Es una variante de Alfonso y de Ildefonso,
nombre visigótico por tanto. Formado por hilds, variante de hathus, que
significa lucha; all, que conserva todavía hoy el valor de todo, totalmente; y funs,
preparado. Siendo su valor global el de "guerrero totalmente preparado o dispuesto al
combate"; nombre valiente y belicoso, en el que se refleja fielmente el carácter del
pueblo que lo consideró como uno de sus grandes nombres. En España tuvieron dignísimos
representantes las tres variantes del nombre: san Ildefonso, de inmortal memoria, un
personaje decisivo de la España visigótica; el de Alfonso, que tenemos firmemente
instalado en la nobleza y en la monarquía (hasta el ordinal XIII llegaron los Alfonsos);
y finalmente la versión más popular de Alonso, cuyo mayor desarrollo se detecta en los
apellidos que de él se han derivado.
Los Alonsos tienen un solo representante en el santoral, muy
reciente, san Alonso Rodríguez, cuya fiesta se celebra el 31 de octubre, por lo que son
muchos los que por tradición familiar celebran su onomástica el 1 de agosto,
fiesta de san Alfonso María de Ligorio, o incluso el 23 de enero, festividad de san
Ildefonso.
Además de los grandes representantes de las variantes clásicas
de este nombre, son decenas los Alonsos que han merecido el honor de las enciclopedias por
su dedicación y su buen hacer en jurisprudencia, literatura, música, medicina,
política, pintura, economía, etc. El más significativo de todos ellos, que jugó un
papel decisivo en la política española fue Manuel Alonso Martínez, jurisconsulto de
gran talla, nacido en Burgos en 1827 y muerto en Madrid el año 1891. Desde 1854, en que
fue elegido por primera vez diputado a Cortes, destacó especialmente por su oratoria. Dos
años más tarde, y en circunstancias muy delicadas, era nombrado gobernador de Madrid por
el gobierno de O'Donnell. Fue su prueba de fuego, que superó brillantemente
restableciendo el orden.Ocupó sucesivamente en el gabinete O'Donnell las carteras de
Fomento, de Hacienda y de Gracia y Justicia. Se hizo célebre en 1865 el discurso que
pronunció contra Posada Herrera, que duró dos sesiones. Fue el encargado de redactar,
junto con Cortina, el testamento de Isabel II. Fue también él el encargado, en su
calidad de ministro de Gracia y justicia, de tomarle juramento al rey Alfonso XII. Fue
también el presidente de la comisión encargada de redactar el proyecto de nueva
Constitución. En 1881, en el gabinete de Sagasta volvió a ser nombrado ministro de
Gracia y Justicia, y en calidad de tal se dedicó a fondo a preparar el código civil, la
nueva ley de enjuiciamiento criminal y muchas otras piezas legislativas de gran
trascendencia. En el primer gobierno de la regencia de María Cristina volvió a ser
nombrado ministro de gracia y justicia. Fue realmente Alonso Martínez la imagen del
hombre eficaz, entregado a su labor, responsable, digno de confianza para todos, enérgico
y a la vez conciliador, audaz en el impulso de grandes proyectos (canal de Isabel II,
ferrocarriles, escuelas de agricultura...) Un espejo profundo y brillante, uno más entre
los demás Alonsos que, cada uno en su oficio dieron lo mejor de sí mismos a la sociedad
a la que sirvieron. Como si lo llevase de sí el nombre. ¡Felicidades!