LÉXICO DERECHO
- JUSTICIA - POLÍTICA
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He
puesto el título en latín
porque así se llamará una sección nueva que abre EL ALMANAQUE, página
de carácter eminentemente filológico, como saben nuestros más
antiguos seguidores. Se trata de demostrar verbátim
(palabra por palabra) que el latín es la auténtica lingua
franca de la cultura. Me
explico: cada lengua cuenta en su léxico con unos pocos miles de
palabras diferenciadas de las demás lenguas (si nos referimos a los
hablantes, estas palabras se reducen a unos centenares). Se trata, claro
está, del uso coloquial del lenguaje. Estas mismas lenguas disponen en
cambio en sus diccionarios de muchos miles de palabras compartidas con
un gran número de otras lenguas. ¿Y de dónde procede ese enorme
caudal de palabras comunes a tan gran número de lenguas? Pues del
latín, naturalmente, y en menor medida del griego, pero llegadas a
nosotros a través del latín en su mayoría. Y no me refiero, claro está,
a la taxonomía, aceptada universalmente, que junto a los nombres
latinizados emplea algunos miles de nombres genuinamente latinos. Más
allá de la clasificación sistemática de todos los animales y plantas
(que no es poco), compartimos entre la mayoría de lenguas cultas miles
de palabras latinas y griegas. Y son precisamente éstas, las que
contienen las áreas clásicas de la cultura, las que compartimos en
mayor número. El único
modo de constatar la extensión de ese léxico común a tantas lenguas,
es iniciar pacientemente su construcción, y a eso dedicaré de momento
un día a la semana. Estoy convencido de que la propia formulación y
exposición sistematizada de este fenómeno es el argumento más
convincente a favor de la afinidad lingüística. Y confío que algún
provecho se podrá obtener de este conocimiento más allá de la mera
catalogación. Por
empezar tendremos la oportunidad de constatar que el latín
sigue siendo la lingua franca
no sólo de occidente, sino también de la cultura
universal. Y de paso aprenderemos a descubrir en todas las lenguas las
raíces comunes del latín, enmascaradas por distintas desinencias y
pronunciaciones. Bastará reconocer
todo aquello en que léxicamente somos casi iguales, para adquirir a
partir de ahí una mayor conciencia de nuestras afinidades. Lengua franca se llamó originalmente a la lengua tudesca (teutsch) hablada en tiempo de Carlomagno; luego se llamó así al latín, y más recientemente a una lengua mezcla de francés, italiano, español, árabe, turco y algo más, hablada en Oriente y en el norte de África para entenderse los habitantes de estos países con los europeos en sus relaciones comerciales. En general se aplica la denominación de lengua franca a toda aquella que está formada por la mezcla de dos o más lenguas, como un punto de encuentro entre todas ellas, y es apta para entenderse entre sí los hablantes de las distintas lenguas. Es evidente que si en la actualidad hay alguna lengua que cumple esas condiciones, es precisamente el latín, con la particularidad de que se ignora esta lengua. La reconstrucción del léxico latino que compartimos tantas lenguas, contribuirá a restaurar el latín como auténtica lingua franca. Mariano Arnal |