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LÉXICO  DERECHO - JUSTICIA - POLÍTICA

 
LOCALISMO
 

Es un cultismo obtenido de la palabra latina locus, loci, que significa lugar. Está relacionado con el griego locoV (lójos), que significa emboscada (pequeño grupo de soldados apostados en un lugar, y de ahí el mismo lugar). Es una constante de la geografía antigua: no está hecha de tierras, sino de hombres. La realidad de partida tanto para los griegos como para los romanos de quienes hemos heredado nuestras palabras, eran los pueblos, las gentes; no los lugares. De todos modos cuando esta palabra pasó al latín lo hizo con el exclusivo significado de lugar, extendido también a sus formas metafóricas. 

De locus hemos derivado local, localidad, localizar, localismo; locativo y locatario (relativos al arriendo), colocar (del que vendrá colgar, a través del latín col.locare); dislocar, locomotor, locomotora, locomotriz…Tenemos pues bien claro su significado. 

Cuando usamos este término en contextos socio-geográficos, lo hacemos para referirnos a la unidad territorial menor en relación con otra de rango superior. Así hablamos por ejemplo de “fiestas locales” cuando se trata de las de ámbito municipal. Y llamamos localismos a las peculiaridades de un pueblo o de una pequeña localidad con respecto a una unidad territorial mayor. Y es curioso cómo le hemos dado a este vocablo un valor un tanto despectivo. El interés político está en promocionar entidades superiores de carácter nacional y en ocasiones marcadamente nacionalista. Para potenciar al máximo ese objetivo, se tiende a la homologación de los localismos en especial respecto a los símbolos, empezando por las banderas y continuando por determinados actos emblemáticos de la unidad política que domina en cada momento. 

Lo que se pretende mediante esas políticas de fiesta mayor (=fiestas mayores políticas), es que en vez de caracterizarse un lugar por las gentes que lo habitan, que constituyen en último término el hecho geográfico más vivo y relevante, lo hagan por una serie de caracteres externos con los que se pretende dotar de unidad a una extensión territorial mayor: lo que se entendió siempre como sometimiento de distintos territorios a una sola dominación. 

Por eso es necesario volver en defensa de los localismos, puesto que son una realidad más humana y primitiva que cualquier superestructura de comunidad de dominación, fingida (es decir moldeada) según los intereses del dominador del momento. Sólo a través de ellos se puede llegar a un universalismo que no exige la negación de partes de uno mismo, todas ellas esenciales, tanto si se trata de individuos como de colectividades. Por eso es lógico que se perciba como una anomalía el hecho de que en una Fiesta Mayor (local por definición) se siembre el pueblo o la ciudad de banderas nacionales. Es el síntoma de una enfermedad, del desconocimiento o de la negación de la realidad en que uno está instalado, del empeño en pasar por alto al vecino más próximo, para unirse mediante la bandera a otros más lejanos. Porque como vemos no sólo en España, sino en toda Europa, no es la bandera nacional el aglutinador de todos los vecinos de cada pueblo.  

Mariano Arnal

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