LÉXICO DERECHO
- JUSTICIA - POLÍTICA
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La
extranjería se define como
la condición de extranjero, y el conjunto de derechos que como tal
acredita la persona que tiene esta condición, ante el país en el que
está de paso o reside. Si el tránsito y estancia de extranjeros en un
país tiene poca relevancia, lo más probable es que no haya ni
legislación ni doctrina al respecto. Pero no es éste el caso de España,
que es rehén de su historia y de su circunstancia concreta; y no como
un todo, sino con distinas conciencias y doctrinas, según las
circunstancias de cada región. Se dan la mano por su extranjerismo
puro y duro los nacionalistas
y los empresarios. Para unos y otros el extranjero
no tiene derecho nunca a constituirse en su propia razón de ser; no se
contempla que mientras tenga o se le mantenga la condición de extranjero,
pueda perseguir sus propios fines en un país que no es y que acaso
nunca será el suyo.
Los
nacionalistas vascos, por
empezar con un caso paradigmático, son con mucho los más extranjeristas
de España. Los más extremados de estos nacionalistas,
que son además los que tienen el poder político, y que coinciden con
los que se han echado al monte, sostienen que en su tierra son extranjeros
más de la mitad de los residentes, todos ellos de prácticamente toda
la vida, y algunos de varias generaciones. Consideran que contaminan la
pureza del pueblo vasco, y que por tanto no tienen derecho a ser
considerados como parte del mismo. Su programa independentista incluye
la expedición de la carta de
extranjería para todos ellos, el pasaporte; en igualdad de
condiciones que los turistas en tránsito y los residentes de otras
nacionalidades. Ni que decir tiene que los más fervientes e impacientes
de esos nacionalistas llevan
ya muchos años empeñados en una dura campaña de hostigamiento
de esos extranjeros, mediante una política de terror y muerte, para
acelerar su salida del país. Para el resto de los hermanos y primos
nacionalistas, los fines son buenos y santos, aunque los medios
truculentos. De ahí que los traten con anuencia unas veces, con
complacencia otras, y con fraternal comprensión siempre. En cuanto a su
actitud ante los actuales flujos migratorios, les interesa ser sumamente
extranjeristas en el sentido
de abrir las puertas a los extranjeros (tanto mejor cuanto más evidente
sea su extranjería, a fin de
que el mismo físico les delate cuando con el paso del tiempo se empeñen
en ser también ellos vascos y exigir iguales derechos que ellos, como
pretenden los extranjeros a los que estarían llamados a sustituir). El
segundo paradigma del extranjerismo
feroz lo tenemos en los empresarios: estando como estamos en un
sistema económico muy inestable, al que se acomodan las empresas
reduciendo a lo puramente indispensable el núcleo fijo de la misma, y
creando en torno a él enormes bolsas inflables y desinflables de
eventualidad, es obvio que estén sumamente interesadas en asentar esta
política (obsérvese que léxicamente el e-ventual
es el venido de fuera). Está
claro que si además de “venido de fuera” de la empresa es “venido
de fuera” del país, el extranjerismo
contribuye muy mucho a afianzar la política de eventualismo.
No nos engañemos, los sindicatos
no son más que eso, sindicatos (el sindicato de pilotos no es que sea
de naturaleza distinta, es que está en la posición más alta de una
misma escala y bajo una misma ley sindical) ; y del mismo modo que los
empresarios no se mueven hacia los extranjeros por razones humanitarias,
sino por razones económicas, así también los sindicatos acomodarán
su extranjerismo a los
intereses económicos de los colectivos en que se sostienen. Está
claro pues, que los conceptos de nacionalismo
y de eventualismo no se
pueden desligar del de extranjerismo.
Si tenemos claro que la ley de extranjería
está sirviendo de pantalla a intereses que nada tienen que ver con
los intereses y los derechos de los extranjeros, entenderemos ciertos
posicionamientos en apariencia incomprensibles. Mariano Arnal |