DISCRIMINACIÓN
Aunque acaba cruzándose con el crimen en incriminar,
incriminación, incriminatorio y algo más suavemente en recriminar y sus adláteres, la discriminación
no tiene nada que ver con el crimen. Pero como aquello del "calumnia, que algo
queda", le pasa a la palabra discriminación, que suena tan horrible como el crimen,
cuando no tiene absolutamente nada que ver con él. Por eso la gente de buena conciencia
evita ser acusada de discriminadora, por alejarse no sólo del crimen sino también de
cualquier cosa que suene a crimen. Dicho esto, que aunque suene a chiste no lo es en
absoluto, y esto lo saben bien los que usan políticamente esta palabra, paso al laberinto
etimológico.
El prefijo dis- lo llevaba ya
puesto la palabra al venirnos del latín, antes de que la estiráramos como goma de
mascar. Por eso si la analizamos separando el prefijo antes de tiempo, nos perdemos: nos
encontramos con dis más un derivado de crimen, y ahí nos hemos encallado.
Discriminar es un cultismo de hace cuatro días. Discrimino, discriminare,
discriminatum tiene todo el aspecto de ser un iterativo de discerno, discernere,
discretum, formado a partir del supino. Y como todo cultismo que se precie, mantiene
íntegro el significado que trae del latín. Hay que decir en descargo de aquellos a
quienes les suena a crimen, que no es ninguna casualidad, porque tanto cernere-cretum como
crimen tienen en común un antepasado al que corresponde también la paternidad de krinw (kríno) y krisiV (krísis), ambas del campo
semántico de juzgar, discernir, acusar, incriminar... Pero el que en el árbol
genealógico de discriminación aparezca un antepasado lejano del que proceden
juzgar krinein (krínein),
incriminar y discriminar, no es motivo bastante para mezclarlo todo en el mismo saco.
Volviendo al cerno, cernere, cretum, que nos da cerner,
ahí tenemos el cedazo, la criba, y todos los derivados de cerner (si va con prefijo,
-cernir): concernir (y sus derivados concretar, concreción, inconcreto) , discernir (del
que derivan discreción, discernimiento, indiscreto, indiscreción; secreto y sus
derivados, de secerno, secernere, secretum; decretar y decreto de decerno,
decrevi, decretum. Siempre con la idea de seleccionar de un modo u otro. En efecto, si
eliminamos la criba, la selección, eliminamos la razón. Porque al fin y al cabo el
pensamiento (pendo, pendere, pensum) tiene como objetivo final el separar, el
discernir no por el prurito de jugar a hacer montoncitos, sino para elegir unas opciones y
desechar otras. La discreción(esta sí que suena bien, y eso que es del mismo verbo) el
discernimiento y la discriminación están al fin y al cabo en la raíz de la razón;
mejor dicho, de la racionalización. Y si resulta que por no sé qué teorías que tienen
más que ver con estéticas místicas y con adscripciones doctrinales que con la realidad
(que nunca es tan beatífica como la mística), hemos de renunciar al discernimiento, a la
criba o a la discriminación mediante criterios de racionalidad, y nos obligamos a admitir
la creación de otros montoncitos con criterios "solo naturales", no hacemos
otra cosa que servirnos de unos criterios santísimos para prevaricar.
Mariano Arnal
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