Tenemos un suelo bajo los pies y un cielo sobre nuestras cabezas. Del suelo vivimos, porque de él comemos y en él nos sustentamos. Del cielo también vivimos, porque cielo es lo que respiramos y en él buscamos lo que el suelo no puede darnos.
E igual que amasamos la tierra para darle forma y para insuflarles nuestro espíritu y nuestra vida a esas infinitas formas que salen de nuestras manos, de manera que en ellas y por ellas vivimos, de la misma manera amasamos el cielo para darle forma y proyectar en él la tercera y hasta la cuarta dimensión de nuestro espíritu y de nuestras vidas. Así, hemos amasado las estrellas para esculpirnos en las constelaciones, para proyectar en ellas todo lo que en nosotr@s escapa a la fuerza de la gravedad de la tierra. Que no es poco. Y nos hemos esculpido dioses e ídolos en que residenciar las fuerzas que nos dominan.
Para poder hacer el seguimiento del rastro del espíritu humano, las hojas de EL ALMANAQUE de los domingos serán más sutiles, más volátiles. Por si acaso, échales un vistazo. A lo mejor te enganchan.

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