TEMAS DE HOY - COLOMBIA

GUERRILLA

La guerrilla nace como diminutivo de guerra, como una parte menor y auxiliar de ésta; y los guerrilleros como miembros de segunda fila del ejército, o como civiles que acuden voluntarios en su ayuda. Por eso, cuando hablamos de la guerrilla colombiana o de la guerrilla urbana de Eta Batasuna y compañía (sociedad ni tan anónima ni tan limitada como se nos quiere hacer creer), la coherencia léxica nos obliga a preguntarnos de qué guerra es apéndice menor esa guerrilla, dónde está oculta la montaña de hielo de la que sólo se deja ver la punta.

Es de destacar que la palabra nace precisamente en España, tierra en que más florecen las guerrillas que las guerras. Ya esta misma palabra, aportada por los invasores germánicos, sustituyó a la palabra latina bellum porque sus guerras eran menos formales que las del ejército romano. Mientras éste movía sus formidables legiones como una máquina demoledora, arrasando cuanto se interponía a su paso según el ars bellandi, su peculiar arte de hacer el bellum; las tribus germánicas se dedicaban a las razias y a las escaramuzas, un estilo de luchar mucho más próximo a la guerrilla. Tan claro entendieron que su manera de luchar no tenía nada que ver con la de los romanos, que siguieron llamando a la de éstos bellum; y a la suya, guerra. Cuando desaparecieron las legiones romanas, con ellas desapareció también la palabra bellum, que dejó rastro en rebelión y rebelde, y que hemos recuperado en los cultismos "bélico" y "belicoso".

Eso de disponer de un pequeño ejército que obviamente sólo puede actuar en forma de comando o de guerrilla ha atraído a todos los aventureros y a los que se han dedicado a la delincuencia en gran escala. Fueron las formaciones más típicas de la invasión de los bárbaros y las más genuinas de la reconquista de España. Tiempos en que era posible adueñarse de una aldea, de una ciudad y hasta de un reino simplemente saliendo en pequeños comandos guerrilleros a saquear y a asesinar. Así se ganaban riquezas, poder y gloria.

Los comandos de la mafia no se llaman guerrilleros, sino directamente matones (es un derivado de matar); pero se dan todos la mano en el territorio común del secuestro, del tráfico de drogas y del asesinato. A diferencia de los ejércitos, los que viven de hacer la guerra por su cuenta, son todos ellos mercenarios: es que se han metido en el negocio más rentable. Pueden conseguir todo lo que quieren robando y matando y convirtiéndose en colaboradores armados del narcotráfico y de la trata de blancas. Pueden montarse su propia industria de secuestros. Por eso son solicitados para iniciar a otros en este negocio y auxiliarles en sus inicios. Esa era por lo visto la gran industria de Ben Laden. Y lo más importante de todo es que no se someten a ninguna ley ni divina ni humana. Teniendo el poder de matar, lo tienen todo. Y no digamos ya donde tienen cobertura ideológica que les reconoce y legitima ese poder. Las guerrillas del narcotráfico también se han cubierto con esa pátina de idealismo patriótico y de legitimidad ideológica que convierte sus crímenes en actos de servicio a las ideas, que no sólo no delinquen, sino que blanquean los delitos.

Mariano Arnal 

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