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LÉXICO  DERECHO - JUSTICIA - POLÍTICA


CONCORDANCIA 

Éste es un término que afecta a la cronología (calendarios), a la estadística, al derecho, a la física, la geología, la música, las Sagradas Escrituras, la lógica, la gramática y la psicología. Forma parte de la cultura general, puesto que se nos enseña en la escuela el concepto de concordancia de género y número entre el el artículo y el nombre y entre éste y el adjetivo, y la de número y persona entre el sujeto y el verbo. Así que todos entendemos cuándo dos cosas concuerdan, y cuándo no. 

Dejando para otro artículo las demás aplicaciones de este término, me centro aquí en el sentido lógico-psicológico que le asignó Stuart Mill (1806-1873). Por empezar dejo constancia del origen etimológico, que se empeña en darle la razón al mayor representante del positivismo en Inglaterra. Decir positivismo es decir racionalismo, empirismo y pura fenomenología; auténticos dislates para los que bucean en las esencias, menospreciando la existencia. Sobre el término latino concordia se construyó nuestro término, aún más abstracto. Está claro que mientras en la concordia tiene un papel muy importante el elemento cor, cordis (corazón), en la concordancia es el prefijo con- el que carga con el mayor peso de la significación, quedando totalmente fuera de juego el corazón. Concordia significa para nosotros, igual que para los romanos, acuerdo, unión de corazones, conformidad, aceptación afectuosa, armonía. Pero ya al pasar a los verbos concordar y acordar, creados en latín y presididos por el elemento cor, corazón, dejamos a éste de lado y se quedan con el escueto significado de coincidencia, lo mismo que ocurrirá con la palabra concordancia. Pero en la  lógica y en la psicología, Stuart Mill vuelve a hacer intervenir el corazón. 

Como racionalista y enemigo que era de la metafísica, rescata la lógica para el empirismo, y fragua la expresión de “sentimiento de concordancia”. ¿Y eso qué es? Pues que si “tenemos la sensación” de que algo “concuerda” con algo, no debemos despreciar esa sensación porque esté en desacuerdo con postulados doctrinales, sino que hemos de dejarnos llevar por la “corazonada” e investigar qué elementos comunes en dos fenómenos (manifestaciones, no teorizaciones) han dado lugar a nuestra percepción de concordancia. Y establece la ley en virtud de la cual la circunstancia en que concuerdan todos los casos, es la causa común de todos ellos. Completa luego el método de la concordancia con el de la diferencia y el de las variaciones concomitantes. Según Stuart Mill es la representación mental (el etiquetado o denominación) de la realidad, y no la misma realidad, lo que hay que revisar. Y es el sentimiento de concordancia el que nos pone ante la contradicción de lo que somos capaces de percibir y lo que se nos obliga a interpretar. 

Descendiendo al ejemplo concreto del sentimiento de concordancia de cualquier pensante ante el nacionalismo y fenómenos como la discriminación, el complejo de superioridad, el desprecio y el odio a los discriminados, su persecución y amedrentamiento, y por fin los crímenes contra ellos; ante estas concordancias o sentimientos de concordancia, el filósofo Stuart Mill nos dice: si los hechos son tan tozudos que se empeñan en coincidir todos ellos en una misma causa, desecha la teoría que te dice que nada tienen que ver entre sí. 

Mariano Arnal

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