SILVIA

SYLVIA

Es un hermoso nombre el de Silvia. Tiene una bella sonoridad. Suena a selva, suena a flor, suena a pajarillo. Y es las tres cosas a la vez. Evoca la frondosidad, la plenitud de vida y el misterio de la selva, la belleza de la flor y la alegría y libertad del pajarillo.

Silvia es el nombre que se disputan un buen puñado de plantas diversas entre sí. Es el nombre de un pájaro de la especie de las currucas. La más común en España es la curruca de cabeza negra (Sylvia atricapilla). Es una avecilla de pequeño tamaño y plumaje modesto, con el pico delicado y la cola medianamente larga, cuadrada, compuesta de 12 plumas. Se alimenta de insectos y larvas, aunque en el otoño pica a veces la fruta. Es una ave migratoria. Pasa el invierno en África. En la incubación de los huevos se alternan el padre y la madre. Una bella singularidad que se da en poquísimas especies.

Santa Silvia fue la madre de San Gregorio Magno, papa; un personaje clave en la historia de Occidente. Era de una familia de patricios romanos (murió el año 602). Fundó un monasterio en el que vivió buena parte de su vida. Se dedicó a aliviar las penas y la pobreza del pueblo. Su hijo gustaba de hablar de ella en los sermones y ponerla como ejemplo a imitar.

Fue a partir de la aparición del personaje Silvia en la comedia italiana en 1716, que se mantuvo en escena durante casi medio siglo y siempre con un gran éxito, cuando se popularizó este nombre. Representaba a una mujer enamorada en cualquiera de sus papeles, ya fueran nobles o plebeyos. De ahí saltó el personaje, siempre sin perder su característica distintiva de mujer enamorada, a ocupar un puesto importante en la producción teatral de todo el siglo XVII