La Muerte de un Ser Querido 
 

...“sentado en la vieja casa familiar,  frente a la imagen de la madre muerta...

Dice la Madre: -No llores, yo estoy bien. Dice el Hijo: -No lloro por ti, lloro por mí,

porque ya  no estas para pensarme”.  Pirandello

 

 

Un poeta como Pirandello puede, buceando en su interior, conmover al mundo con una prosa como esta, enseñándonos que las palabras no son solo palabras. ¡Que doloroso resulta perder a un ser querido!. No es solo su presencia física lo que echamos de menos, existe algo mas que ahora esta en menos. Es “eso” que representábamos para él, HIJO, PADRE, AMIGO, HERMANO.

 ¿Que “significante” éramos para ese OTRO?.

Decir “ya no estas para pensarme” es decir ya no estas para brindarme ese espacio tuyo que me dabas y que solo yo ocupaba. Es sentir que ya no poseo ese espacio, ese lugar, ese hueco, ese agujero donde ser y refugiarme.

Duelar, realizar un duelo, no es lo mismo que olvidar, no es hacer de cuenta que aquello nunca existió, tampoco se trata de encontrar algo que reemplace a lo perdido. Porque lo perdido no es un objeto, es un espacio vacío, ese lugar que en el Otro ocupábamos.
 

Espacio encontrado en el Otro, compuesto por nada, eterna falta que llamaba a “ser” colmada por nuestro “ser”. ¿“Que soy ahora que ya no estas?”. Podré ser muchas otras cosas para otros muchos, pero jamas volveré a “ser” aquello que fui para aquel, que signifiqué para aquel. Podré encontrar otros agujeros en Otros en donde refugiarme y “ser”, pero serán distintos, no existen dos huecos iguales.

Ese lugar en el Otro que ahora nos falta “nos hace falta”. Cuando ese espacio, ese vacío en el Otro donde éramos “falta”, la angustia nos invade.
 

Los seres humanos inventamos, a través de nuestra cultura, una serie de medidas para duelar esa falta. Son medidas simbólicas que nos permiten rodear ese agujero que ya no esta, ponerle palabras a ese sinsentido, son los ritos funerarios y las palabras de despedida que intentan bordear los limites de ese hueco que es lo mas REAL con que nos hallamos topado en nuestra vida.
 

Un duelo consiste en combatir el olvido, inscribiendo la memoria, y así construir una historia allí donde el dolor se instala y faltan palabras. Palabras que bordearan ese dolor inexpresable, pero respetando los silencios donde quedara encerrado lo que nunca podrá ser dicho, porque no hay palabras para lograr expresarlo.

Un psicoanálisis permite relacionarnos de otro modo con esa falta, hacer de ella una causa que nos  permita cambiar nuestra posición como sujetos frente a lo REAL de la vida. En una sesión se habla, se cuenta, se dialectiza el sufrimiento, se moviliza a ese sujeto entrampado en las redes de la inhibición, de la morti-ficante espera.
Como cuando a ese niño que se le ha muerto su hermano ya no quiere jugar, no desea comer y las noches se transforman en una espera interminable sin sueño, y no habla, no pregunta, no dice nada. Tal vez algún día cuando comience a realizar su duelo podrá decir: -“sin mi hermano es muy aburrido jugar, es muy aburrido comer y es muy aburrido dormir”.

Poder poner su sufrimiento en palabras, hacer pasar ese “goce mortífero” por el cause del lenguaje, le permite comenzar a darle otro tratamiento a su sufrir, las palabras acotan el sufrimiento, permiten que este se pueda desplegar a través de ellas, y que no quede detenido en un sufrir permanente.