EL CULTO AL CUERPO 

Hoy moría en una clínica madrileña una mujer en una operación de liposucción con anestesia total. Es uno de los accidentes a que se expone quien se somete a la cirugía estética que ciertamente tiene carácter de primera necesidad en unos casos, pero que en la mayoría de ellos es perfectamente prescindible. El de la muerte es ciertamente el accidente más lamentable, y por fortuna poco frecuente; pero hay otros accidentes, como los errores de diseño o de ejecución, que siendo también muy pocos, son muy llamativos, en especial. los de cirugía mamaria.  Las playas son el mejor escaparate de este fenómeno. 

En efecto, entre las demás gratificaciones del espectáculo playero, está la posibilidad de admirar las maravillas y también los desastres de la cirugía estética. Que no es lo mismo lucir los pechos bajo la ropa, en cuyo caso el admirador siempre cuenta con la actuación más o menos proteica de los sostenes, que mostrarlos al desnudo y sin tapujos. Es probable que del mismo modo que la introducción de la librería en el mobiliario del comedor o del salón disparó la venta de libros a los no lectores, la posibilidad, la necesidad o el deseo de exhibir el cuerpo casi totalmente desnudo en la playa, sea el factor determinante del espectacular crecimiento de la cirugía estética en zonas que la ropa no sólo cubre, sino que también configura.  

Es el caso que del mismo modo que cuando alguien se pone nueva dentadura procura que ésta sea perfecta, cuando una mujer se arregla los pechos procura alcanzar en ellos el mayor nivel de perfección posible, de manera que se nota en ambos casos que el órgano no lo crió así la naturaleza, que hay apaño. Por eso todos los que se dedican a restauraciones de este género aconsejan a su clientela un cierto grado de imperfección para que todo parezca más natural. Pero no todas  las clientas se dejan aconsejar; y por otra parte, del mismo modo que hay albañiles, carpinteros y demás profesionales manuales bastante chapuceros, también hay cirujanos (los trabajadores manuales de la medicina) que necesitan mejorar. 

La playa , que es durante el verano el mejor escaparate de esos artesanos, nos pone bien de manifiesto sus fallos. Caí en la cuenta de esta evidencia un día en que mis ojos, que suelen resbalar suave y discretamente por el espectáculo playero, tropezaron con unos pechos que insultaban a la ley de la gravedad. Eran estrechos y alargados, y a pesar de ello mantenían su prominente horizontalidad. Parecían torpedos a punto de salir disparados. No eran para recrear la vista, sino para ofenderla. Su portadora parecía satisfecha de su magnífica dotación, con lo que consideré que tampoco era tan grave la cosa. 

Cuando cree uno que lo tiene todo visto, se le aparecen esos prodigios de la naturaleza o de la técnica; ve nuevas especies que antes no había conocido. Y sobre todo acaba de caer en la cuenta de que entre los mamíferos, la especie humana ocupa un lugar muy destacado. En efecto, entre los miles de especies de mamíferos, son muy pocas las que llevan las mamas protuberantes fuera de la lactancia, y todas ellas resultado de manipulación humana. 

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