangialli, ofrecía cifras que, siendo elevadas y, en cierto modo
satisfactorias, indicaban la necesidad de "realizar cambios
profundos" en las estructuras turísticas de muchos países que
tuvieron considerables descensos en la recepción de visitantes.
Según la OMT, el número de
viajes internacionales mundiales durante 2001 ascendió a 689
millones, con el ya citado descenso del 1.3 por ciento comparado con
el 2000 y fue, sin duda, la acción terrorista del 11 de septiembre,
con el derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York, uno de los
principales factores que influyeron para esa baja. La gente se
atemorizó y muchas fueron las cancelaciones de viajes hacia todos
los rincones del mundo, especialmente hacia los paraísos turísticos.
Aznar, que apostó por la
calidad del turismo en España del que, dijo, "goza de buena salud",
se mostró satisfecho porque su país recuperó el segundo puesto como
destino de visitantes, superando a Estados Unidos, y por detrás
únicamente de Francia.
España recibió el año pasado a
49,5 millones de visitantes, con una cuota de mercado del 7,2 por
ciento y un crecimiento de los ingresos del 10,3 por ciento,
equivalentes a 31.737 millones de euros (5,28 billones de pesetas).
No cabe duda que España ha
cosechado un gran éxito no sólo por sus planificadas políticas en el
sector, sus instalaciones hoteleras y turísticas, sus playas, el sol
y sus gentes sino porque después del 11 de septiembre los viajeros
prefirieron los trayectos más cortos y sus demandas hacia el sur del
continente europeo derivaron, en mayor medida, al mercado español,
que fue uno de los pocos destinos que rompió la tendencia decayente
de los meses finales del año anterior.
Sin embargo, España necesita
un cambio de su política turística porque hacia los meses de
noviembre y diciembre del año pasado decrecieron la visita de
visitantes británicos y alemanes porque se "encarecieron mucho los
precios", según explicaron agentes de viajes. Y no debe olvidarse,
tampoco, que ese encarecimiento fue uno de los factores por los que
el gobierno no pudo cumplir sus previsiones de inflación. Hosteleros
y empresas aéreas, en particular, fueron acusadas por el propio
gobierno de haber contribuido al encarecimiento de los precios un
0,7 por ciento más de lo previsto.
En Fitur, la principal
feria del mundo, hay 8.500 expositores de 170 países distribuidos en
71.000 metros cuadrados, que aspiran a "vender bien" su turismo, sus
paisajes, sus calurosas playas, sus instalaciones invernales y la
amabilidad de sus gentes. América Latina y el Caribe, en especial,
han puesto el mayor énfasis para que sus siempre deficitarios
presupuestos puedan recibir unos más que bienvenidos ingresos
adicionales.
Francia, con 76,5 millones
de viajes -con un crecimiento del 1,2 por ciento y una cuota de
mercado del 11,1- siguió mandando en el "mundo turístico", para
aquilatar la supremacía conquistada hace muchísimos años, mientras
que la tercera "potencia" fue Estados Unidos con 44.5 millones de
llegadas internacionales, un 12,6 por ciento menos y una cuota de
mercado del 6,5 por ciento.
Italia, cuarta, registró un
descenso del 5 por ciento, con una cuota de mercado del 5,7 por
ciento y 39,1 millones de viajes, mientras el país más poblado de la
tierra, China, completó el quinteto de los "distinguidos", con un
6,2 por ciento más respecto al 2000, una cuota de mercado del 4,8
por ciento y 33,2 millones de viajes.
Frangialli, en su informe
sobre el turismo mundial durante la primera conferencia mundial de
esta industria, manifestó que Europa registró 400,5 millones de
viajes turísticos internacionales (un 0,7 por ciento menos),
mientras América descendió un 7,0 y recibió 119,3 millones de
viajes.
Esta caída en América no es
atribuible únicamente al 11 de septiembre, porque también influyeron
los problemas económicos de Brasil y Argentina, la ola de violencia
y terrorismo que registra Colombia, los problemas políticos de
Venezuela y Perú y, en general, la inestabilidad política de otras
naciones del Nuevo Continente.
México y República
Dominicana -5 por ciento menos en ambos países-, Brasil -8 por
ciento menos-, Argentina -9 por ciento menos-, Uruguay, Jamaica y
Bahamas -4 por ciento menos-, también sufrieron alteraciones en sus
planes turísticos y en el ingreso de divisas.
Pero fue Japón el que arrastró
al turismo de Oriente Medio a la caída de un 30 por ciento en los
últimos cuatro meses de 2001, situando la cifra anual en la región
en una caída del 9 por ciento. Los problemas económicos sufridos por
el país del sol Naciente se agravaron para el turismo con los
atentados terroristas del 11 de septiembre.
América del Sur, que busca en
Fitur la base de lanzamiento para "vender playa, sol y belleza del
paisaje" tuvo en su conjunto 14.4 millones de visitantes, mientras
el Caribe alcanzó el 16,7 por ciento, pero sus previsiones son de
crecimiento a largo plazo, al igual que todas las áreas del mundo
que saben lo que representa, para sus economías y el desarrollo de
sus infraestructuras turísticas y comerciales la afluencia masiva de
turistas.
"Vender turismo" no es que
resulte demasiado difícil. Lo que pasa es que a esta industria le
afectan acontecimientos tan negativos como el terrorismo, la falta
de mejores infraestructuras hoteleras y viales, el siempre desmedido
afán de los comerciantes por "hacer su agosto" a cualquier precio
sin pensar en sus negativas consecuencias posteriores y lo que está
predominando peligrosamente ahora en el mundo: un desaforado
racismo y una inexplicable xenofobia que pueden resultar, a la
larga, el arma mortal para esta actividad. Y al turismo,
razonablemente, no se le puede matar.