PSICOANÁLISIS
  

GABRIEL O. ALVAREZ PSICÓLOGO ARGENTINA MP:20199 MN:27528

Soledades

 

“Hasta el hombre más razonable necesita, de vez en cuando, volver a la naturaleza, es decir a su relación fundamentalmente ilógica con todas las cosas” (1). 

El que se siente solo. El que comparte su soledad, y el que la mezquina.

Bombas que ruedan y en su rodar destruyen, marchitan, o aun peor pasan de largo. Solitarios en plena familia. No todo aquel que se reúne hace algo de su vivir sujeto.

Señales gárgolas que se extravían. Ojos, hijos, abuelos, manos, padres, genes, tías, bienvenidas. Pequeñas familias.

Familias. Núcleos desiguales, cada familia es un mundo, inmenso o diminuto. Soledades familiares.

Lo familiar. Lo acostumbrado. Lo conocido. Y a veces el amor que pasa de largo.

Hay quien decide formar una familia para rescatarse de su soledad. Como buscando una luz prendida en un callejón oscuro. 

Solitarios truenos. Soledad familiar. Lagrimas solidarias. ¿Que hacemos con nuestro amor?.

Lagrimas gotas solidarias que se derraman unas tras otras. Letras que se enredan, que se enlazan, que se enamoran y paren palabras que no paran.

Una soledad es lo triste no dicho. La soledad es una ola vacua sin interlocutor. Lo triste es sequedad con o sin lagrimas, pero que no es mar porque se esta solo.

“La luna va en eclipse y el sol se queda solo y al viejo laberinto le cuesta abrir la puerta”, dice el poeta.

Laberintos de la vida. Gracias y desgracias.

Eso profundiza la soledad. Laberintos a des-cifrar.

Soledad y distancia. La soledad no es silencio. La soledad es bullicio de pensamientos propios, que se desentiende de los otros sujetos que te rodean.

Soledad como refugio. Soledad como aislamiento. Soledades diferentes.

El porque de las cosas que nos pasan. El que se interroga y no halla respuestas. El que se las sabe todas y no tiene preguntas. Lo triste es quedarse sin preguntas.

Des-cubrir, recorrer, chispas, ganas de saber, o aun mejor de hacerse buenas preguntas.

Una buena pregunta derrota soledades. Alguien se mete en el asunto, se involucra, se pone a buscar, y por allí comienza a encontrar cosas, un dibujo en un cajón de cuando tenia 5 años, y allí nomás se pone a sentir, y asi buscando comienza a encontrarse. Para salir de la soledad hay que comenzar, despacito, a abrir puertas.

Hay que sacarse de la cabeza ese “nada va a cambiar”. Lo malo se aferra con uñas y dientes, lo peor pacta con lo peor de cada quien.

Salir de la soledad es poder interrogarse en relación a otro, sin respuestas.

No se trata de responderse con el pensamiento, sino de animarse a interrogar. Lacan lo diría asi:

“No se trata de saber si hablo de mí mismo de manera conforme a lo que soy, sino si cuando hablo de mí, soy el mismo que aquel que hablo” (2).

La soledad del razonamiento no deja espacio al sentir.

El razonamiento, se convierte a veces en un refugio, en una cueva exiliada del sentir.

Vencer la soledad es volver a sentir. 

Referencias:

1- F. Nietzsche. Humano, demasiado humano.

2- J. Lacan. La instancia de la letra... 

 


GABRIEL O. ALVAREZ. PSICOANALISTA

Mail: psigoalvar@yahoo.com.ar
Sitio en Internet: http://www.elalmanaque.com/psicologia/
Desde ya muchas gracias y hasta la próxima.

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