Hoy EL ALMANAQUE tiene el honor de
presentar a su nuevo colaborador, el periodista Guillermo Tribín
Piedrahita, de nacionalidad hispano-colombiana, avalado por un espléndido
currículum profesional: fue Director de deportes del diario El Siglo;
Director de los servicios informativos de Radio Cadena Nacional y
Todelar de Colombia; Editor Internacional de United Press
International; y Redactor Jefe y Subdirector de la Agencia EFE. Le
ofrecemos nuestra humilde tribuna con la voluntad de aportar nuestro
granito de arena para mover el corazón de los secuestradores, al
menos por compasión con el dolor de un niño moribundo.
Andrés Felipe Pérez Ocampo, un niño
de sólo doce años de edad a quien apenas le quedan pocos días de
vida, pues sufre un cáncer terminal, tiene hoy junto a su lecho de
muerte el amparo, el cariño y la solidaridad de cuarenta millones de
colombianos, de compatriotas que claman, con una sola voz, porque se
haga realidad su mejor sueño y la más infantil de sus ilusiones: ver
junto a él a su padre, secuestrado por el grupo terrorista de las
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que, como mucho,
tiene a 20.000 hombres en sus filas.
Desde hace 22 meses, ese grupo
terrorista tiene secuestrado al cabo de la Policía Nacional José
Norberto Pérez, tras atacar el puesto policial donde prestaba
servicios de vigilancia.
Es un doble drama. El de un padre al
que se le ha pisoteado y violado el más sagrado derecho del ser
humano: la libertad, y el de un niño que no comprende el por qué,
cuando más lo necesita, su progenitor, su "querido papá"
-como le llama con frecuencia- se ve obligado a estar ausente para
estrecharle su pequeña mano, sonreírle y mandarle al cielo con la
tierna sonrisa de quien ve cumplido un sueño y hecha realidad una
ilusión.
Andrés Felipe, a quien ya ni la
morfina le calma sus dolores, ha sido destruido poco a poco por esa
terrible enfermedad, y únicamente le queda un pulmón y medio riñón.
Y también le queda, claro está, esa gran ilusión de verse abrazado
por su padre. Y tiene a su "mamita" Francia Edith Ocampo,
que con sus lágrimas de dolor, ha sido testigo de su intenso drama y
le ha acompañado día y noche, sin vacilaciones, con su profundo amor
maternal.
Todos los estamentos de Colombia,
desde sus clases sociales más humildes hasta las más poderosas, han
pedido a las Farc que liberen al policía y le permitan estar junto al
lecho de muerte de su hijo para evitarle una frustración y causarle
un mayor dolor a sus sensibles e infantiles sentimientos.
Muchos colombianos, incluyendo niños,
se han ofrecido voluntariamente para ser intercambiados por el padre
del menor enfermo, en un acto de solidaridad que, sin embargo, no ha
tenido ninguna respuesta por parte del grupo terrorista, comandado
desde hace más de 40 años por "Manuel Marulanda" o "Tirofijo",
que se ha mostrado insensible a ese clamor popular y dice que no
liberará al suboficial hasta que el gobierno no lo intercambie por
uno de los terroristas detenidos.
"Tenemos la impresión de que
asistimos a los funerales del amor, de la solidaridad humana, de la
convivencia", señaló la Sociedad Colombiana de Pediatría en un
mensaje dirigido a los terroristas, en el que piden a las Farc que
permitan a "este niño caminar lentamente, sin amarguras ni
desilusiones hacia su propio fin, en compañía de su padre".
Una carta que su padre le escribió
desde su cautiverio hace meses, y un "monacho" pintado en el
reverso de una cajetilla de cigarrillos, son los únicos recuerdos a
los que se apega Andrés Felipe en los estertores de la muerte para
seguir teniendo la ilusión de compartir con él sus últimos días.
Aunque espera un milagro, y en este sentido, con la ingenuidad de sus
doce años y la dulzura de su mente y su corazón puros, le escribió
al Papa Juan Pablo II para que el Pontífice orara y pidiera al
"Dios bueno y generoso" traer a su padre "antes de
morir".
Las Farc, sin embargo, con su falta
de sensibilidad y de caridad cristiana, han sido incapaces de ofrecer
un gesto humanitario que, al menos, sirva para que Andrés Felipe
muera con una sonrisa en sus labios.
GUILLERMO TRIBIN
PIEDRAHITA
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