HIDROTERAPIA 

Udor (hýdor) es la palabra griega que significa agua; en los compuestos adopta la forma udro- (hýdro-). La tenemos en hidrógeno, hidrólisis, hidropesía, etc. Terapia es otra palabra griega (qerapeia / cerapéia), que significa dedicación, cuidado, culto, servicio... Sorprende que contando con más de un centenar de compuestos de udor (hýdor), no se haya formado en esta lengua el término hidroterapia. Es ésta pues una palabra moderna, creada para denominar la utilización del agua con fines terapéuticos. Esta práctica es tan antigua como la humanidad, pero experimentó un auge definitivo a partir del siglo XIX, lo que hizo necesaria la sistematización de recursos y aplicaciones, con la respectiva denominación. Los numerosos balnearios esparcidos por toda la geografía pasaron a denominarse alternativamente centros de hidroterapia.  

Del mismo modo que la denominación griega de salud (higiene) a través de ugieinoV (hyguieinós) = “sano, saludable, que concierne a la salud”, la hemos reservado para referirnos a la higiene, es decir al primer fundamento de la salud, la limpieza; del mismo modo una de las denominaciones griegas de la medicina, la terapéutica, la hemos destinado a denominar el nivel más elemental de la medicina, que es el cuidar al enfermo o cuidarse él mismo. Cuando hablamos pues de terapéuticas o terapias, nos referimos a cuidados que no requieren la asistencia y la intervención del médico. Podríamos decir que la terapéutica es a la medicina lo que la higiene es a la salud. 

Esto se percibe como especialmente verídico cuando nos referimos a la hidro-terapia, porque no se necesita estudiar medicina para percibir los beneficios que aporta el agua al estado general de salud. Empezando por la contribución higiénica. A estos efectos convendría recordar que cuando eclosionó la fiebre de los balnearios, los manuales de educación recomendaban lavarse los pies una vez al mes y bañarse una vez al año. Es evidente que en ese contexto de mínimos higiénicos, los baños tenían efectos terapéuticos indiscutibles. Pero no fue tan sólo el elemento higiénico el que se descubrió en el hábito de tomar los baños, sino que jugando convenientemente con las diferencias de temperatura, con la vaporización y con los efectos masaje, se creó una metodología de aplicación de las aguas que efectivamente acabó constituyendo todo un corpus terapéutico avalado por excelentes resultados. 

Se constató efectivamente que los baños, aplicados en todas sus formas (inmersión, difusión, presión, continuidad...) y variando la temperatura, son una magnífica forma de cuidarse, siendo los riesgos los que todo bañista conoce y que no precisan de asistencia médica ni terapéutica continua, como ocurre con cualquier otro tratamiento. Todo el mundo es capaz de comprobar cómo los baños de agua fría activan la circulación sanguínea y aportan una coloración saludable a la piel; que este efecto se amplía pasando alternativamente del agua fría a la caliente; que si uno tiene alguna disfunción cardíaca o circulatoria, necesita consultar previamente al médico; que los baños son de lo más sedante y tonificante que se ha inventado. En fin, si a esto añadimos las propiedades específicas de cada agua, estamos ya en plena hidroterapia.

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