PSICOÁNALISIS


LOS NIÑOS Y SU DESEO DE SABER 

“Me pregunto si la vida moderna no estará teniendo más de moderna que de vida”. MAFALDA. 

 Padres, docentes y demás adultos que se hallan en contacto con niños habrán notado que a cierta edad, (alrededor de los 4 o 5 años), comienzan las preguntas de los porque. ¿ Y por que llueve mama?, ¿Y porque es viejito el abuelo papa?, ¿ Y porque trabaja papa?, ¿Y porque sale el sol mama?, ¿ Y porque fumas papa?, ¿ Y porque no puedo dormir con vos mama?, ¿Y porque estas embarazada mama?, ¿Y porque no me dejan ver esa película?, ¿Y porque...          

                  ¿ Y por que?, preguntan, y “llenamos” esas preguntas con la batería de respuestas que tenemos, recurrimos a la ciencia, a la religión y a nuestra propia historia para calmar ese deseo de saber de esos “locos bajitos”.

                  ¿ Y por que?, preguntan. Y por mas que nos esforcemos en responder todo, sus preguntas continuaran aun un poco más. “Encore” podría decir un psicoanalista francés llamado Jacques Lacan, para recalcar esta insistencia en querer llegar siempre un poco mas allá de lo sabido, de lo conocido y porque no de lo establecido, claro, siempre en nombre de un saber que no tiene limites.

                  Los adultos ya perdimos hace tiempo esa forma de cuestionarnos las cosas, de preguntarnos el porque de algunas “verdades” que sostenemos sin mucha lógica. Preferimos atenernos a lo ya sabido, a ese pequeño mundo intimo y fantasmatico en el que nos refugiamos, como si esto nos diese alguna seguridad.

                  Los niños no se conforman con nuestras certezas esquivas, ellos preguntan, ¿y por que?, poniendo en jaque muchas veces ese pequeño mundo fantasmatico que nos hemos construido.

                  Los adultos en general no quieren saber nada de ese “ENCORE”, sus respuestas estereotipadas tapan cualquier posibilidad de que su mundo fantasmatico, (es decir el fantasma de cada cual) sea cuestionado. Sin embargo esto fracasa la mayoría de las veces, y un acontecimiento imprevisto hace zozobrar esa estabilidad que nuestro pequeño mundo mental nos daba. Algunas veces ese es el momento de comenzar un tratamiento. Como cuando Joaquín Sabina repite “Ahora que sin saber hemos sabido”.

Y que nos guíe el deseo de saber. 

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