PSICOANÁLISIS   ESOS DÍAS TERRIBLES

GABRIEL O. ALVAREZ PSICÓLOGO ARGENTINA MP:20199 MN:27528

“Tan solo descubro ante mi un conjunto de imágenes 
que tiran cada una por su lado. 
Se reflejan en algo y ese algo es mi propio yo, un espejo al que, 
cuando lo interrogo, demuestra ser la nada...”.  Hermann Hesse.


Hay días en donde no se le encuentra sentido al sentirse así. Donde lo oscuro de la soledad interroga a nuestro yo sin palabras. Días terribles, pero que rescatan lo mas profundo, aquello tapado por el trajín del ir y venir cotidiano, de esos caminos donde no se descubre nada nuevo, en un ir y venir sin jamás llegar donde el deseo.
Días terribles buscando espacios. Espacio que solo se halla si algún Otro nos habré su puerta, la que vale, la del corazón. Están los que no buscan y encuentran. Y los que no saben que hacer con sus sentimientos, como si la soledad, para ellos, consistiera en una larga y triste espera.
Los humanos necesitamos saber que en algún lugar hay alguien que nos espera. O tal vez nos espero, y apelamos al recuerdo. Fracasos del olvido, latidos de la memoria en el pecho, que nos hacen saber que el consuelo hoy ya no sirve para acallar al amor. Porque cuando en las venas el frío nos invade recordamos llamas que algún día nos ofrecieron su pasión. Y la pasión es un eficaz barredor de tristezas.

Días terribles donde se pierde la estupidez. Donde algo falta, aunque no se sepa bien que, ni donde, ni a quien. Pequeños inmensos vacíos que nos habitan.
Y hoy es dolor o culpa por haber perdido tanto tiempo para decir lo que nunca se atrevió a decirle y a decirse. Culpa por no comparecer ante la vida y defraudar tanto deseo. Y hoy es dolor, como diría Alfredo Zitarrosa: “¿Y porque duele tanto, y porque duele que parte de quien?...Partes que nunca habían dolido, y que eran tantas partes...”.
Personas que en alguna esquina de la vida extraviaron la brújula del amor para no extraviarse. Y que hoy viajan por ríos de concurridas soledades, como iceberg a la deriva, mostrando solo una ínfima parte de sí. Ser huido de sí mismo, que combate la sensibilidad de su propio corazón.
Días terribles pero que revolucionan lo monótono conservador del “mejor me sigo haciendo el tonto”.
Días terribles donde se escucha un “así ya no, que vivir así no tiene motivo”. Y se anima a preguntar: “¿cómo aprendo a usar el corazón?.
Si así se interroga lo invito a aprovechar esta tormenta para transformar el dolor en palabra seria. 

GABRIEL O. ALVAREZ

Mail: psigoalvar@yahoo.com.ar
Sitio en Internet: http://www.elalmanaque.com/psicologia/
Desde ya muchas gracias y hasta la próxima.

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