EL POTENCIAL TERAPÉUTICO DEL MAR

Vienen blancos y con color enfermizo. Aman la playa y el mar. La salud es el primer y mayor atractivo que los trajo a estas orillas, aunque muchos, quizá la mayoría, no sean conscientes de ello y por tanto no puedan explicarlo. Eso forma parte de la memoria colectiva, ya casi genética, que nos mueve hacia donde nos llevaron nuestros antepasados, sin que sepamos explicarnos cada uno por qué nos comportamos de tal o cual manera.

Fue la profunda convicción de que el mar proporcionaba grandes bocanadas de salud para todo el año, lo que indujo a nuestros mayores a hacer cuantos esfuerzos fueran precisos para llevar a sus hijos a pasar el verano a las playas, que de áridos y abandonados desiertos que eran, se convirtieron en las grandes y bulliciosas megalópolis del verano. Miles de kilómetros de playas en todo el mundo se ven inundadas todos los veranos de cuerpos humanos tendidos en la arena o sumergidos en el agua en busca de reservas de salud para el resto del año. A la salud física se le ha añadido la salud psíquica, que cada vez necesita más cuidados. Fue un cambio profundo. Prueba evidente de ese fenómeno fue el vuelco estético respecto al color humano. El color moreno que se adquiría a fuerza de estar en la playa, que había sido señal de villanía (como que todo hijo de vecino se ganaba la vida trabajando la tierra de sol a sol, mientras los señores rehuían el sol en sus palacios); el color moreno, digo, pasó a recibir un nombre nobilísimo, el de "bronceado", y a convertirse en el color de moda.

Fue un gran paso, sin retorno. Descubiertas las bondades derivadas de pasar las horas en la playa junto al mar y de sumergirse en él de vez en cuando, ya no es posible que renunciemos a tanto bien que ahí estaba perdiéndose sin que a nadie se le ocurriera aprovecharlo. Como ocurre con todos los ítems de salud, ya ni siquiera nos damos cuenta de que lo son: la ducha, el jabón, el dentífrico, los profilácticos… hemos olvidado que entraron en nuestra vida por la puerta de la salud, y luego se han quedado instalados en ella como si ahí hubieran estado siempre.

Pero el redescubrimiento del mar para la salud no ha hecho más que empezar. Nos queda por delante un largo recorrido, que hicieron ya en su día nuestros antepasados, relegado al olvido a causa de las convulsiones producidas por el choque y el desmoronamiento de culturas. El mar todavía nos guarda grandes sorpresas: la primera y más inmediata, que se está abriendo camino con mucha fuerza, es la intervención de la mano del hombre para poder gozar de él los doce meses del año; en las densidades, formas y temperaturas más adecuadas a los objetivos de relajación, de estimulación y terapéuticos que se persiguen. Son los modernos balnearios marinos, construidos hasta ahora en las clásicas zonas turísticas, pero que empiezan a instalarse ya en las grandes ciudades costeras. Son los llamados balnearios urbanos, que ofrecen a los ciudadanos un nuevo servicio de culto al cuerpo, más sosegado que el que estaban ofreciendo hasta ahora los gimnasios y la práctica de los deportes; y que se complementan de todos modos con éstos y con la talasoterapia.

EL ALMANAQUE explora hoy la palabra bronceado.

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