ESTÉTICA 

Es éste un cultismo que introdujo en nuestras lenguas el latinista y filósofo Alejandro Teófilo Baumgarten (Berlín 1714- Francfort del Oder 1762). Fue su propósito reunir y sistematizar en una misma obra todas las teorías filosóficas dispersas sobre el arte y la belleza. A este tratado, escrito en latín como el resto de sus obras, lo llamó Aesthética, transcripción latina de la palabra griega aisqhtikh (aiszetiké), a la que asignó un nuevo significado, a partir del que ya tenía. Quedó la obra inacabada porque le sorprendió la muerte; pero la idea de que la filosofía tenía que incorporar junto al estudio de la verdad y la bondad el de la belleza, quedó clara para todo el mundo. Y quedó claro también para todos que la filosofía del arte y de la belleza debía llamarse estética

La idea y la palabra de Baumgarten hicieron fortuna.
No fue él el creador de las teorías sobre la belleza, que formaron parte de la
filosofía desde siempre, sino tan sólo su recopilador y  etiquetador.
Un poco a imagen y semejanza del editor de las obras de Aristóteles, que
denominó “ta fysiká” al conjunto de obras sobre la naturaleza (fysis); y
“metá ta fysiká” a las que iban detrás de la física. Según ese mismo modelo
compuso Baumgarten el término estética. Con la idea de plural neutro. 

¿Pero qué dice exactamente la palabra griega? Pues, ¡oh sorpresa!, nos habla de sensaciones y de sentimientos, no de belleza. Este término prejuzga un alto nivel de subjetividad de la belleza, pone el acento en las sensaciones que provoca su contemplación; y así se ha mantenido el nombre a pesar de que el desarrollo posterior de la estética fue predominantemente objetivo. Del verbo griego aisqw (áiszo), que significa oler (el olfato es el rey de los sentidos), se forma aisqanomai (aiszánomai), que significa “percibir mediante los sentidos”. Y de aquí se forma el sustantivo aisqhsiV (aiszesis), con los significados de sensación y sentimiento; y de éste finalmente se forma el adjetivo aisqhtikoV (aiszetikós), que en su forma de plural neutro es “lo referente a las sensaciones”, “las cosas que se perciben por los sentidos y por los sentimientos”. 

Definida así, la estética se encuadra mejor en la psicología que en el arte, del que pretende ser la filosofía. Y esa es en efecto la raíz de la estética, la percepción; porque al fin y al cabo las cosas son para nosotros como las percibimos, tanto si coincide nuestra percepción con la realidad, como si no. Pero no se detiene ahí la estética, puesto que se ve obligada a estudiar y definir qué formas han de tener las cosas para que sean percibidas como bellas por la mayoría. Y aquí tenemos un nuevo elemento distorsionador: la percepción de la mayoría induce a determinar que la sensación que percibe cada uno, tiene tanto más altas garantías de objetividad, cuantos más son los que coinciden en una misma forma de percepción. 

En el poco tiempo que tiene la estética como disciplina filosófica y empírica, ha tenido oportunidad de dar muchos tumbos. Hoy (como siempre) asistimos a la creación de líneas estéticas efímeras, gracias sobre todo al inmenso poder de los medios de comunicación. ¿Pero es eso estética?

Mariano Arnal 

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