TEMAS DE HOY - COLOMBIA

GUERRILLERO II

Los diccionarios dan 3 definiciones para el término guerrilla: 1. Línea de tiradores formada de varias parejas o grupos poco numerosos, equidistantes unos de otros, que hostilizan al enemigo, cubriendo el frente o los flancos del cuerpo de batalla para preparar el ataque de éste; 2. Partida de tropa ligera, que hace las descubiertas y rompe los primeros fuegos; 3. Partida de paisanos, por lo común no muy numerosa, que al mando de un particular y con poca o ninguna dependencia del ejército, acosa y molesta al enemigo. Y una cuarta acepción se refiere a un juego de naipes.

El término guerrilla es un diminutivo de guerra; y precisamente en el carácter de diminutivo en dependencia léxica de guerra, se da a entender que toda guerrilla es una aportación de pequeña entidad subordinada a aquello que realmente tiene entidad, la guerra. Por eso es preciso que quienes se dedican a la guerrilla, los que gustan llamarse guerrilleros, tengan claro y expliquen a qué guerra están auxiliando; que sepan y confiesen de qué guerra mayor son ellos la guerrilla; de qué grande y poderosa formación son ellos la tropa ligera; porque como dicen los manuales militares, los guerrilleros, los partisanos, los boicoteadores, los salteadores, no tienen la misión de tomar posiciones, que es al fin y al cabo lo que determina una guerra, sino tan sólo la de alborotar, desbaratar, confundir y armar ruido para que venga detrás el ejército, el que realmente hace la guerra y vaya tomando posiciones, vaya conquistando el territorio por el que está luchando.

Por eso, allí donde vemos guerrilleros (auténticos o acoplados), donde vemos guerrillas organizadas (se llamen o no se llamen así: la actividad los hermana) hemos de preguntarnos para qué guerra trabajan (sea bajo jerarquía superior o como espontáneos, que los dos tipos de guerrilleros existen), quién recoge los frutos de su actividad guerrillera. Y la respuesta no es nada difícil. En un caso serán las grandes redes del narcotráfico quienes financian las guerrillas y quienes van avanzando posiciones gracias a la decisiva colaboración de éstas. En otro caso será el nacionalismo quien se pondrá bajo el árbol a recoger las nueces, y gracias a esas sacudidas avanzará con sus legiones de políticos, adictos y clientes, aprovechando y explotando a fondo la confusión y los enfrentamientos que generan sus guerrilleros en el adversario. En otro caso será el islam, que callará prudentemente o condenará sólo de palabra, sin anatematizarlas ni perseguirlas, las acciones de los heroicos "soldados de Alá".

Pero no agota ahí la táctica militar la acción de la guerrilla. Cuando el ejército regular quiere abarcar todo el frente de batalla aunque sus fuerzas no den para tanto, se despliega "en guerrilla": la tropa que estaba formada en batalla, en formación apretada, se ensancha de tal manera que da la sensación de desorden característica de la guerrilla. Es una táctica con la que cuentan también los estrategas, y que da excelentes resultados cuando el rival es débil o está desorientado: las guerrillas atraen a su formación y a su estilo a las columnas y reservas; todo el ejército se convierte en guerrillero. Generales hubo que, deslumbrados por los fulgores de la guerrilla, se apuntaron a ella a piñón fijo, y cosecharon estrepitosas derrotas: porque el rival no era débil.

Mariano Arnal 

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