TEMAS DE HOY - COLOMBIA

Andrés Felipe sigue esperando a su padre

Redacción de El País - Bogotá

Andrés Felipe Pérez Ocampo está a punto de enfrentar la prueba definitiva en su lucha por sobreponerse al cáncer. Para sus amigos y familiares es todo un valiente, porque a sus 12 años ya sabe lo que es enfrentarse a la enfermedad y le conoce el rostro al secuestro.

A cada momento se asoma ansioso a los ventanales del piso séptimo del Hospital de Policía de Bogotá, para ver si de alguno de aquéllos helicópteros que, con frecuencia, aterrizan en las inmediaciones del centro asistencial, salta su padre, el Cabo de Policía Norberto Pérez Ruíz, secuestrado por las Farc hace 22 meses.

Pero sus esperanzas se siguen diluyendo. El viacrucis del menor se remonta a más de once años atrás, cuando con apenas seis meses de vida perdió el riñón izquierdo. El año pasado, el turno en el quirófano fue para su pulmón izquierdo.

Andrés Felipe se agravó después del secuestro de su padre, a manos de guerrilleros del Frente 42 de las Farc, que delinque en límites de Risaralda y Chocó. El niño entró en una depresión tan grande que, para sus allegados, la guerrilla tiene buena pa9rte de la responsabilidad por las dos metástasis que se le han presentado desde entonces.

Ahora, de acuerdo con los médicos del Hospital de la Policía de Bogotá, en donde desde hace dos meses tienen bajo atención a Andrés Felipe, es impostergable la intervención quirúrgica en medio riñón derecho, medio pulmón derecho y la extirpación de un tumor que lastima la parte superior de su pierna izquierda.

El panorama, una vez salga de la operación, se presenta, al parecer, más complicado de lo considerado en un principio. Según relata Francy Edith Ocampo, su mamá, “mi hijo va a ingresar a cuidados intensivos y muy seguramente lo someterán a diálisis permanente”. Para mitigar su situación, los médicos deben mantenerlo sedado la mayor parte del día.

Pero más que el dolor de las quimioterapias, la dificultad para caminar, la falta de apetito y las pesadillas que sin remedio lo trasladan a un túnel largo y oscuro, lo peor es ver cómo se agotan las esperanzas del reencuentro con su padre.

En los últimos meses Andrés Felipe ha grabado ingentes mensajes radiales dirigidos a Manuel Marulanda, a través de los cuales le solicita que deje en libertad a Norberto para que lo acompañe en su trance camino al quirófano.

La respuesta de las Farc no ha podido ser peor. “Hace cuatro meses que no sabemos nada de Norberto. La único que dijo Marulanda desde El Caguán es que todo esto ha sido un montaje y que no dará la orden de liberarlo”, comenta Francy Edith.

Los padecimientos de salud no han sido los únicos quebrantos que acorralan a la familia del Cabo Pérez. Un juzgado civil de Pereira le embargó su sueldo, razón por la cual Edith Ocampo ha dejado de percibir “los cien mil pesos mensuales para la manutención del niño”. Y aunque la medida ya fue suspendida, el dinero todavía no llega al Juzgado Primero de Familia de Buga.

Por eso, a pesar de la colaboración de parientes, allegados y de la misma Policía, Edith se ha visto obligada a “abrir una cuenta nacional a mi nombre con el número 3064000815334 de Conavi. No tengo trabajo y necesito recursos para proporcionarle drogas, alimentos y otras cosas a mi hijo”.

Pero pese a todo, hoy, cuando entre a la sala de cirugía, Andrés Felipe estará pensando en una sola cosa: que hay que seguir luchando por su vida para poder recibir al padre que le quitaron los violentos en marzo de 1999.

 

En medio del dolor y la indignación se cumplió el sepelio de Andrés Felipe
diciembre 20 de 2001

 

Andrés Felipe fue acompañado por niños y adultos de todas las condiciones sociales que se congregaron en las calles de Buga.
Andrés Felipe Pérez, quien murió de cáncer el martes sin poder ver a su padre secuestrado por la guerrilla de las FARC, fue sepultado este miércoles en la ciudad de Buga, en una conmovedora ceremonia en la que miles de personas clamaron por el fin de la violencia y criticaron duramente al Gobierno y a los rebeldes.

Flanqueado por niños y adultos de todas las condiciones sociales que se congregaron en las calles de Buga, el cadáver del menor fue trasladado desde el comando policial hasta la catedral católica del Señor de los Milagros y de ahí hasta el cementario de la localidad.

El obispo de Buga, monseñor Hernán Giraldo, dijo en su homilía que "Andrés Felipe (12 años), que ya descansa al lado del Señor, se ha convertido en una semilla de paz para Colombia, pues todos los que sufren a causa de la injusticia y de la guerra sin sentido que azota a este país se vuelven mensajeros y promotores de la fraternidad cristiana".

Monseñor Giraldo también se expresó desilusionado por el hecho de que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el mayor grupo rebelde del país comprometido en un esquema de paz con el Gobierno, no hubieran satisfecho al niño, quien pedía la liberación de su padre, el suboficial de la policía José Norberto Pérez, secuestrado desde hace 22 meses.

Mientras soportaba los dolores del cáncer terminal, el menor clamaba permanentemente por la liberación de su padre, para poderlo ver antes de morir.

La madre del niño y esposa del suboficial Pérez, Edith Ocampo, criticó nuevamente a los rebeldes por no haber liberado su marido y se dijo dispuesta a ir por su cuenta y riesgo a la zona selvática desmilitarizada de 42.000 km2 del sur del país -escenario del diálogo de paz y bajo control guerrillero- para hablar de ese asunto con los líderes rebeldes.

El prelado también pidió a las FARC "tomar conciencia de que sus actos están deshumanizando la situación colombiana" y las llamó a decretar una tregua por Navidad y Año Nuevo, "ya que no hicieron el acto humanitario de liberar al suboficial Pérez".

"Creo que el diálogo de paz sería más serio en medio de un cese de hostilidades, pues celebrarlo en medio de la guerra sólo se convierte en pura palabrería y desilusión", enfatizó el obispo.

Mientras se llevaba a cabo el oficio religioso, un niño bugueño de diez años, Alejandro Escobar, leyó a los periodistas una carta remitida al presidente colombiano, Andrés Pastrana, en la que denunció que el caso del menor fallecido se debió "al orgullo y la intolerancia".

"Pudo más el orgullo y la intolerancia de quienes gobiernan este país que el clamor de un niño. (Los guerrilleros) no tuvieron compasión con un menor agonizante que luchaba contra su enfermedad. Y a eso le sumamos la impotencia y falta de generosidad y gobernabilidad de un país donde corre más sangre que sus mismas aguas. ¿Hasta cuándo, señor presidente?", escribió el menor.

El ministro de Educación, Francisco José Lloreda, asistió al sepelio en representación de Pastrana.

Otros niños y adultos de Buga exhibieron pancartas pidiendo el fin del secuestro y otras formas de violencia en Colombia, un país azotado desde hace cuatro décadas por una sangrienta guerra de guerrillas.

Colombia despide a Andrés Felipe

El menor murió el martes aquejado por un cáncer sin poder ver cumplido su sueño de reunirse con su padre, un cabo secuestrado por las FARC.

Bogotá/AP, AFP
internacionales@laprensa.com.sv

 

DOLOR EN COLOMBIA. Agentes policiales montan guardia junto al ataúd del niño Andrés Felipe Pérez, quien murió ayer aquejado por un cáncer. El menor solicitó a las FARC por varios meses la libertad de su padre.

Con una peregrinación de cientos de personas al lugar en el que velan su cuerpo y visibles muestras de dolor, Colombia despidió a Andrés Felipe Pérez, el pequeño que murió de cáncer sin poder realizar el deseo de ver a su padre, secuestrado por rebeldes armados.

Familiares, compañeros, personas de su pueblo e incluso desconocidos de otros lugares, que se sintieron conmovidos por su tragedia personal, llegaron a la funeraria de Buga, población al suroccidente del país.

El menor fue sepultado ayer por la tarde, luego de una ceremonia en la Basílica de Nuestra Señora de Buga, centro religioso que atrae a miles de peregrinos en busca de milagros.

Un dolor común para colombianos

“Yo nunca lo conocí, pero como madre de familia siento dolor aquí por el sufrimiento de que no se pudo despedir de su papá”, dijo María Fernández a periodistas, tocándose el corazón.

“Lo que ha pasado con Andrés Felipe es el símbolo de cada una de las tragedias que se vive al interior de cada uno de los hogares nuestros”, manifestó Marleny Orjuela, presidenta de Asociación de Familiares de Miembros de la Fuerza Pública Retenidos por Grupos Guerrilleros (ASFAMIPAZ).

Andrés Felipe, de 13 años, murió el pasado martes sin poder ver u oír a su padre, un cabo de la Policía secuestrado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) hace 21 meses.

El menor suplicó a los rebeldes que lo dejaran en libertad.

A la petición se sumaron dirigentes políticos, empresarios y miles de colombianos que en marchas pacíficas pidieron la liberación del policía para que el niño pudiera pasar los últimos días a su lado, como era su deseo.

En el caso intervino incluso el Papa Juan Pablo II, quien abogó por la libertad del agente, pero el líder del grupo guerrillero, Manuel Marulanda, alias “Tirofijo”, se negó a ello, y llegó a pedir que el niño fuera trasladado hasta la zona desmilitarizada al sur de Colombia, en poder de esa organización, para que sus médicos constataran su salud.

En los últimos días, los guerrilleros avisaron que permitirían una comunicación por radioteléfono, algo que el menor estuvo esperando en sus últimas horas sin que sucediera.


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