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ARGENTINA: EL PAIS DE LAS ARCAS VACIAS
Argentina, uno de los países más poderosos de América Latina,
que ocupaba el tercer lugar dentro de la economía del continente
se encuentra con las arcas vacías gracias a unos políticos
ineficaces que destruyeron sus instituciones y la sumieron en una
crisis socio-económica de la que ni los más optimistas esperan
que pueda recuperarse con prontitud. Es, hoy, un país en
bancarrota.
Será el peronista Eduardo Duhalde, elegido Presidente de la República
el uno de enero por el Congreso reunido en Asamblea Legislativa,
por 262 votos a favor, 21 en contra y 18 abstenciones hasta el 10
de diciembre de 2003, y quien asumió la Jefatura del estado el
martes dos, el que tiene la "difícil papeleta" de dar
soluciones concretas a un país que, de momento, se encuentra en
un túnel sin salida. Le corresponderá, asimismo, acabar con el
vacío de poder que vive su país desde la renuncia de Fernando De
la Rúa.
Tras dos semanas de convulsiones, que comenzaron el 19 de
diciembre y aún prosiguen, Argentina mostró al mundo su cara más
negativa, con un carrusel de políticos -cinco- al frente del
gobierno, la destrucción de edificaciones, supermercados, bancos
y tiendas, de actos de pillaje y continuos enfrentamientos entre
manifestantes y las fuerzas del orden que, por fortuna, dada la
magnitud de los acontecimientos, arrojó únicamente un saldo
de 30 víctimas fatales, diversos heridos y un elevado
número de damnificados.
Pero esta situación por la que atraviesa Argentina no comenzó
hace dos semanas. Viene de tiempo atrás y, especialmente, de los
últimos 43 meses cuando empezó una recesión que paulatinamente
fue minando los cimientos de la economía, originando un terrible
endeudamiento y causando una gravísima crisis social, en donde
millones de personas traspasaron el umbral de la pobreza para
alcanzar el de la miseria y engrosaron las listas del paro.
El presidente constitucional, Fernando de la Rúa, de la Unión
Cívica Radical, a quien sus compatriotas calificaban de "no
apto" para ocupar la primera magistratura del Estado, fue el
causante de lanzar hacia el vacío una economía que dejó
tambaleante su antecesor Carlos Menem, incurso en problemas con la
justicia.
De la Rúa se convenció el 20 de diciembre de 2001, tras
proponer un "gobierno de unidad", que no podía
continuar al frente de un ejecutivo debilitado y de un país
en ruinas, y presentó su renuncia, aceptada de inmediato.
Surgieron signos de esperanza, que pronto se vieron truncadas. Y
fue, entonces, cuando empezó el "tío vivo"
presidencial a funcionar con inusitada rapidez.
Cronológicamente, el 21 de diciembre, el Congreso delegó el
mando presidencial en el peronista Ramón Puerta, presidente del
Senado, que lo ejerció durante 48 horas; el sábado 22, el
Cuerpo Legislativo designó al también peronista Adolfo Rodríguez
Saá, gobernador de San Luis, para remplazar a Puerta.
Rodríguez Saá, elegido hasta el 3 de marzo de 2002 -cuando
concluía el periodo constitucional de De la Rúa-, declaró la
suspensión del pago de 132.000 millones de dólares, la
creación de una tercera moneda, el "argentino" y, demagógicamente,
en un país en estado de coma, anunció el lanzamiento de un Plan
Social, con la creación de un millón de puestos de trabajo.
Dijo, además, que su gobierno "atenderá prioritariamente la
emergencia social de Argentina y luego cumplirá sus
obligaciones financieras externas".
El
viernes 28 de diciembre no hubo "inocentes" en
Argentina. Millares de personas salieron a las calles de Buenos
Aires haciendo sonar sus cacerolas para protestar por la
imposibilidad de retirar de los bancos los sueldos y las
jubilaciones y repudiando la designación de "personajes
corruptos" en el gobierno de Rodríguez Saá.
El día 29 las cosas se agravaron más y los manifestantes
invadieron el Congreso destrozando parte del mobiliario y
encendiendo una hoguera, mientras hubo nuevos destrozos en
comercios y bancos, con elevada cifra de heridos y detenidos.
Ese nuevo "golpe de opinión", con las gentes en las
calles de todo el país, debilitaron al Presidente Rodríguez Saá
que, tampoco contó con el apoyo político del peronismo, y
presentó su renuncia el 30 de diciembre, y casi con las primeras
luces del día y del nuevo año, el uno de enero, Duhalde fue
elegido presidente.
Duhalde, un curtido y veterano político, "enemigo de su
enemigo" Carlos Menem, utilizó su capacidad de negociación
y el hábil concurso de dos de sus secretarios privados y, nada
menos, que de cinco teléfonos móviles (allí llamados
celulares), para alcanzar un acuerdo con su Partido Justicialista,
la Unión Cívica Radical y Frepaso, que le permitiera acceder a
la Presidencia Argentina y gobernar hasta el 10 de diciembre de
2003.
"Mi primera obligación es garantizar la paz social y evitar
la anarquía. Hay que ordenar Argentina", expresó Duhalde en
su primer discurso, mientras que el analista político Rosendo
Fraga, en diálogo con "La Nación Line", tras señalar
que la crisis institucional que vive Argentina "no tiene
precedentes", opinó que esta "es la última carta de la
dirigencia política tradicional para demostrar que puede resolver
los problemas del país".
También Duhalde está convencido que "la crisis no permite
equivocaciones" y llamó a sus compatriotas a construir
"una nueva alianza productiva y a despertar la conciencia
nacional".
Para ello, el nuevo presidente anunció inmediatas medidas económicas
y envió al Congreso un paquete de ellas que contemplan una
"devaluación controlada" del peso (a la par
con el dólar, desde 1991), entre un 30 y un 40 por ciento: el
abandono de un régimen monetario de convertibilidad con el dólar,
para buscar beneficiar a los exportadores -el sector más
endeudado en dólares- y con la devaluación se busca
liberar 15.000 millones de dólares, que urgen para "sostener
el nuevo modelo económico".
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos y el Grupo de
los Ocho (G8) no opinaron hasta "conocer totalmente las
nuevas medidas", mientras dirigentes políticos, empresarios
y legisladores dieron su apoyo, y varios analistas señalaron como
la principal causa de la depresión de la economía -que no crece
desde 1998- al régimen de cambio fijo, que ahora se pretende
sustituir.
La grave situación de la economía argentina, como lo demuestra
que el déficit fiscal entre enero y noviembre de 2001 supera ya
en 1.583 millones de dólares el desequilibrio que el país se había
fijado para todo el año, está causando también estragos en
otras economías latinoamericanas y, por ejemplo, el Mercosur -Mecado
Común del Sur-, del que Argentina es uno de sus bastiones, puede
recibir los "mayores palos" y crear dificultades a los
países miembros, como si duda los creará a las empresas españolas
que, de momento, han calculado los perjuicios en 300.000 millones
de dólares.
Allí no hay que lanzar la primera piedra para saber quienes son
los culpables de la protesta social y del estado agónico de un
enfermo llamado Argentina. Está en boca de todos; en los
titulares de todos los medios de comunicación del mundo; en cada
una de las cacerolas que personas desesperadas, agobiadas por la
miseria, hacen sonar todos los días. Es la ineficaz clase política
que convirtió a un modelo de economía segura y de plena
confianza en el país de las arcas vacías.
"Esperaron a que el país les estallase entre las manos para
emprender reformas esperadas hace tiempo", dijo el diario
"El Tiempo", el más influyente de Colombia, en su
principal editorial del cuatro de enero.
Y
es que esta clase política por estar "engolosinada con la piñata
del poder" da continuos espectáculos de fracaso, una y otra
vez. Y para nada le sirven las experiencias negativas.
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