LA RECTIFICACIÓN SUBJETIVA

“... si la clínica freudiana constituye referencias

 operativas para modificar algo de ese sufrimiento-

 que es interpretado por el neurótico en términos

 sexuales, y por eso lo llamamos goce- es en la medida

en que pasa por el filtro de la palabra”. 

GABRIEL LOMBARDI.
 


Y te golpeas la cabeza contra muros de no – amor. 
Eso te confunde. Con-fundirse podrá no ser un “fundirse” con. ¡No te fundas!, como un motor de automóvil usado. Mas te sientes usado por ese goce inexplicable que te reduce día a día. Para que un motor usado no se funda “hace falta” una rectificación. El motor de la vida es el amor. El motor de la vida es tener ganas de. Una rectificación es una puesta a punto.Un punto que te ponga acorde. A punto con aquello que deseas de la vida. Ponerse acorde. Acorde en música es una melodía. Melodía que resuena o no resuena. Aquello que un psicoanalísta interpreta es aquello que suena y resuena en tu decir, aunque no quieras escucharlo. Puesta a punto de tu decir. Ese punto que puntúa es la labor de un analista.
Puntuar es hacer puntería. Para hacer puntería hay que a-puntar a un blanco. Para hacer blanco en un polígono de tiro “hace falta” puntuar en el centro. Y en un blanco de polígono ese centro es negro, oscuro. Oscura como la causa de aquello que te aqueja. Si las cosas fueran tan claras no hubiera existido el psicoanálisis. Y todo se reduciría a un saber hacer. Un psicoanalísta apunta sobre esos puntos oscuros de tu discurso, produciendo cortes en el bla-bla que es solo parloteo sin consecuencias.
Ese corte en el decir que introduce un psicoanalísta se llama interpretación. Que puede consistir en algo que se diga o en algo que no se diga. Habrás notado que el silencio de tu analista, en ocasiones, libera mas sufrir que mil palabras.
La rectificación subjetiva es el intento de que te escuches. De que tu palabra deje de representar el puro parloteo que nada dice de ti. O que solo dice lo que lo que tímidamente te atreves a formular. La palabra dice del sujeto que la dice. 
Muros de palabras que levantas para que nadie te tome por sorpresa en tu sentir. Sentir- querer, decir, desear, amar, de “eso” se trata. Lo que vallas diciendo (dejara de ser vallas o muros) sesión a sesión va actualizando tu dolor. Y la meta de un análisis es que pierdas algo de sufrimiento al salir de cada sesión. Ocurre con frecuencia de que te vas mal de una sesión, pensando: ¡¿A este tipo que le pasa?!, nada de lo que digo le complace, no se que pretende. Quería quedarme un poco más para decirle todo, y me corta. ¿Cómo me puede cortar donde mas me angustie?.
Y a las pocas cuadras sientes un gran alivio sin explicación. Un analista actúa con cortes, como un cirujano, separando la paja del trigo, acotando el sufrir.
La interpretación de un psicoanalísta es un corte en ese venir hablando de un paciente. Que como todo corte anuncia un antes y un después. El corte se produce por algo que has dicho, que va mas allá de lo que quisiste decir. O se convierte en el corte de una sesión, cuando tu psicoanalísta te dice: “Por hoy llegamos hasta aquí”. Siempre la finalidad es separar el querer decir de lo dicho. Y no siempre lo dicho en sesión comprende todo lo que tenias ganas decir. 
Para llegar a una rectificación subjetiva “hace falta” un periodo de prueba, es el primer momento de alguien que consulta. No todo aquel que consulta llegara a ser un paciente en análisis. En esto cuenta la posición del analista así como también de que el paciente este decidido a cambiar, a rectificar su posición como sujeto ante la vida. Es decir del lado del paciente debe haber un deseo decidido de saber y curarse, y del lado del psicoanalísta el deseo de ocupar (para ese paciente en particular) la causa que precipite a ese sujeto en la cura. De allí: “Y te golpeas la cabeza contra muros de no – amor “. Transformar el amor a un psicoanalísta que te rescatara de tu sufrir, en un amor al saber de aquello que te aqueja, será el desafió de tu análisis. Apostemos a ello. 


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Desde ya muchas gracias y hasta la próxima.

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