TEMAS DE HOY - ARGENTINA

ARGENTINA II

El nombre de Argentina fue el resultado de un espejismo en el que cayó el primer explorador del país, Sebastián Cabot cuando los guaraníes le dieron aquellos pedazos de plata sin labrar. Se dejó arrastrar por la fantasía, que le hizo ver aquel enorme río como "el Río de la Plata". Seguro que Cabot vivía también envuelto en la leyenda de El Dorado, ese país imaginario tras el que iban los conquistadores. Por eso creyó que si no había llegado al mítico país en que los jefes de las tribus se bañaban en polvo de oro, había arribado al menos a otro en que era posible bañarse en plata. Fue un espejismo, como un encantamiento en el que entró Argentina, y del que no encuentra la manera de salirse.

De La Plata se pasó a La Argentina. Lo que se hizo fue latinizar el nombre. La traducción al latín de "de plata" hubiese sido argénteus (fem. argéntea). Pero se prefirió acudir a la forma Argentinus que existía como nombre de un pueblo de Apulia, en Italia (Argentini, Argentinorum) y como nombre del dios de la plata, hijo de Esculano, el dios del cobre. No fue preciso acudir directamente al latín, puesto que existía ya el adjetivo poético argentino, argentina, además de argénteo. Ahí tenemos, pues, como referente, la feminización del dios de la plata. De ahí se quiso pasar al argentino. Pero esto no sólo recientemente, que esa idea viene documentada desde 1906.

Ya entonces se preparaba un proyecto de ley de "valorización de la moneda": la nueva moneda, el argentino, tendría el mismo valor que el franco francés. Las monedas serían de oro, plata y níquel. De este modo se pretendía frenar la fluctuación de la moneda y la inflación derivada. El problema, el mismo de hoy: gastar sin medida, mediante el cómodo recurso de imprimir más papel moneda cuando escaseaba el dinero. No habían salido del espejismo: los gobernantes creían que se podían bañar alegremente en plata, que mientras pudieran imprimir billetes, no les faltaría.

Un fenómeno que causa alarma entre los financieros que estudian el desenvolvimiento progresivo de los diversos ramos de la Administración, es la falta de armonía entre los gastos de la administración nacional y el aumento de la población total. Hay un verdadero lujo en multiplicar los empleos, aumentar los sueldos y otorgar concesiones onerosas para el Tesoro público como si el fondo común fuera inagotable. Cito directamente la Espasa. Y añade la enciclopedia una estadística sacada del anuario oficial de 1907sobre el crecimiento del gasto público en proporción con la población. En 1897, para una población de 4.186.267 habitantes, el presupuesto era de 42.435.563 pesos oro. Al año siguiente, con un aumento de105.308 habitantes, el presupuesto ascendía ya a 60.656.561 pesos oro. Con 5.377.639 habitantes en 1906, el presupuesto se había colocado en los 101.879.578 pesos oro.

Es como si el espejismo del descubridor de Argentina, del que dejó constancia en el nombre que le dio, siguiera gravitando sobre el país: no es tanta la plata disponible. Porque el papel, aunque sea moneda, al final, es papel, no plata, si no hay auténtica plata, auténtica riqueza dándole valor.

Mariano Arnal 

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