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TALASOTERAPIA 


Como consecuencia de haberse puesto de moda el concepto de terapia, ha crecido de forma espectacular el listado de nuevas palabras terminadas en terapia, una de ellas es la hidroterapia, de la que es una rama importante la talasoterapia. Es éste uno de los efectos del crecimiento de la medicina alternativa, que opta siempre por las curas no agresivas. 

 

 

 

 

 

 

 


Parece que fueron los franceses los primeros que pensaron en la conveniencia de reunir bajo una denominación atractiva el conjunto de actividades y recursos terapéuticos que tienen como base principal el agua de mar. No fueron ellos los descubridores de las virtudes del mar: desde siempre se habían recomendado el clima marino y los baños en el mar para determinadas enfermedades. Esos fueron los cimientos de la talasoterapia. Pero mientras no constituyeron estas prácticas un todo sistemático y diferenciado de las demás curas por las aguas, no se pensó aún en recogerlas bajo un nombre diferenciado. 

Hemos de retroceder cerca de un siglo para situar con precisión el concepto de talasoterapia, que se entendió como una de las variantes necesarias de la hidroterapia y del termalismo. En aquel entonces cualquier clase de baños se tomaban por prescripción, y fuera de esto constituían un lujo que sólo se podían permitir las clases pudientes. Pensemos que al no ser el baño cosa corriente, estaba rodeado de una gran cantidad de requisitos y limitaciones que lo convertían en algo muy complicado y que por supuesto debía estar sometido a vigilancia médica. “La inmersión en el agua del mar, nos advierte la Espasa en el artículo Talasoterapia (1927), es causa de espasmos, opresión y constricción con escalofrío. Éste va seguido de la llamada reacción, con rubicundez y calor de la piel, circulación acelerada y respiración amplia. La temperatura del agua es algo que debe tenerse en cuenta. Los baños de mar templados o calientes producen, en efecto, reacciones menos bruscas e intensas (escalofrío secundario, hiperemia escarlatiniforme, síncope. El contacto diario del agua del mar ocasiona erupciones o comezones diversas (prurito, liquen, eritema).... La edad avanzada y la extrema niñez constituyen contraindicaciones...  

En esos tiempos las playas estaban desiertas; eran naturaleza salvaje y peligrosa, a la que había que acercarse con todas las precauciones. Los clásicos “baños” tan de la época tenían un carácter muy parecido al balneario. Por haber, hasta servicio de transporte de casetas bien climatizadas había, para que el bañista pudiera pasar del agua a la confortable caseta, en la que era transportado hasta la zona edificada. Y si hoy tenemos las playas abarrotadas, no nos quepa la menor duda que mucho tuvo que ver en la génesis de esta revolución el aura de prestigio terapéutico que alcanzaron el agua y el clima marinos. Éstos fueron el gran pretexto para el acercamiento de las grandes masas al mar en los tiempos en que la prevención de diversas enfermedades ocupaba un lugar importante entre las preocupaciones de la gente. El caso es que se lanzaron las masas a practicar la talasoterapia, pero sin los requisitos y remilgos que la distinguieron en sus inicios. (Continuará)

Mariano Arnal 

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