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LA MAR DE SALUDABLE

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En el artículo "Talasoterapia" de la enciclopedia Espasa (volumen 58, página 1696, editado el año 1927 en Madrid por Espasa-Calpe), leemos después de la etimología y la definición general ("Uso terapéutico de los baños o del aire de mar):

Talasoterapia. Terap. La estancia a orillas del mar, lo propio que los viajes marinos, constituyen modalidades de la climatoterapia. La atmósfera marina está saturada de vapor acuoso y salino, y de aquí que al aspirarla haya inhalación y absorción de cloruro sódico. No tardan en sentirse los efectos generales de esta sal acompañados de su excreción mayor por la orina. La permanencia en la playa ejerce una acción estimulante, y especialmente en los niños, que se traduce en resultados tónicos y vigorizantes. La inmersión en el agua del mar es causa de espasmos, o presión y constricción con escalofrío. Éste va seguido de la llamada reacción, con rubicundez y calor de la piel, circulación acelerada y respiración amplia. La temperatura del agua es un factor que debe tenerse en cuenta. Los baños de mar templados o calientes producen, en efecto, reacciones menos bruscas e intensas (escalofrío secundario, hiperemia escarlatiniforme, síncope). El contacto diario del agua del mar ocasiona erupciones o comezones diversas (prurito, liquen, eritema). El apetito aumenta, y la nutrición se activa por la influencia del clima marítimo. La piel se pigmenta y adquiere a la vez mayor resistencia de la normal. Al interior y a dosis elevadas, el agua de mar obra como un laxante. A pequeñas dosis no purga, pues se absorbe y actúa sobre la nutrición como el cloruro sódico. Entre las indicaciones de la cura marina figura en primer lugar el escrofulismo, para el cual obra aquella como un específico. La forma ganglionar no supurada es la que responde mejor al clima marítimo. En el raquitismo se consolidan y rectifican los huesos por la hidroterapia marina. En la pretuberculosis cabe prevenir el desarrollo de la infección. Si ésta se halla ya declarada pero en sus comienzos, puede aún aconsejarse el clima de mar, pero no así en los casos avanzados. La edad avanzada y la extrema niñez constituyen contraindicaciones. Lo propio cabe decir de la plétora, las enfermedades cerebroespinales, la irritabilidad general, el histerismo, la epilepsia y el reumatismo. También se halla contraindicada la cura marina en las cardiopatías, la albuminuria, el lupus, las oftalmías escrofulosas, el catarro bronquial, el enfisema pulmonar, el asma, la gota, la litiasis, la clorosis, la diabetes. En todos aquellos casos en que haya dos asimilaciones u oxidaciones exageradas, debe desaconsejarse el tratamiento marino. Modernamente se han creado sanatorios para aprovechar la acción terapéutica del aire y el agua del mar. Se utiliza en este caso, ya la playa con casetas y sus correspondientes sillas plegaderas, ya el mar mismo en embarcaciones adecuadas. Sea como quiera, en este caso la acción del clima marítimo se une a la de otros agentes fisioterapéuticos. Tales son la aero y la helioterapia, lo propio que la termo y fototerapia, que obran con intensidad diversa según las localidades (Santander, Alicante, Málaga, Baleares, etc.).

Es largo el artículo, pero vale la pena. Estamos en el año 1927 y nos advierte el autor, médico sin duda, que "La inmersión en el agua del mar es causa de espasmos, o presión y constricción con escalofrío"; que "el contacto diario del agua del mar ocasiona erupciones o comezones diversas (prurito, líquen, eritema)", y que "la edad avanzada y la extrema niñez constituyen contraindicaciones", a las que añade un buen número de enfermedades. Sigue con las enfermedades para las que está especialmente indicada, relacionadas la mayor parte con la mala nutrición y la vivienda falta de luz natural y ventilación. Y luego explica cómo se suelen practicar las curas de agua y de atmósfera marina: "Se utiliza en este caso, ya la playa con casetas y sus correspondientes sillas plegaderas, ya el mar mismo en embarcaciones adecuadas."

La exposición demasiado directa al sol y al agua, tal como ahora se practica, no entraban en los cálculos de entonces. La caseta cerca del mar servía para ofrecer al enfermo sombra y comodidad. Y para completar el artículo, además de un grabado de "La playa de Trouville en 1872", en que se ve multitud de gente vestidísima, parte de la cual está bajo una especie de baldaquino, y cinco fotos del balneario marino de Deauville (a estos establecimientos se les llamaba también "Baños de mar", que luego quedaría en "Baños" a secas); además de estas ilustraciones, digo, acompaña al artículo una foto singularísima: una "caseta transportada hasta el agua (en un carro del que tira un robusto mulo) para impedir el enfriamiento de los bañistas al salir del mar.

Todo este conjunto de singularidades nos da una clara idea de lo que era el mar hasta hace algo así como medio siglo: algo sumamente peligroso; un fármaco potentísimo que se debía dosificar prudentemente. Por eso la gente se acercaba al mar con extremada cautela. Prevenían los médicos contra los excesos de salud, como si se tratase de una medicina que si no se tomaba en prudentes dosis amenazaba con arruinar la salud de los temerarios. Igual que los fenicios, que para evitar que se lanzasen al mar sus posibles competidores, contaban y no paraban de terribles monstruos marinos que devoraban a los temerarios. Poco se hubiesen imaginado entonces los médicos que esa medicina la iban a encontrar tan dulce sus pacientes, que se emborracharían de sol, de arena y de mar. Sin pararse en contraindicaciones, sin ninguna prevención. Fue la rebelión de los legos contra los doctores; fue el mayor fenómeno de automedicación con un éxito sin precedentes. Las masas invadieron la mar en busca de medicina: la probaron, les gustó, y ahora acuden a ella por placer; en ambos casos ha sido en beneficio de la salud.

EL ALMANAQUE examina hoy la palabra clima.

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