ESTÉTICA II

Quedamos en que ta aisqhtika (ta aiszeticá) son las cosas que tienen que ver con las sensaciones; aunque daremos el salto obviamente de la sensación al sentimiento, y forjaremos la expresión del "sentimiento estético". El propio inventor del término y recopilador de las razones estéticas dio ya el salto de la sensación al sentimiento, y del sujeto perceptor, a la razón objetiva de esas percepciones, es decir al objeto.

Suena a paradoja que precisamente los griegos, que rendían un culto exquisito a la estética, no hubiesen sido los creadores si no de este término, del nomen, sí del concepto, de la res (la cosa). Es cierto que al genio sistematizador y recopilador de Aristóteles, que dio forma a la lógica, la ética y la metafísica (lo demás no lo creó ex novo, de nuevo), se le escapó la estética; y más que su idea, que sí la tenía, su sistematización. Es posible que esto ocurriese porque la estética, que ellos llamaban belleza, no era algo distinto y aislable de las cosas, sino que formaba parte inseparable de las mismas; era un accidente casi sustancial. Quizás por eso no lo percibieron como una realidad distinta de las realidades que iluminaba; porque era la luz que convertía la realidad en perceptible, que seleccionaba lo que era digno de ser contemplado. Ellos que a la hora de buscarle un nombre al conjunto de todas las realidades, al mundo , lo llamaron kosmos (kosmoV) = orden, belleza, armonía, no pensaron en la estética como algo codificable. Si lo hubiesen hecho, habría sido sin duda bajo el epígrafe de to kallon (to kál.lon) = la belleza, o ta kala (tá kalá) = las cosas bellas.

Es que por fin la estética ha venido a ser el catálogo de las cosas bellas y de las razones de su belleza. Pero he aquí la primera dificultad de esta disciplina: la definición de la propia belleza, porque siendo carácter distintivo de la misma el placer que produce en quien la contempla, no es esto suficiente, puesto que no nos acerca a una definición objetiva. "¿Qué es eso que en la naturaleza, en las letras, en las artes produce sobre nuestra alma una impresión de placer variable en intensidad, pero no en su condición?. He aquí el gran problema… insoluble", opinaba R. Töpfer, el gran pintor ginebrino. Cada escuela filosófica da distintas respuestas a esta pregunta; los elementos definidores de la belleza que han quedado en la estética clásica como fundamentales son: la integridad, el orden y el resplandor. En cuanto a las categorías estéticas se establecen las de lo sublime, lo gracioso, lo cómico y lo trágico, cada una de éstas con sus obvias subcategorías.

Los tratadistas de estética del siglo XIX se emplearon a fondo en la creación del catálogo de los objetos bellos de la naturaleza siguiendo la división clásica de los reinos mineral, vegetal y animal. El catálogo tenía que saltar de la naturaleza al arte, y así fue, dando lugar a la filosofía del arte, que examina dentro de los objetivos de éste la imitación, la expresión y el ideal como línea maestra que dirige la ejecución. Y en ésta establece las leyes del orden, de la claridad, de la imitación, de la verdad, de la expresión, del placer estético y de la armonía.

Mariano Arnal 

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