ONOMÁSTICA

 

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26 de Noviembre

Una línea de nombres femeninos de gran arraigo en España, son las advocaciones locales de la Virgen María, que hacen referencia a leyendas sobre apariciones y milagros de la Virgen, conservadas y celebradas con gran amor por los pueblos, por ser parte de sus caracteres diferenciales. Así uno espera encontrarse las Montserrat y las Nurias en Cataluña, las Macarenas en Andalucía, las Gados en Almería, las Guadalupes en torno a Guadalupe y no digamos en Méjico.

Una de las varas de medir el valor del nombre, son las fiestas que en torno a él se celebran. Es natural, por tanto, que los nombres de los santos locales gocen de gran predicamento y se impongan a los hijos, porque ésa es una manera de residenciar en ellos, mediante el nombre, los valores en que se sustenta la colectividad de la que forma parte. Ése es el caso también de los nombres de la Virgen, la gran "divinidad" femenina del cristianismo, que cada pueblo ha intentado hacerla suya mediante las leyendas de apariciones y milagros. Respetables y venerables en grado sumo, puesto que son la afloración de un sustrato cultural de largos milenios, teñido de cristianismo y de humanismo.

Igual que existen en todo el mundo católico centenares de imágenes de la Virgen que reciben culto por estar relacionadas por la tradición y la leyenda, con milagros y apariciones, en este caso se trata de una imagen mucho más pequeña, pero muy significativa: la medalla.

La devoción a La Medalla Milagrosa tiene su origen en varias apariciones de la Santísima Virgen a Zoa Laboure, monja de la Caridad de San Vicente de Paúl, en 1830. En una de ellas la Virgen estaba de pie sobre un globo y llevaba otro en las manos; de sus dedos salían rayos de luz. La monja explicó que alrededor de la figura de la Virgen había visto un marco ovalado con una leyenda en letras de oro que decía: "Oh María, concebida sin pecado, ruega por los que acudimos a ti"; y en el reverso, la letra "M" surmontada de una cruz, y debajo los Sagrados Corazones de Jesús y María. A raíz de esta aparición se acuñaron por millones las medallas de esta característica, que con el mismo valor de objeto religioso que los escapularios, se llevaba en el pecho, colgada de una elegante cadena, como "amuleto" protector. Los muchos prodigios que se atribuyen a esta medalla quienes la han llevado, han hecho que se le diera el calificativo que tiene. El Papa León XIII, en 1894 instituyó una fiesta con oficio y misa especiales de la invocación de la Inmaculada Virgen María, con el título de Medalla Milagrosa.

Éste es uno de los casos más claros de nombres que se imponen por la fe en su virtud y en su acción benéfica. Es un orgullo llevar un nombre con el que sabes que tus padres han querido atraer sobre ti dones y bendiciones. ¡Felicidades!